La
Nota del Día
3/13/00
Que la Alcaldía
abra sus libros
El alcalde Silva propuso un "pacto de
gobernabilidad" entre la Alcaldía, el
gobierno y la empresa privada, para alcanzar
objetivos de beneficio común, lo que a
primera vista es deseable aunque nadie debe dar
cheques en blanco.
Falta ver en qué se coincide, donde se
discrepa y cómo se puede, verdaderamente,
sumar esfuerzos para construir un mejor San
Salvador.
La Municipalidad tiene que dar el primer
paso, trabajando con plena transparencia para
ganarse la confianza de sectores y ciudadanos. Y
lo primordial a este respecto es que los libros
de la Alcaldía se abran al escrutinio
público, para que la gente sepa
cómo se gasta su dinero. Las cuentas
claras, se dice, hacen buenos amigos.
La transparencia consiste en algo más
que celebrar cabildos, abrir un número de
sesiones al público o declarar que todo
se está manejando con plena honestidad.
Es primordial que la Alcaldía contrate a
una de las grandes firmas de auditores
públicos para examinar y certificar sus
libros, que permita el acceso de comunicadores a
sus manejos bancarios, que pueda respaldar
transacciones y gastos con recibos fidedignos.
Y, sobre todo, ahora que los cobros por la
basura se han demostrado ilegítimos.
Mientras eso no se ponga en orden, no puede la
Municipalidad pedir a la empresa privada
colaboración en sus proyectos.
A fin de cuentas, gastar dinero, sean
presupuestos o el de los padres de un joven, es
lo más fácil del universo.
Cualquier adolescente se transforma en un
experto gastador tan pronto se le presentan
oportunidades. Lo difícil, tremendamente
difícil, es generarlo, conservarlo e
invertirlo con sabiduría.
De allí la obligación moral de
la Alcaldía, o de cualquier organismo
público, de abrir sus libros y manejar
con transparencia lo que son dineros del
conglomerado.
No maten a la gallina de los
huevos de oro
También hay que poner en claro
cuál es la función primordial de
las empresas y negocios de todo tamaño, y
en qué consiste su "función
social" para llamarla de alguna manera.
Es loable que las empresas apoyen esfuerzos
educativos, contribuyan al sostenimiento de
parques, coadyuven en el rescate de sitios
históricos, financien obras
artísticas, destinen recursos para
hospitales, sean parte en el cuidado de
tortugas. Son tareas estas que, con frecuencia,
no se realizarían de no contar con ese
soporte.
Pero lo primordial de la labor empresarial es
producir bienes y servicios con eficiencia
mientras compite contra otras empresas,
estén situadas en la cuadra siguiente o
al otro lado del mundo. Esos bienes y servicios
alivian necesidades, agregan al bienestar
general, son fuente de empleos, sostienen el
aparato gubernamental y nos han sacado del
pequeño y limitado mundo agrario de hace
un siglo, insertándonos en la comunidad
internacional.
Si somos pobres no es porque esas empresas
funcionen, sino porque hay tantos
salvadoreños que por una u otra causa no
han logrado incorporarse al trabajo organizado.
Lo primero que pide la gente son empleos.
Una ciudad no puede ser más
próspera que sus componentes; la
estabilidad, el dinamismo y la pujanza de sus
empresas, desde las más pequeñas
hasta las multinacionales, son el sostén
de la vida comunitaria y nacional.
El alcalde Silva debe proceder con tiento, y
olvidar sus previos planes de resolver
carestías, repartiendo lo ajeno. Lo
primordial es agrandar el pastel y ocuparse de
no estrangular a la gallina de los huevos de
oro.