Lunes 20 de marzo


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Los diputados y alcaldes sin escrúpulos, los funcionarios aprovechadores, los que se pelean por un par de votos, los empresarios miopes, los que se creen famosos porque su cara da vueltas en noticieros y periódicos; son personas que los salvadoreños ya no queremos ver ni pintados.

Por -Carlos H. Bruch-

Las últimas elecciones &endash;con su apabullante nivel de abstencionismo- han dado una señal a nuestro pueblo. Han dejado en claro que nuestro país de comienzos de siglo quiere crecer, salir del hoyo.

La campaña política fue una payasada más de las que estamos hartos. Se vio en ella un desaforo tal, que quienes perdieron harían un bien comunitario en desaparecer. Y los que ganaron tendrán que tener en cuenta que se les demandará que rindan cuentas de cada paso que den. Tendrán que hacer un esfuerzo enorme por cambiar procedimientos arcaicos, si es que anhelan ser bien evaluados.

La gente de El Salvador ha crecido y ya no cree en cuentos de hadas. Cree en obras concretas, en calles seguras para caminar, en alimentar a su familia mediante un trabajo digno, en educar a sus hijos correctamente, en confiar el equilibrio social a un sistema de justicia que no cause náuseas, en tener la certeza de que la salud es un tema que preocupa más allá de las huelgas-show.

Los salvadoreños sabemos que democracia, libertad, progreso, justicia y equidad no son botines para que mamarrachos que blandean banderitas multicolores cada tres o cinco años se los repartan. Sino que son principios que dependen directamente de las acciones y la fuerza que apliquemos para conquistarlos.

Es vergonzoso el papel de los politiqueros que, cual pirañas, se abalanzan y se pisotean entre sí, a costa de nuestro dinero, en una contienda electoral digna de una obra de teatro burlesca. Y lo que es peor, el triste papel del tribunal electoral que les sirve en bandeja (una bandeja de más de ochenta millones de colones) el plato de sus caprichos que solo alimenta sus propios

egos y cuentas corrientes, una vez conquistado el "hueso".

Dentro de unos días serán los otros comicios alagartados, los del del poder judicial. Tendremos que soportar, nuevamente, los despilfarros, las peleas tipo cantina y los enredos de un proceso diseñado para que sus majestades, los magistrados, se sienten en un sillón que apesta a burocracia y corrupción.

Los salvadoreños ya sabemos que tenemos a nuestro favor el arma del derecho a opinar y a decir "no". Ya podemos apuntar con el dedo a todos aquellos ciudadanos nefastos, de alta picardía y baja moral, que pretenden seguir engañándonos.

Entonces, hagámoslo.


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