Shagul
le dio un nuevo toque a los tacos
Gusto
local a la comida mexicana
La clave del
éxito está en el empeño y
cariño con que se preparen los platillos,
dice Raúl Chinchilla.
- Dorys
Inglés
- El
Diario de Hoy
Raúl
Chinchilla comenzó a trabajar como
comerciante con un negocio de telas en el centro
de San Salvador. En 1980, a causa de la guerra,
decidió vender su negocio y se fue a
México con su esposa y sus tres hijas.
"Mi esposa, quien ya falleció,
tenía unas amigas que nos ayudaron a
instalarnos allá", dijo.
Con el dinero de la venta
de telas, instaló una pequeña
tienda en la ciudad azteca y además
trabajó como cocinero en
restaurantes.
"La nostalgia me hizo
regresar a mí país", dijo el
empresario y en 1985 volvió a El
Salvador.
Con el dinero que
había ahorrado en México,
montó una pequeña abarroteria en
la Colonia Layco sobre la 27 Avenida Norte.
A pesar de que varios
vecinos le aseguraban que el negocio no
funcionaría, debido a que el local era de
mala suerte porque otros habían quebrado
allí, Raúl no desistió de
su objetivo de tener algo propio.
En la abarroteria, el
empresario también vendía licor.
Poco a poco se vio obligado a acompañar
la bebida con comida. Fue así como hizo
uso de lo que había aprendido en
México y comenzó a hacer platillos
típicos, junto con su hija y
yerno.
"Los clientes me obligaron
a cambiar mi negocio", recuerda el empresario.
Las personas lo visitaban con mayor frecuencia
para comer los tacos que preparaba,
dijo.
Como no disponía de
un local muy grande, Raúl decidió
ampliar su negocio a la calle, frente a la
abarroteria. "Comenzamos con sillas, mesas y
ollas prestadas, y tuvimos que cocinar en la
calle", aseguró.
Luego la abarroteria
desapareció y al negocio de comida lo
llamó Felipes. "El nombre lo elegimos con
mi mi hija Marisela, ya que así se llama
mi yerno", aseguró
Luego, para ampliar su
local, tuvo que hipotecar todo lo que
tenía para que el banco donde
solicitó el préstamo le diera 25
mil colones.
De la noche al
día
Las ventas iban bien en
Felipes hasta que el negocio se vio en grandes
aprietos. En 1989, el Gobierno declaró
toque de queda por la guerra y nadie
podía salir después de las 6:00
p.m.
"El negocio casi quiebra",
afirmó el comerciante. Como los tacos los
vendía a partir de las 4:00 p.m., y
sólo tenía dos horas para la
venta, el tiempo no era suficiente. Decidido a
no dejarse vencer, a Raúl se le
ocurrió vender los tacos a la hora del
almuerzo. En los primeros días del nuevo
horario no llegaba ningún cliente.
Invitó a sus familiares a comer a la
taqueria para que las personas que pasaban por
el lugar vieran que estaba funcionando el local
y se decidieran a entrar. Poco a poco, los
clientes llenaron de nuevo el
restaurante.
Hace ocho años que
el empresario ya no es propietario de Felipes,
ya que lo vendió a su hija. Con el dinero
que obtuvo de la venta montó otra
taqueria llamada Shagul. "Se llama así
porque cuando era pequeño no podía
mencionar bien mi nombre y por decir Raúl
pronunciaba Shagul", aseguró.
El nuevo restaurante tiene
ya siete años de existencia y se
encuentra ubicado en El Ranchón de
Metrosur.
La clave del
éxito
Raúl afirmó
que lo único que se necesita para que un
negocio de comida funcione es trabajar mucho.
"Mis empleadas tienen día libre, yo no
tengo ninguno", afirmó.
Asegura que también
se deben invertir constantemente las ganancias y
no despilfarrarlas como otros lo
hacen.
El secreto de la comida
mexicana es prepararla con cariño. "Desde
que se lavan las verduras hay que hacerlo con
amor y creatividad", aseguró.
Raúl dijo que para
vender la comida mexicana tuvo que adaptar
muchos platillos al gusto de los
salvadoreños. "Los tacos de pollo en
México casi no se elaboran, en cambio en
el país son de los más gustados".
También ha tenido que reducir las
cantidades de condimento o chile.
No sólo ha adaptado
platillos, de hecho ha combinado muchos
menúes, para ofrecer algo nuevo a sus
clientes en Shagul.