- Breve
análisis
- La República de
China: cambios y continuidad
- Carmen
Gallardo de Hernández
Para aquellos que fuimos invitados a
presenciar las elecciones presidenciales el
pasado 18 de marzo en Taiwan, quedó claro
el alto grado de responsabilidad cívica
de los ciudadanos. Más del 80% de los
empadronados se hizo presente en las urnas.
Asimismo presenciamos orden y transparencia
durante los comicios. Se calcula que
aproximadamente tres cuartos de los votantes le
retiraron su apoyo al partido oficial, el
Kuomintang, el cual lleva más de
cincuenta años en el poder. Esta
expresión de la democracia en la isla, ha
provocado el enojo en los simpatizantes del
actual régimen. Exigen la renuncia del
Presidente Lee, como Secretario de Partido
oficial.
El Presidente electo Chen Shui-bian tiene el
reto de buscar a la mejor gente para integrar un
equipo amplio y gobernar con ética,
transparencia y eficiencia en los asuntos
nacionales. Tendrá que manejar con
astucia y diplomacia las relaciones con la
República Popular de China, suavizando su
mensaje independentista. Los resultados
electorales acarrean para el Partido
Democrático Progresista, ciertos cambios
en su postura política como fuerza
opositora. Hoy, se espera se convierta en
instrumento de cambio. Habrá para ello
que sobreponer el estado de derecho, la
transparencia y la confianza en la
administración pública a los
intereses particulares. Estos mismos resultados
le obligan al partido ganador -partido con
recursos hasta ahora limitados- a mantener su
presencia en el mundo, propugnando la diplomacia
preventiva de frente a Beijing, buscando nuevos
espacios de participación multilateral,
tales como la OMC, o la APEC -Asociación
de los Países Asia Pacífico-.
En cuanto al sistema político de
Taiwan, cierta combinación existente
entre el sistema presidencial y el sistema
parlamentario, le obliga al Presidente electo
Chen Shui-bian a buscar la edificación de
consensos con la actual mayoría
parlamentaria -el Kuomintang posee actualmente
117 de los 125 escaños
parlamentarios-.
En términos de las relaciones
internacionales, la continuidad se hace
también necesaria. En cambio, las nuevas
autoridades buscarán ampliar los
términos de la cooperación con los
países amigos.
La República de China, como
país soberano, seguirá
comprometida con su papel dinámico en
términos económicos,
democráticos y pacifistas. Hasta la
fecha, este país ha sabido despuntar ante
la comunidad internacional, gracias a su
capacidad exportadora en alta tecnología
con valor agregado.
Su estrategia diplomática
cuidadosamente planificada le permite, hoy en
día, mantener relaciones
diplomáticas a través de 27
embajadas, así como vínculos
comerciales y culturales con 140 países a
través de sus oficinas de intereses. Hoy,
el Presidente electo Cheng Shui-bian habla de
continuidad en los grandes ejes de la
política exterior de Taiwan. Ello
generará ciertamente confianza en los
inversionistas &emdash;un tanto preocupados en
estos últimos días&emdash;,
así como en los socios políticos y
comerciales.
Recordemos que la implementación de la
política exterior de un país como
instrumento internacional, que defiende la
identidad nacional y la soberanía,
fortaleciendo asimismo la cooperación en
pro de un desarrollo sostenible, debe
caracterizarse por su visión nacional, su
consistencia y capacidad negociadora.
La República de China suele canalizar
su cooperación internacional a
través del Fondo Internacional para la
Cooperación y el Desarrollo, así
como el Fondo Internacional de Asistencia
Humanitaria. No obstante, su
participación política
internacional se ve restringida desde que le fue
negada su presencia en las Naciones Unidas en
1971, con base en la Resolución 2758, la
cual le otorga a la República Popular de
China reconocimiento internacional y le otorga
el derecho de ser el único país
miembro. Desde ese entonces, el gobierno de
Taiwan ha quedado excluido de las negociaciones
multilaterales tanto políticas,
económicas como sociales, en los
distintos órganos del sistema
onusiano.
El cambio de gobierno no debe en principio
afectar las recién concluidas
negociaciones con la Organización Mundial
del Comercio, donde la República de China
espera ser acogida en breve. Washington se
pronuncia por un ingreso casi simultáneo
de la República Popular de China y de la
República de China a la OMC.
En la perspectiva política de los
EE.UU. el panorama se ha modificado
sustancialmente a raíz del resultado
electoral. Principal suministrador de armas
defensivas a Taiwan, Washington sigue apoyando
el principio de "una sola China", propugnado por
la República Popular de China. La
complejidad de la postura norteamericana no deja
de tener sus bémoles y explica en todo
caso la presencia en estos días de dos
enviados especiales, uno a Beijing -el
representante estadounidense en las Naciones
Unidas, Richard Holbrooke- y el otro a Taiwan
-Lee Hamilton, asesor en asuntos chinos-.
En todo caso, lo que menos desea EE.UU. es
verse enfrentado a un conflicto bélico
entre las dos capitales chinas; lo cual le
obligaría a tomar posición como
primera potencia mundial. De ahí la
expresión de apoyo al desenlace de las
elecciones en Taiwan por parte del Presidente
Clinton y su tácito llamado para que las
autoridades de Beijing le concedan un
compás de espera al recién electo
Presidente Chen Shui-bian.
La comunidad internacional, por su parte,
parece dispuesta a conceder un cierto margen de
confianza al cambio político acaecido.
Quizás la mayor esperanza provenga en
estas horas del llamado a la concertación
y al respeto mutuo lanzado por el Presidente
electo, invitando a las autoridades de Beijing a
reunirse, sin condiciones previas, en una cumbre
por la paz.