Jueves 16 de marzo


Breve análisis
Lecciones de las elecciones
Alfredo Mena Lagos* 

La principal lección la dieron quienes no fueron a votar, y en algunos casos, quienes nos tomamos la molestia de ir a anular nuestro voto. Estos actos de protesta contra un sistema que ya dejó de representar las aspiraciones de un pueblo libre, demandan el respeto al votante y la representatividad de los elegidos.

La falta de una reforma electoral, que ha sido sistemáticamente obstaculizada por ARENA, le está cobrando la factura a un sistema que ha dejado de ser democrático para convertirse en un sistema partidocrático. El monopolio político de los partidos, los requisitos exagerados para la participación ciudadana en la política, pero principalmente, el obligarnos a votar por banderas y no por personas, se han convertido en los principales vicios que deben ser enmendados.

Este sistema electoral, estructuralmente viciado desde la misma composición del Tribunal Supremo Electoral, ha puesto a los electores salvadoreños en manos de las cúpulas partidarias, que en la mayoría de casos obedecen a intereses oscuros y personales, en detrimento de los intereses de la población en general.

La lección para el liderazgo de ARENA, el principal perdedor de esta contienda electoral, es que debe comprender de una vez por todas la diferencia entre generar riqueza y generar prosperidad, entre gobernar para beneficio propio y gobernar para beneficio de la población en general. También debe aprender a ser consecuente con los principios que alguna vez tuvo el partido, el de promover los derechos y libertades individuales de los salvadoreños, algo que ha dejado olvidado en el camino para convertirse en una maquinaria para mantener y promover privilegios.

El FMLN no debe confundir un voto de castigo con un mandato, pero principalmente, debe comprender que el haberse convertido, por de pronto, en la principal fuerza política legislativa, conlleva la responsabilidad de generar confianza a través de la prudencia, el respeto a los derechos individuales, la visión de largo plazo, y la convivencia. Si bien es cierto que como oposición han apoyado la reforma electoral para devolvernos la democracia, será una prueba de su consecuencia el hacerlo desde una posición de liderazgo.

La perversidad del sistema de residuos electorales le ha permitido al PCN convertirse en el fiel de la balanza. Ojalá que no utilice esto para hacer negocio de la política. Si algún día piensan volver a lo que fue el partido, deben demostrar honestidad y responsabilidad en la gestión, sin olvidarse de que el electorado premia y castiga con igual facilidad. El PDC parece que al fin está encontrando su nicho en el mercado político a través de la concertación interna. Ojalá que sepa concretar una visión de largo plazo que le permita ser consecuente con las corrientes de pensamiento originales, y olvidarse de las locuras del pasado.

La principal lección que nos deberían dejar estas elecciones, tanto a la civis como a la polis, es que ha sido únicamente el 35% de los electores inscritos el que ha hecho uso de su derecho y ejercido su obligación. Esa mayoría silenciosa que ha manifestado su descontento, su desilusión, su desconfianza y, hasta cierto punto, su desesperanza, merece ser incorporada al gran esfuerzo por construir una patria mejor y más prospera. La única manera de lograrlo es reformando nuestro sistema electoral para permitirle a la población más participatividad y quitarle esa sensación de que es utilizada cada cierto período, y luego ignorada hasta en sus necesidades más básicas.

La representatividad es la legitimidad de la democracia; si ésta se anula, como se ha hecho con nuestro sistema electoral, eventualmente terminaremos anulando la misma democracia. Hay que meditar mucho sobre la bifurcación política en que nos encontramos: Por un lado, podemos seguir el camino de la partidocracia y la polarización, en el cual se vota por miedo a que el otro es peor, llevándonos eventualmente a un nuevo conflicto y a la miseria. Por otro lado, tenemos el camino de un franco proceso de reformas, y no sólo en el sistema electoral, que nos lleve a un sistema más libre y representativo, sino principalmente que nos genere una sociedad más justa y más próspera.


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