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Los diputados y alcaldes sin
escrúpulos, los funcionarios
aprovechadores, los que se pelean por un par de
votos, los empresarios miopes, los que se creen
famosos porque su cara da vueltas en noticieros
y periódicos; son personas que los
salvadoreños ya no queremos ver ni
pintados.
Por
-Carlos H. Bruch-
Las
últimas elecciones &endash;con su
apabullante nivel de abstencionismo- han dado
una señal a nuestro pueblo. Han dejado en
claro que nuestro país de comienzos de
siglo quiere crecer, salir del hoyo.
La campaña política fue una
payasada más de las que estamos hartos.
Se vio en ella un desaforo tal, que quienes
perdieron harían un bien comunitario en
desaparecer. Y los que ganaron tendrán
que tener en cuenta que se les demandará
que rindan cuentas de cada paso que den.
Tendrán que hacer un esfuerzo enorme por
cambiar procedimientos arcaicos, si es que
anhelan ser bien evaluados.
La gente de El Salvador ha crecido y ya no
cree en cuentos de hadas. Cree en obras
concretas, en calles seguras para caminar, en
alimentar a su familia mediante un trabajo
digno, en educar a sus hijos correctamente, en
confiar el equilibrio social a un sistema de
justicia que no cause náuseas, en tener
la certeza de que la salud es un tema que
preocupa más allá de las
huelgas-show.
Los salvadoreños sabemos que
democracia, libertad, progreso, justicia y
equidad no son botines para que mamarrachos que
blandean banderitas multicolores cada tres o
cinco años se los repartan. Sino que son
principios que dependen directamente de las
acciones y la fuerza que apliquemos para
conquistarlos.
Es vergonzoso el papel de los politiqueros
que, cual pirañas, se abalanzan y se
pisotean entre sí, a costa de nuestro
dinero, en una contienda electoral digna de una
obra de teatro burlesca. Y lo que es peor, el
triste papel del tribunal electoral que les
sirve en bandeja (una bandeja de más de
ochenta millones de colones) el plato de sus
caprichos que solo alimenta sus propios
egos y cuentas corrientes, una vez
conquistado el "hueso".
Dentro de unos días serán los
otros comicios alagartados, los del del poder
judicial. Tendremos que soportar, nuevamente,
los despilfarros, las peleas tipo cantina y los
enredos de un proceso diseñado para que
sus majestades, los magistrados, se sienten en
un sillón que apesta a burocracia y
corrupción.
Los salvadoreños ya sabemos que
tenemos a nuestro favor el arma del derecho a
opinar y a decir "no". Ya podemos apuntar con el
dedo a todos aquellos ciudadanos nefastos, de
alta picardía y baja moral, que pretenden
seguir engañándonos.
Entonces, hagámoslo.