Jueves 16 de marzo


Curarse de espantos
Salvador Samayoa

En cada "mojón" del proceso político de El Salvador se va quedando sin empleo un nuevo contingente de aves de mal agüero. Hablaban de fraudes y las elecciones fueron limpias. Las impugnaciones fueron poquísimas y todas ellas civilizadas y enmarcadas dentro de los procedimientos legales. Hablaban de grandes tensiones y hacían pronósticos apocalípticos, pero sólo hubo unas cuantas lágrimas de cocodrilo, inofensivas y totalmente respetables.

Este es el verdadero avance de fondo de nuestro proceso democrático: la desdramatización, la naturalidad, la conducta desapasionada y el manejo mesurado de las propias ansiedades y frustraciones que ahora caracterizan la reacción de casi todos los sectores ante cualquier resultado electoral.

A diferencia de lo que ocurrió en otros períodos de nuestra historia, esta actitud democrática del conjunto de las fuerzas políticas y del conjunto del cuerpo social expresa un desarrollo cultural de incalculable valor para el futuro de El Salvador.

El mismo día de nuestras elecciones se celebraron elecciones en España. Allí la izquierda sufrió una derrota de grandes dimensiones. A los pocos minutos de conocerse los resultados &emdash;mucho más pronto que en nuestro país, por cierto&emdash; el Secretario General del Partido Socialista presentó su renuncia, con la sonrisa en los labios. Aquí no hemos llegado todavía a esos niveles de madurez y elegancia, pero estamos en el camino correcto; en el sendero de la desdramatización de la política.

En El Salvador, la derecha sufrió una derrota considerable, pero muy relativa. Las cifras, fríamente consideradas, son indiscutibles. ARENA perdió el 22% de las alcaldías que tenía. Este dato es significativo, tanto en términos cuantitativos como cualitativos. Por lo demás, casi seguramente obtuvo un diputado más que en 1997 y mantuvo -punto de más, punto de menos- el mismo empate técnico de hace tres años en la votación general.

En el resultado influyeron muchos factores, algunos atribuibles al gobierno y otros al partido. El error más grueso del gobierno de cara a las elecciones fue, sin duda alguna, el manejo de la huelga del Seguro Social. El error más grueso del partido fue, también sin duda alguna, el mal diseño de su campaña electoral.

La sensación de una gran derrota del partido en el gobierno se puede explicarse mejor por las expectativas que por las realidades, y las expectativas sobredimensionadas se pueden explicar a partir de dos grandes errores: el primero fue convertir en elección presidencial lo que sólo era una elección municipal. El segundo fue haber convertido la campaña en un gran enfrentamiento entre el bien y el mal.

Si analizáramos los resultados electorales a la luz de estos errores, las conclusiones serían, en efecto, bastante deprimentes para los areneros, ya que por una parte habrían perdido el poder y por otra parte habrían constatado que en El Salvador hay muchas personas malas; muchísimas personas malas; demasiadas personas malas.

Pero la verdad es que ambas conclusiones son falsas y si el partido en el gobierno quiere superar el estado de ánimo depresivo que asoma en sus filas, debe evitar un tercer error que lo hundiría en una depresión aún mayor: éste sería el de disputarle al FMLN, en una gran batalla política, la presidencia de la Asamblea Legislativa.

Este dilema implica dos decisiones diferentes: la primera se refiere a concederle al Frente la presidencia del Órgano Legislativo. Si lo hace -y cuanto antes, mejor-, estará restándole importancia y dramatismo a su propia derrota. Si no lo hace, le agregará dimensión y escozor a su derrota. Además, enviará dentro y fuera del país el muy negativo mensaje de no estar preparado políticamente para la alternancia en el ejercicio del poder. Y, además, convencerá a todos de que ha optado por una alianza muy costosa con el PCN, en detrimento de un juego político más sano para la gobernabilidad del país.

En este sentido, ARENA no debe tener grandes temores. El presidente Clinton pudo gobernar con un líder de extrema derecha, mucho más loco que el FMLN, en el Congreso. Newt Gingrich lo desafió; le bloqueó la aprobación del presupuesto y hasta lo obligó a cerrar por varias semanas varias dependencias del gobierno, pero al final no pasó nada y los Estados Unidos están ahora más saludables que nunca.

Lo mismo ocurrió en Francia, sólo que con mayores complicaciones. El presidente Miterrand tuvo que aceptar tres "cohabitaciones" sucesivas con Chirac, Jupe y Balladur, quienes ejercieron el cargo de Primer Ministro en representación de partidos de derecha poco amigables políticamente con el partido de la rosa.

La segunda decisión requiere un poco más de imaginación política. Esta se refiere a aceptar que Schafick Handal sea el presidente de la Asamblea por tres años. Con relación a esta decisión, ARENA debe curarse de espantos -de una vez por todas- si no quiere vivir toda su vida con pesadillas muy parecidas a las que tienen los niños pequeños cuando no pueden todavía procesar racionalmente sus temores y sus angustias.

Si Schafick es el presidente, podemos asegurar, sin el más mínimo temor a equivocarnos, que se comportará con visión de Estado y asumirá posiciones y conductas constructivas, sensatas, respetuosas e incluyentes, aportando una gran dosis de imaginación, responsabilidad y esfuerzo para que el Órgano Legislativo funcione bien. Además, es mucho más culto y experimentado que casi todos los diputados.

En cambio si Schafick es jefe de fracción, hará lo que corresponde a un jefe de fracción de un partido de oposición, esto es, liderar la oposición al gobierno, con preeminencia de la visión y de los intereses de su propio partido. Con esto no queremos decir que el propósito de esta decisión deba ser neutralizar a Schafick. Esto sería absurdo, entre otras razones porque Schafick no es neutralizable. De lo que se trataría es de aceptar, simplemente y con todas sus consecuencias, que el FMLN ganó la mayoría relativa y que Schafick es el líder más prominente de esa mayoría relativa.

Estamos seguros de que este sería el mejor escenario para la gobernabilidad del país. Y también estamos seguros de que una decisión diferente configuraría un escenario sembrado de incertidumbre para todos. Ojalá entiendan bien esto, tanto en las filas de ARENA como en las filas de los renovadores del FMLN.


[Nacional] [Negocios] [Deportes] [Editorial] [Escenarios] [El País] [Chat]
[
Obituario] [Escríbanos] [Ediciones anteriores] [Otros Sitios] [Hablemos] [VIDA] [Guanaquín] [Vértice]
[
RUZ'00] [Portada] [Planeta Alternativo]