Lunes 20 de marzo


La Nota del Día
 

3/13/00

Que la Alcaldía abra sus libros

El alcalde Silva propuso un "pacto de gobernabilidad" entre la Alcaldía, el gobierno y la empresa privada, para alcanzar objetivos de beneficio común, lo que a primera vista es deseable aunque nadie debe dar cheques en blanco.

Falta ver en qué se coincide, donde se discrepa y cómo se puede, verdaderamente, sumar esfuerzos para construir un mejor San Salvador.

La Municipalidad tiene que dar el primer paso, trabajando con plena transparencia para ganarse la confianza de sectores y ciudadanos. Y lo primordial a este respecto es que los libros de la Alcaldía se abran al escrutinio público, para que la gente sepa cómo se gasta su dinero. Las cuentas claras, se dice, hacen buenos amigos.

La transparencia consiste en algo más que celebrar cabildos, abrir un número de sesiones al público o declarar que todo se está manejando con plena honestidad. Es primordial que la Alcaldía contrate a una de las grandes firmas de auditores públicos para examinar y certificar sus libros, que permita el acceso de comunicadores a sus manejos bancarios, que pueda respaldar transacciones y gastos con recibos fidedignos. Y, sobre todo, ahora que los cobros por la basura se han demostrado ilegítimos. Mientras eso no se ponga en orden, no puede la Municipalidad pedir a la empresa privada colaboración en sus proyectos.

A fin de cuentas, gastar dinero, sean presupuestos o el de los padres de un joven, es lo más fácil del universo. Cualquier adolescente se transforma en un experto gastador tan pronto se le presentan oportunidades. Lo difícil, tremendamente difícil, es generarlo, conservarlo e invertirlo con sabiduría.

De allí la obligación moral de la Alcaldía, o de cualquier organismo público, de abrir sus libros y manejar con transparencia lo que son dineros del conglomerado.

No maten a la gallina de los huevos de oro

También hay que poner en claro cuál es la función primordial de las empresas y negocios de todo tamaño, y en qué consiste su "función social" para llamarla de alguna manera.

Es loable que las empresas apoyen esfuerzos educativos, contribuyan al sostenimiento de parques, coadyuven en el rescate de sitios históricos, financien obras artísticas, destinen recursos para hospitales, sean parte en el cuidado de tortugas. Son tareas estas que, con frecuencia, no se realizarían de no contar con ese soporte.

Pero lo primordial de la labor empresarial es producir bienes y servicios con eficiencia mientras compite contra otras empresas, estén situadas en la cuadra siguiente o al otro lado del mundo. Esos bienes y servicios alivian necesidades, agregan al bienestar general, son fuente de empleos, sostienen el aparato gubernamental y nos han sacado del pequeño y limitado mundo agrario de hace un siglo, insertándonos en la comunidad internacional.

Si somos pobres no es porque esas empresas funcionen, sino porque hay tantos salvadoreños que por una u otra causa no han logrado incorporarse al trabajo organizado. Lo primero que pide la gente son empleos.

Una ciudad no puede ser más próspera que sus componentes; la estabilidad, el dinamismo y la pujanza de sus empresas, desde las más pequeñas hasta las multinacionales, son el sostén de la vida comunitaria y nacional.

El alcalde Silva debe proceder con tiento, y olvidar sus previos planes de resolver carestías, repartiendo lo ajeno. Lo primordial es agrandar el pastel y ocuparse de no estrangular a la gallina de los huevos de oro.


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