Martes 14 de marzo


¿Por dónde se empieza?
Francisco Díaz Rodríguez
-Tercera y última-

Una exposición del Dr. José Ernesto Criollo durante el segundo taller de consulta a magistrados y jueces sobre modernización del Órgano Judicial y el Consejo Nacional de la Judicatura (2-4 marzo), ha resultado idónea para uno de los propósitos de esta columna. En su exposición, luego de describir con claridad la percepción social sobre la administración de justicia -cara, ineficiente, desbordada de casos, no transparente, plagada por la corrupción de empleados y litigantes-, describió brevemente algunas propuestas para cambiar esa percepción. Tales propuestas pueden conformar buena parte de un plan de acción inmediata y son compartidas por muchos de quienes trabajamos estos temas. Expuestas por un magistrado de la Corte Suprema de Justicia, tienen más peso, y son éstas.

Una. Establecer un proceso más ágil y transparente basado en el juicio oral y en el principio de oficiosidad. Las ventajas del sistema oral sobre el sistema escrito en cuanto a rapidez en la tramitación y reducción de posibilidades de fraude, son -o deberían ser- conocidas aun por quienes adversan la nueva legislación penal. Se aplica también en los procesos de familia y de menores y se debería extender a las restantes materias. El principio de oficiosidad permite que el juez, por iniciativa propia, movilice, haga avanzar, el proceso, liberándolo del impulso que quieran o no darle las partes.

Dos. Establecer la caducidad de la acción, es decir, la muerte del proceso como consecuencia de su abandono por quien lo inició. Cientos de expedientes abandonados atestan los tribunales y vuelven (más) engorrosa la administración del despacho judicial.

Tres. Desjudicializar asuntos que por su naturaleza o poca monta bien pueden ser atendidos fuera de un proceso judicial.

Cuatro. Creación de más tribunales de menor cuantía. Desde finales del año pasado existen dos en San Salvador, que de inmediato quedaron saturados por la demanda.

Cinco. Creación de circuitos judiciales o tribunales integrados. Un juez administrador único se encarga de toda la parte administrativa del proceso, de manera que los jueces del circuito o tribunal se dedican exclusivamente a juzgar.

Seis. Crear jueces adjuntos o corporativos, es decir, dos o más jueces en un mismo tribunal dado que, con frecuencia, el cuello de botella se encuentra en la imposibilidad del juez para atender el cúmulo de trabajo que procesan sus colaboradores.

Siete. Establecimiento de jueces ejecutores de sentencia. Esto permitiría a los jueces comunes dedicar todo su esfuerzo a los procesos hasta dictar sentencia, al descargarse de la ejecución de la misma, cuestión de orden más bien administrativo.

Ocho. Creación de oficinas para notificaciones, citaciones y emplazamientos, comunes a varios juzgados, empleando todos los medios de comunicación: personal, correo con certificado de recibo, teléfono, fax, correo electrónico.

Nueve. Reducción del área de autoridad de los tribunales (competencia territorial) en función de la densidad demográfica y las distancias.

Diez. Eliminar el cargo de Secretario de Actuaciones, sustituyéndolo por el de Administrador del Tribunal.

Once. Eliminar formalismos tradicionales inútiles y hasta absurdos como el uso de la firma, media firma y firma entera, que solo sirven para nulidades que burlan la justicia.

Doce. Prohibir el ejercicio de la abogacía y el notariado no solo al juez sino a todo empleado judicial.

Hasta aquí las propuestas técnicas. La sociedad civil también tiene mucho qué hacer para mejorar la administración de justicia.

Primero, apropiarse del tema, esto es, asumirlo, perderle el miedo y la falsa consideración de que se trata de algo "muy técnico", exclusivo de juristas. Esto significaría sacarlo del ámbito comunidad judicial y llevarlo al debate público, del mismo modo que se debate sobre la privatización, el medio ambiente, la descentralización, las elecciones, etc.

Segundo, como parte de la apropiación del tema, pedir cuentas, solicitar información, explicación, análisis sobre el sistema de administración de justicia: qué es, cómo funciona, cómo está organizado, quiénes lo componen, cuanto cuesta, cuáles son las causas de sus problemas, cuáles sus logros y sus perspectivas. Esta información o rendimiento de cuentas puede pedirse a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, a los miembros del Consejo Nacional de la Judicatura, a magistrados de cámaras, a jueces o al personal técnico, invitándoles a charlas, foros, paneles, etc. Ellos, como todo funcionario público, tienen el deber de informar a los ciudadanos

Tercero. Con base en la información recibida, pasar de la crítica general y ciega &emdash;que abunda&emdash;, a la crítica documentada y propositiva, identificando responsabilidades, aportando alternativas de solución. La administración del Órgano Judicial requiere análisis y soluciones propias de la gerencia empresarial, de la administración pública, de la estadística, la informática y otras áreas que no suelen ser del dominio de los abogados. Las universidades, en especial las facultades de Derecho, tienen un papel y una responsabilidad principal en esto.

Cuarto. Insistir en el tema, promover su discusión, abrirle espacios de prensa, mover voluntades, crear observatorios judiciales, hacer sentir la urgencia económica, política y social de contar con una administración de justicia moderna, imparcial, independiente y transparente, apoyar las iniciativas e instituciones que trabajan en esa dirección, todas ellas y otras muchas son también pasos por dónde empezar.

Lic. en Derecho.


[Nacional] [Negocios] [Deportes] [Editorial] [Escenarios] [El País] [Chat]
[
Obituario] [Escríbanos] [Ediciones anteriores] [Otros Sitios] [Hablemos] [VIDA] [Guanaquín] [Vértice]
[
RUZ'00] [Portada] [Planeta Alternativo]