- Curarse de
espantos
- Salvador
Samayoa
En
cada "mojón" del proceso político
de El Salvador se va quedando sin empleo un
nuevo contingente de aves de mal agüero.
Hablaban de fraudes y las elecciones fueron
limpias. Las impugnaciones fueron
poquísimas y todas ellas civilizadas y
enmarcadas dentro de los procedimientos legales.
Hablaban de grandes tensiones y hacían
pronósticos apocalípticos, pero
sólo hubo unas cuantas lágrimas de
cocodrilo, inofensivas y totalmente
respetables.
Este es el verdadero avance de fondo de
nuestro proceso democrático: la
desdramatización, la naturalidad, la
conducta desapasionada y el manejo mesurado de
las propias ansiedades y frustraciones que ahora
caracterizan la reacción de casi todos
los sectores ante cualquier resultado
electoral.
A diferencia de lo que ocurrió en
otros períodos de nuestra historia, esta
actitud democrática del conjunto de las
fuerzas políticas y del conjunto del
cuerpo social expresa un desarrollo cultural de
incalculable valor para el futuro de El
Salvador.
El mismo día de nuestras elecciones se
celebraron elecciones en España.
Allí la izquierda sufrió una
derrota de grandes dimensiones. A los pocos
minutos de conocerse los resultados
&emdash;mucho más pronto que en nuestro
país, por cierto&emdash; el Secretario
General del Partido Socialista presentó
su renuncia, con la sonrisa en los labios.
Aquí no hemos llegado todavía a
esos niveles de madurez y elegancia, pero
estamos en el camino correcto; en el sendero de
la desdramatización de la
política.
En El Salvador, la derecha sufrió una
derrota considerable, pero muy relativa. Las
cifras, fríamente consideradas, son
indiscutibles. ARENA perdió el 22% de las
alcaldías que tenía. Este dato es
significativo, tanto en términos
cuantitativos como cualitativos. Por lo
demás, casi seguramente obtuvo un
diputado más que en 1997 y mantuvo -punto
de más, punto de menos- el mismo empate
técnico de hace tres años en la
votación general.
En el resultado influyeron muchos factores,
algunos atribuibles al gobierno y otros al
partido. El error más grueso del gobierno
de cara a las elecciones fue, sin duda alguna,
el manejo de la huelga del Seguro Social. El
error más grueso del partido fue,
también sin duda alguna, el mal
diseño de su campaña
electoral.
La sensación de una gran derrota del
partido en el gobierno se puede explicarse mejor
por las expectativas que por las realidades, y
las expectativas sobredimensionadas se pueden
explicar a partir de dos grandes errores: el
primero fue convertir en elección
presidencial lo que sólo era una
elección municipal. El segundo fue haber
convertido la campaña en un gran
enfrentamiento entre el bien y el mal.
Si analizáramos los resultados
electorales a la luz de estos errores, las
conclusiones serían, en efecto, bastante
deprimentes para los areneros, ya que por una
parte habrían perdido el poder y por otra
parte habrían constatado que en El
Salvador hay muchas personas malas;
muchísimas personas malas; demasiadas
personas malas.
Pero la verdad es que ambas conclusiones son
falsas y si el partido en el gobierno quiere
superar el estado de ánimo depresivo que
asoma en sus filas, debe evitar un tercer error
que lo hundiría en una depresión
aún mayor: éste sería el de
disputarle al FMLN, en una gran batalla
política, la presidencia de la Asamblea
Legislativa.
Este dilema implica dos decisiones
diferentes: la primera se refiere a concederle
al Frente la presidencia del Órgano
Legislativo. Si lo hace -y cuanto antes, mejor-,
estará restándole importancia y
dramatismo a su propia derrota. Si no lo hace,
le agregará dimensión y escozor a
su derrota. Además, enviará dentro
y fuera del país el muy negativo mensaje
de no estar preparado políticamente para
la alternancia en el ejercicio del poder. Y,
además, convencerá a todos de que
ha optado por una alianza muy costosa con el
PCN, en detrimento de un juego político
más sano para la gobernabilidad del
país.
En este sentido, ARENA no debe tener grandes
temores. El presidente Clinton pudo gobernar con
un líder de extrema derecha, mucho
más loco que el FMLN, en el Congreso.
Newt Gingrich lo desafió; le
bloqueó la aprobación del
presupuesto y hasta lo obligó a cerrar
por varias semanas varias dependencias del
gobierno, pero al final no pasó nada y
los Estados Unidos están ahora más
saludables que nunca.
Lo mismo ocurrió en Francia,
sólo que con mayores complicaciones. El
presidente Miterrand tuvo que aceptar tres
"cohabitaciones" sucesivas con Chirac, Jupe y
Balladur, quienes ejercieron el cargo de Primer
Ministro en representación de partidos de
derecha poco amigables políticamente con
el partido de la rosa.
La segunda decisión requiere un poco
más de imaginación
política. Esta se refiere a aceptar que
Schafick Handal sea el presidente de la Asamblea
por tres años. Con relación a esta
decisión, ARENA debe curarse de espantos
-de una vez por todas- si no quiere vivir toda
su vida con pesadillas muy parecidas a las que
tienen los niños pequeños cuando
no pueden todavía procesar racionalmente
sus temores y sus angustias.
Si Schafick es el presidente, podemos
asegurar, sin el más mínimo temor
a equivocarnos, que se comportará con
visión de Estado y asumirá
posiciones y conductas constructivas, sensatas,
respetuosas e incluyentes, aportando una gran
dosis de imaginación, responsabilidad y
esfuerzo para que el Órgano Legislativo
funcione bien. Además, es mucho
más culto y experimentado que casi todos
los diputados.
En cambio si Schafick es jefe de
fracción, hará lo que corresponde
a un jefe de fracción de un partido de
oposición, esto es, liderar la
oposición al gobierno, con preeminencia
de la visión y de los intereses de su
propio partido. Con esto no queremos decir que
el propósito de esta decisión deba
ser neutralizar a Schafick. Esto sería
absurdo, entre otras razones porque Schafick no
es neutralizable. De lo que se trataría
es de aceptar, simplemente y con todas sus
consecuencias, que el FMLN ganó la
mayoría relativa y que Schafick es el
líder más prominente de esa
mayoría relativa.
Estamos seguros de que este sería el
mejor escenario para la gobernabilidad del
país. Y también estamos seguros de
que una decisión diferente
configuraría un escenario sembrado de
incertidumbre para todos. Ojalá entiendan
bien esto, tanto en las filas de ARENA como en
las filas de los renovadores del FMLN.