- Breve
análisis
- Lecciones de las
elecciones
- Alfredo
Mena Lagos*
La
principal lección la dieron quienes no
fueron a votar, y en algunos casos, quienes nos
tomamos la molestia de ir a anular nuestro voto.
Estos actos de protesta contra un sistema que ya
dejó de representar las aspiraciones de
un pueblo libre, demandan el respeto al votante
y la representatividad de los elegidos.
La falta de una reforma electoral, que ha
sido sistemáticamente obstaculizada por
ARENA, le está cobrando la factura a un
sistema que ha dejado de ser democrático
para convertirse en un sistema
partidocrático. El monopolio
político de los partidos, los requisitos
exagerados para la participación
ciudadana en la política, pero
principalmente, el obligarnos a votar por
banderas y no por personas, se han convertido en
los principales vicios que deben ser
enmendados.
Este sistema electoral, estructuralmente
viciado desde la misma composición del
Tribunal Supremo Electoral, ha puesto a los
electores salvadoreños en manos de las
cúpulas partidarias, que en la
mayoría de casos obedecen a intereses
oscuros y personales, en detrimento de los
intereses de la población en general.
La lección para el liderazgo de ARENA,
el principal perdedor de esta contienda
electoral, es que debe comprender de una vez por
todas la diferencia entre generar riqueza y
generar prosperidad, entre gobernar para
beneficio propio y gobernar para beneficio de la
población en general. También debe
aprender a ser consecuente con los principios
que alguna vez tuvo el partido, el de promover
los derechos y libertades individuales de los
salvadoreños, algo que ha dejado olvidado
en el camino para convertirse en una maquinaria
para mantener y promover privilegios.
El FMLN no debe confundir un voto de castigo
con un mandato, pero principalmente, debe
comprender que el haberse convertido, por de
pronto, en la principal fuerza política
legislativa, conlleva la responsabilidad de
generar confianza a través de la
prudencia, el respeto a los derechos
individuales, la visión de largo plazo, y
la convivencia. Si bien es cierto que como
oposición han apoyado la reforma
electoral para devolvernos la democracia,
será una prueba de su consecuencia el
hacerlo desde una posición de
liderazgo.
La perversidad del sistema de residuos
electorales le ha permitido al PCN convertirse
en el fiel de la balanza. Ojalá que no
utilice esto para hacer negocio de la
política. Si algún día
piensan volver a lo que fue el partido, deben
demostrar honestidad y responsabilidad en la
gestión, sin olvidarse de que el
electorado premia y castiga con igual facilidad.
El PDC parece que al fin está encontrando
su nicho en el mercado político a
través de la concertación interna.
Ojalá que sepa concretar una
visión de largo plazo que le permita ser
consecuente con las corrientes de pensamiento
originales, y olvidarse de las locuras del
pasado.
La principal lección que nos
deberían dejar estas elecciones, tanto a
la civis como a la polis, es que ha sido
únicamente el 35% de los electores
inscritos el que ha hecho uso de su derecho y
ejercido su obligación. Esa
mayoría silenciosa que ha manifestado su
descontento, su desilusión, su
desconfianza y, hasta cierto punto, su
desesperanza, merece ser incorporada al gran
esfuerzo por construir una patria mejor y
más prospera. La única manera de
lograrlo es reformando nuestro sistema electoral
para permitirle a la población más
participatividad y quitarle esa sensación
de que es utilizada cada cierto período,
y luego ignorada hasta en sus necesidades
más básicas.
La representatividad es la legitimidad de la
democracia; si ésta se anula, como se ha
hecho con nuestro sistema electoral,
eventualmente terminaremos anulando la misma
democracia. Hay que meditar mucho sobre la
bifurcación política en que nos
encontramos: Por un lado, podemos seguir el
camino de la partidocracia y la
polarización, en el cual se vota por
miedo a que el otro es peor, llevándonos
eventualmente a un nuevo conflicto y a la
miseria. Por otro lado, tenemos el camino de un
franco proceso de reformas, y no sólo en
el sistema electoral, que nos lleve a un sistema
más libre y representativo, sino
principalmente que nos genere una sociedad
más justa y más
próspera.