Viernes 24 de marzo


Breve análisis
La República de China: cambios y continuidad
Carmen Gallardo de Hernández

Para aquellos que fuimos invitados a presenciar las elecciones presidenciales el pasado 18 de marzo en Taiwan, quedó claro el alto grado de responsabilidad cívica de los ciudadanos. Más del 80% de los empadronados se hizo presente en las urnas. Asimismo presenciamos orden y transparencia durante los comicios. Se calcula que aproximadamente tres cuartos de los votantes le retiraron su apoyo al partido oficial, el Kuomintang, el cual lleva más de cincuenta años en el poder. Esta expresión de la democracia en la isla, ha provocado el enojo en los simpatizantes del actual régimen. Exigen la renuncia del Presidente Lee, como Secretario de Partido oficial.

El Presidente electo Chen Shui-bian tiene el reto de buscar a la mejor gente para integrar un equipo amplio y gobernar con ética, transparencia y eficiencia en los asuntos nacionales. Tendrá que manejar con astucia y diplomacia las relaciones con la República Popular de China, suavizando su mensaje independentista. Los resultados electorales acarrean para el Partido Democrático Progresista, ciertos cambios en su postura política como fuerza opositora. Hoy, se espera se convierta en instrumento de cambio. Habrá para ello que sobreponer el estado de derecho, la transparencia y la confianza en la administración pública a los intereses particulares. Estos mismos resultados le obligan al partido ganador -partido con recursos hasta ahora limitados- a mantener su presencia en el mundo, propugnando la diplomacia preventiva de frente a Beijing, buscando nuevos espacios de participación multilateral, tales como la OMC, o la APEC -Asociación de los Países Asia Pacífico-.

En cuanto al sistema político de Taiwan, cierta combinación existente entre el sistema presidencial y el sistema parlamentario, le obliga al Presidente electo Chen Shui-bian a buscar la edificación de consensos con la actual mayoría parlamentaria -el Kuomintang posee actualmente 117 de los 125 escaños parlamentarios-.

En términos de las relaciones internacionales, la continuidad se hace también necesaria. En cambio, las nuevas autoridades buscarán ampliar los términos de la cooperación con los países amigos.

La República de China, como país soberano, seguirá comprometida con su papel dinámico en términos económicos, democráticos y pacifistas. Hasta la fecha, este país ha sabido despuntar ante la comunidad internacional, gracias a su capacidad exportadora en alta tecnología con valor agregado.

Su estrategia diplomática cuidadosamente planificada le permite, hoy en día, mantener relaciones diplomáticas a través de 27 embajadas, así como vínculos comerciales y culturales con 140 países a través de sus oficinas de intereses. Hoy, el Presidente electo Cheng Shui-bian habla de continuidad en los grandes ejes de la política exterior de Taiwan. Ello generará ciertamente confianza en los inversionistas &emdash;un tanto preocupados en estos últimos días&emdash;, así como en los socios políticos y comerciales.

Recordemos que la implementación de la política exterior de un país como instrumento internacional, que defiende la identidad nacional y la soberanía, fortaleciendo asimismo la cooperación en pro de un desarrollo sostenible, debe caracterizarse por su visión nacional, su consistencia y capacidad negociadora.

La República de China suele canalizar su cooperación internacional a través del Fondo Internacional para la Cooperación y el Desarrollo, así como el Fondo Internacional de Asistencia Humanitaria. No obstante, su participación política internacional se ve restringida desde que le fue negada su presencia en las Naciones Unidas en 1971, con base en la Resolución 2758, la cual le otorga a la República Popular de China reconocimiento internacional y le otorga el derecho de ser el único país miembro. Desde ese entonces, el gobierno de Taiwan ha quedado excluido de las negociaciones multilaterales tanto políticas, económicas como sociales, en los distintos órganos del sistema onusiano.

El cambio de gobierno no debe en principio afectar las recién concluidas negociaciones con la Organización Mundial del Comercio, donde la República de China espera ser acogida en breve. Washington se pronuncia por un ingreso casi simultáneo de la República Popular de China y de la República de China a la OMC.

En la perspectiva política de los EE.UU. el panorama se ha modificado sustancialmente a raíz del resultado electoral. Principal suministrador de armas defensivas a Taiwan, Washington sigue apoyando el principio de "una sola China", propugnado por la República Popular de China. La complejidad de la postura norteamericana no deja de tener sus bémoles y explica en todo caso la presencia en estos días de dos enviados especiales, uno a Beijing -el representante estadounidense en las Naciones Unidas, Richard Holbrooke- y el otro a Taiwan -Lee Hamilton, asesor en asuntos chinos-.

En todo caso, lo que menos desea EE.UU. es verse enfrentado a un conflicto bélico entre las dos capitales chinas; lo cual le obligaría a tomar posición como primera potencia mundial. De ahí la expresión de apoyo al desenlace de las elecciones en Taiwan por parte del Presidente Clinton y su tácito llamado para que las autoridades de Beijing le concedan un compás de espera al recién electo Presidente Chen Shui-bian.

La comunidad internacional, por su parte, parece dispuesta a conceder un cierto margen de confianza al cambio político acaecido. Quizás la mayor esperanza provenga en estas horas del llamado a la concertación y al respeto mutuo lanzado por el Presidente electo, invitando a las autoridades de Beijing a reunirse, sin condiciones previas, en una cumbre por la paz.


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