Martes 14 de marzo


Esta boca es mía
Elecciones de magistrados
Marcel Orestes Posada

El sábado uno de abril próximo, la comunidad jurídica ejercerá el derecho/deber constitucional de escoger 15 nombres de entre 66 que la Federación de Asociaciones de Abogados (FEDAES) someterá a votación. Esos 15, más otros tantos que seleccionará el Consejo de la Judicatura (CNJ), serán ponderados por la Asamblea Legislativa para elegir 5 magistrados propietarios y 5 suplentes de la Corte Suprema de Justicia.

Ya la FEDAES ha acumulado experiencia en la conducción de estos procesos, como para no repetir errores graves. Hace 3 años cometió varios, es cierto, y la critiqué (EDH, jueves 3 de abril 97), no como ingrato reproche a su patriótica gestión, sino para contribuir a la asepsia de futuras justas. Ahora es oportuno hacer un recordatorio preventivo y conjurador de las siguientes fallas:

1.- Discriminación. Ninguna organización gremial con personalidad jurídica y cumplidora de los requisitos legales debe ser rechazada, como alguna vez se ha pretendido. Si la autoridad constituida jamás puede interpretar y aplicar restrictivamente las normas en menoscabo o denegación de expectativas legítimas de sus destinatarios ("in malam partem"); cuando está en juego el interés público de elegir los funcionarios más idóneos, menos puede arrogarse tal discrecionalidad un ente meramente administrador, que actúa por subdelegación excepcional del CNJ, el cual es delegado directo de la Asamblea bajo el principio de colaboración interorgánica (Arts. 186 Cn. y 54 LCNJ). Una disminución tal violaría el derecho ciudadano de optar a cargos públicos (Art. 72 Cn).

2.- Normas contradictorias. En tanto que el Reglamento Electoral establecía ciertas regulaciones, el instructivo oficial de 1997 disponía de manera diferente. Ello desorientó a muchos, quienes tuvieron que buscar ayuda de algún encargado. Es pertinente anticipar la armonización de ambos instrumentos.

3.- Papeleta de votación equívoca. La de 1997 contenía 2 columnas, la primera para marcar "X", la segunda para anotar un número. Surgieron entonces 3 dudas: a) escribir el número asignado por la FADAES a cada elegible, b) desarrollar una numeración correlativa personal del sufragante, c) totalizar la cantidad de "X" marcadas. Y lo peor, ninguno de los encargados podía dar una respuesta definitiva. La inducción a error, pienso, no fue intencional, pero el voto pudo ir a parar a candidato no deseado. Si este año se sigue el mismo diseño de papeleta, propongo que se explique inequívocamente cómo llenarla.

4.- Falta de vigilancia. Es necesario organizar la cantidad suficiente de voluntarios (por ejemplo, estudiantes de Derecho en servicio social, mediante acuerdos con universidades) y acreditarlos debidamente. Esto evitará las irregularidades de la elección anterior, cuando, después de permanecer todo el día en las mesas receptoras, algunos vigilantes fueron expulsados justo antes del escrutinio. Así, la vigilancia quedó escasa o nula, con el consiguiente entredicho acerca de la transparencia del proceso.

5.- Disparidad de resultados. En la ocasión comentada, los resultados fueron modificados después de que habían sido dados supuestamente en firme. Hubo cambios asombrosos, de suerte que al 93% de competidores les fue variada la cifra original de votos. De esa manera resultó excluido más de alguno que ya aparecía como electo, e incluido a posteriori alguien que no estaba en la nómina original. Al final surgieron unos 500 votos que, se dijo, no habían sido contabilizados en el primer recuento. Todo ello concitó muchas interrogantes sobre el manejo de los datos. Debo aquí aclarar que, como expresé la vez anterior, no estoy acusando de nada a nadie.

Hubo fallas menores, cuya enumeración sería prolija. En resumen, el evento de 1997 tuvo grandes y pequeños traspies y anécdotas; penosos unos, irrisorios otros. Si, como se afirma, los salvadoreños somos "olvidadizos, para bien o para mal", valga lo señalado como rememoración de experiencias que se está a tiempo de decapar, no cual admonición que sea correspondida con mala voluntad de quienes puedan sentirse aludidos. La Biblia reza (Carta a Romanos 12:2) "No os conformeis a este siglo, sino transformaos mediante la renovación de vuestro entendimiento".

Sí: la razón debe ofrecerse prudente, pero profética y fecunda, ante el paso a la procelosa novel centuria. Quienes nos preciamos de ser personas "de leyes" debemos trazar ejemplos de cristalinidad y respeto a las normas, pero con mente visionaria. Tal es la lección de una elección.


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