Jueves 16 de marzo


Vayan y cuéntenlo

Hay que reconocer que nos hemos devaluado frente al periodismo internacional. Ante esta realidad, yo me alegro. Permitan que me explique: Durante los ochentas, nuestra cotización en el mercado de primeras páginas se disparaba a golpe de mina de contacto, masacre, represión, toma de catedral o enfrentamiento bélico.

Por Juan Bosco Martín

Hoy, como hemos logrado construir un país políticamente más civilizado que antes, no valemos un centavo a los ojos de los carroñeros que controlan la opinión pública internacional, excepto cuando sobreviene un

Mitch y hacen su agosto fotografiando los mocos del niño y los senos de la señora que se lava en el río de aguas negras.

Cuando escribo carroñeros no lo hago con desdén, puesto que el periodista que revolotea alrededor de lo podrido, que mete el dedo en la llaga y que nos presenta las crudas realidades a la hora del almuerzo actúa como catalizador de la higiene social. El primer paso para curar una herida es localizarla. Por tanto, el carroñerismo forma parte de nuestro oficio, les guste o no. (Creo que, con las explicaciones pertinentes, sí les parece bien).

Ahora bien: el periodista no es sólo un ave de rapiña. Y es lo que parecen haber olvidado mis queridos colegas de los medios extranjeros. Hoy, en estas elecciones cargadas por la normalidad, que es la mejor noticia que puede presentarse en un país tan violento como el nuestro, no hemos sido presentados como nos merecemos ante los ojos del gran público. ¿Es que tenemos que poner una bomba en una urna para que nos presten atención? No sé cuántos años le pidieron la Paz en este país, y ahora que la ha llevado a la práctica como ninguna otra nación en el mundo, no hay nadie que cuente sus maravillosas consecuencias. Nadie cuenta como se debe que, así como hace un año el país entero se volcó por un arenero como Francisco Flores, el domingo lo hizo primordialmente por el FMLN sin otro prejuicio por delante que la libertad personal, mostrando una madurez democrática que ya quisieran para sí otras

naciones que no han sufrido una guerra civil. A los españoles les tomó cuarenta años reconciliarse. A los salvadoreños muchos menos, como demuestran las últimas convocatorias electorales. Les invito a que lo narren con todo detalle. No sólo le harán un favor al periodismo, sino a lo que es más importante: la Verdad.


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