El amor que nos
compramos
Compré tu boca, el húmedo
nexo a tu alma de niña efervescente.
Compré tus cejas espesas, esos
bosquecillos arqueados que se despeinaban en mis
dedos. Compré tus gestos, esas indelebles
maromas de tu cuerpo.
Por Enrique
Contreras
Compré
tu aroma, el condensado sudor del cortejo
delicioso que deambuló en tus avenidas
secretas.
Eras tú, como evaporándote,
como en incienso. Tu piel expirando su dulzura.
Tú, hirviendo en el aire, inmolando la
tarde. Tú, desnuda en mi olfato,
envolviéndome en el abrazo de una nube
exquisita. Compré tus miradas negras,
como de aliento nocturno, como de silencio.
Compré tus miradas negras, como de
agua sin sueño, como de agua asustada,
como de río descubierto.
Compré tu cintura, templo
ceñido de misterio, el valle de mis
pasiones cohibidas. Compré ese templo
liso, insinuante y tormentoso donde mis manos
bebieron tu contorno.
Compré tu sonrisa; compré tus
dientes. Compré el susurro de ella, tu
sonrisa. Está en el álbum de mi
oído.
Compré tu entrega, compré tu
insospechado instinto. Compré tu voraz
conflicto interno, tu bien y tu mal,
compré esa insoportable frontera.
Compré tu lado "A" y tu lado "B".
Compré la tibieza de tus piernas.
Compré el rubor de tus caderas.
Compré la fertilidad de tu tierra.
Compré el vértigo de cubrirte
con mis huellas.
Compré tus dos anatomías.
Fueron mis ojos los que se sumergieron en tu
piel, los que traspasaron tu rostro tembloroso.
Fueron ellos los que inhalaron tu cuerpo.
Fueron mis manos hambrientas las que
despertaron tu espíritu de su
abstinencia. Fueron ellas quienes lo expulsaron
de tu recinto corpóreo para alojarlo en
mi albedrío.
Fue mi reincidente calor quien quemó
tus alas; él y sus irresponsables
besos.
Pero también compré un
presentimiento, el aliento de la desdicha.
A ese aliento resignado que levita en mis
profundidades lo reúno y te extraigo de
su centro. En ese punto de vacío brota un
suspiro, naces y eres un manantial que se
desborda.
Por eso es que mis manos se erizan con tu
ausencia. Es por eso que huelen a vacío
perfumado.
Es por eso que soy víctima de la
viceversa, que compra mis letras, mi papel, mi
tinta, mi sangre azul, que compra las
entrañas de mi sueño.