- De cara
al milenio
- La nueva ley de los
contadores públicos
- Rubén
Zeledón
Por fin los contadores públicos
cuentan con una ley que regula el ejercicio
profesional, la cual fue aprobada por la
Asamblea Legislativa el día 27 de enero
recién pasado, con el nombre de "Ley
Reguladora del Ejercicio de la
Contaduría", y que entrará en
vigencia el 1 de abril próximo.
Desde el 31 de julio de 1970, cuando
entró en vigencia el actual Código
de Comercio, quedó abolida la antigua
"Ley del Ejercicio de las Funciones del Contador
Público", ya que en el Art. 290 de dicho
Código se menciona que una ley especial
regulará el funcionamiento del Consejo de
Vigilancia y el ejercicio de la profesión
que supervisa. Esta Ley nunca se dio a pesar de
varios intentos y proyectos presentados a las
distintas asambleas legislativas, directamente
por las gremiales de contadores o por medio del
Ministerio de Economía que estuviera de
turno.
A decir de los profesionales de la
contaduría, la ley tiene bastantes
defectos, pues el proyecto que se
presentó oficialmente a la Asamblea
Legislativa fue elaborado por profesionales
ajenos al ejercicio independiente de la
auditoría externa, enquistados en las
esferas oficiales del gobierno anterior.
Sólo ligeras variaciones fueron
introducidas por los señores diputados,
también ajenos en su mayoría al
quehacer del ejercicio de la auditoría
externa y las experiencias regulatorias que le
aplican; de modo que estos señores usaron
su criterio de lo que suponen es el ejercicio
tan delicado de la auditoría. El
único diputado que conoce de la materia
es el Lic. Donald Ricardo Calderón Lam,
apoyado por el también diputado y
contador, Lic. Julio Moreno Niños, quien
no ejerce la profesión pero como
Presidente de la Corporación de
Contadores, pusieron en conjunto todo su
empeño, pero estando en minoría
tuvieron que luchar contra corriente para lograr
que se diera la ley con sus defectos.
El lado positivo de la historia es que por
fin hay un asidero legal para comenzar a definir
los deberes, derechos y obligaciones de los
contadores públicos que se dedican al
ejercicio de la auditoría externa. El
marco legal permite una mejor
calificación o evaluación
profesional, la cual debe renovarse
periódicamente.
Esperamos que a partir de ahora ya no se
otorgue la autorización a mediocres y
negativos profesionales que han dejado mucho
qué desear en sus actuaciones en casos de
defraudación pública, de estafas,
de sustracciones de fondos ajenos, de
elaboración de estados financieros
inexactos para obtener préstamos
bancarios y otros delitos como chantajes
tributarios a los comerciantes. Se han observado
comportamientos de muy bajo perfil que han
perjudicado la imagen profesional de los
contadores públicos, que ahora con la
nueva ley serán fedatarios no sólo
de estados financieros, sino también de
libros, registros y sistemas contables.
Los pocos casos negativos en que se han
involucrado contadores públicos, han sido
suficientes para dañar el prestigio de
una profesión de primer orden y que
debería ser digna de mucho respeto por su
importancia dentro de la economía del
país.
Al conformar el nuevo Consejo de Vigilancia,
es deseable que tanto el Ministerio de
Economía como el Ministerio de Hacienda y
las demás entidades encargadas de nombrar
directores, lo hagan con mucho cuidado y tomen
en consideración sólo a
profesionales de experiencia en la
auditoría independiente, que hayan
destacado con su ejemplo, sean defensores del
profesionalismo y cuenten con otros atributos de
honradez, ética, educación y
cultura general.
Las gremiales de la contaduría pueden
ser una fuente de información útil
para los funcionarios que harán los
nombramientos a pesar de que las mismas
gremiales deberán nombrar por sí a
dos directores del COnsejo.
Supuestamente los señor es diputados
habrán considerado asignar un presupuesto
suficiente para hacer andar el nuevo Consejo,
porque el actual presupuesto "jocoso" de
¢72,000.00 anuales que se asignaba, queda
un poco ajustado para operar una
pulpería, una pupusería, un
negocio de fotocopias o algo similar.
Ojalá que ahora los contadores
públicos se sientan oxigenados y se
propongan dignificar la profesión.