- Esta boca
es mía
- Elecciones de
magistrados
- Marcel
Orestes Posada
El sábado uno de abril próximo,
la comunidad jurídica ejercerá el
derecho/deber constitucional de escoger 15
nombres de entre 66 que la Federación de
Asociaciones de Abogados (FEDAES)
someterá a votación. Esos 15,
más otros tantos que seleccionará
el Consejo de la Judicatura (CNJ), serán
ponderados por la Asamblea Legislativa para
elegir 5 magistrados propietarios y 5 suplentes
de la Corte Suprema de Justicia.
Ya la FEDAES ha acumulado experiencia en la
conducción de estos procesos, como para
no repetir errores graves. Hace 3 años
cometió varios, es cierto, y la
critiqué (EDH, jueves 3 de abril 97), no
como ingrato reproche a su patriótica
gestión, sino para contribuir a la
asepsia de futuras justas. Ahora es oportuno
hacer un recordatorio preventivo y conjurador de
las siguientes fallas:
1.- Discriminación. Ninguna
organización gremial con personalidad
jurídica y cumplidora de los requisitos
legales debe ser rechazada, como alguna vez se
ha pretendido. Si la autoridad constituida
jamás puede interpretar y aplicar
restrictivamente las normas en menoscabo o
denegación de expectativas
legítimas de sus destinatarios ("in malam
partem"); cuando está en juego el
interés público de elegir los
funcionarios más idóneos, menos
puede arrogarse tal discrecionalidad un ente
meramente administrador, que actúa por
subdelegación excepcional del CNJ, el
cual es delegado directo de la Asamblea bajo el
principio de colaboración
interorgánica (Arts. 186 Cn. y 54 LCNJ).
Una disminución tal violaría el
derecho ciudadano de optar a cargos
públicos (Art. 72 Cn).
2.- Normas contradictorias. En tanto que el
Reglamento Electoral establecía ciertas
regulaciones, el instructivo oficial de 1997
disponía de manera diferente. Ello
desorientó a muchos, quienes tuvieron que
buscar ayuda de algún encargado. Es
pertinente anticipar la armonización de
ambos instrumentos.
3.- Papeleta de votación
equívoca. La de 1997 contenía 2
columnas, la primera para marcar "X", la segunda
para anotar un número. Surgieron entonces
3 dudas: a) escribir el número asignado
por la FADAES a cada elegible, b) desarrollar
una numeración correlativa personal del
sufragante, c) totalizar la cantidad de "X"
marcadas. Y lo peor, ninguno de los encargados
podía dar una respuesta definitiva. La
inducción a error, pienso, no fue
intencional, pero el voto pudo ir a parar a
candidato no deseado. Si este año se
sigue el mismo diseño de papeleta,
propongo que se explique inequívocamente
cómo llenarla.
4.- Falta de vigilancia. Es necesario
organizar la cantidad suficiente de voluntarios
(por ejemplo, estudiantes de Derecho en servicio
social, mediante acuerdos con universidades) y
acreditarlos debidamente. Esto evitará
las irregularidades de la elección
anterior, cuando, después de permanecer
todo el día en las mesas receptoras,
algunos vigilantes fueron expulsados justo antes
del escrutinio. Así, la vigilancia
quedó escasa o nula, con el consiguiente
entredicho acerca de la transparencia del
proceso.
5.- Disparidad de resultados. En la
ocasión comentada, los resultados fueron
modificados después de que habían
sido dados supuestamente en firme. Hubo cambios
asombrosos, de suerte que al 93% de competidores
les fue variada la cifra original de votos. De
esa manera resultó excluido más de
alguno que ya aparecía como electo, e
incluido a posteriori alguien que no estaba en
la nómina original. Al final surgieron
unos 500 votos que, se dijo, no habían
sido contabilizados en el primer recuento. Todo
ello concitó muchas interrogantes sobre
el manejo de los datos. Debo aquí aclarar
que, como expresé la vez anterior, no
estoy acusando de nada a nadie.
Hubo fallas menores, cuya enumeración
sería prolija. En resumen, el evento de
1997 tuvo grandes y pequeños traspies y
anécdotas; penosos unos, irrisorios
otros. Si, como se afirma, los
salvadoreños somos "olvidadizos, para
bien o para mal", valga lo señalado como
rememoración de experiencias que se
está a tiempo de decapar, no cual
admonición que sea correspondida con mala
voluntad de quienes puedan sentirse aludidos. La
Biblia reza (Carta a Romanos 12:2) "No os
conformeis a este siglo, sino transformaos
mediante la renovación de vuestro
entendimiento".
Sí: la razón debe ofrecerse
prudente, pero profética y fecunda, ante
el paso a la procelosa novel centuria. Quienes
nos preciamos de ser personas "de leyes" debemos
trazar ejemplos de cristalinidad y respeto a las
normas, pero con mente visionaria. Tal es la
lección de una elección.