Un adiós
ligero y obligado
El 12 de marzo de 1977, Salvador Carranza
tenía que ir a dar una misa al Paisnal,
pero Rutilio Grande lo sustituyó y lo
salvó de morir
Era
sábado. "En ese viaje se lo terminaron",
señala Salvador.
&emdash;¿Quizás al que deseaban
matar era a usted?
&emdash;Esperaban a los curas. La
organización de campesinos de Aguilares
estaba despierta y había que detenerla.
Ya no era echar sólo a los curas,
empiezan a matar curas &emdash;responde
Salvador.
La fecha de la salida forzosa de Salvador del
país sería un 15 de mayo de 1977.
Hay un operativo combinado del Ejército y
de todos los cuerpos de seguridad en la
región de Aguilares, para desalojar a los
campesinos que se habían tomado tierras.
A las 4:00a.m., el Ejército estaba
ametrallando las puertas de la iglesia de
Aguilares.
Salvador tocaba las campanas en la torre, de
ahí lo bajaron amarrado dos guardias.
"Fue una despedida un poco ligera de El
Salvador; nos llevaron al cuartel de la Guardia.
Nos tomaron declaración; tenía
cubierto el rostro. Luego nos metieron en un
carro rumbo a Guatemala, y en la frontera nos
entregaron a los cuerpos de seguridad de
Guatemala. Allá nos tuvieron unos
días desaparecidos. Después me
pusieron en un avión rumbo a
España", comenta Salvador. Él
vuelve a tocar tierra salvadoreña en
1989. Aquí sigue.