Martes 14 de marzo


La Nota del Día
 

3/13/00

Otra vez la izquierda

Por sexta vez en una generación la izquierda gana la Alcaldía de San Salvador: dos veces con el inefable Napoleón Duarte, una con Morales Ehrlich, una con Herrera Rebollo y dos ahora con Héctor Silva. La administración de Herrera fue correcta y sensata; la de Silva, popular y las otras tres, catastróficas, caracterizadas por el saqueo sistemático de las arcas municipales, ventas fraudulentas de áreas verdes, desgobierno abismal y las mayores barbaridades. Al día de hoy la capital continúa con su calles invadidas de vendedores (faena de Morales), el Centro Histórico derrumbándose, desconfianza generalizada y profunda desmoralización.

Lo que suceda en San Salvador repercute, aumentado y agravado, en el resto del país. Las propuestas de la actual comuna en materia de impuestos, lo sucedido con la concesión del relleno sanitario, los dobles cobros a los capitalinos y la nula transparencia en el manejo de recursos, no son para afianzar la confianza y promover la inversión.

A esto se agrega el programa económico y social del FMLN, el primer partido en la Asamblea Legislativa. Queda por ver si se trata de expresiones líricas, o electoreras, o si en cambio es un plan que va en serio. De ser esto último, no se requieren mayores luces para vaticinar lo que le espera a El Salvador: convertirse en una nueva Nicaragua, con la secuela de pobreza, desconfianza, paralización del sector productivo y arbitrariedad que caracterizó los años del "sandinismo", con todo y piñata.

El partido tiene cogido a un tigre por la cola. Una parte sustancial de sus bases sigue creyendo en la existencia de la Unión Soviética, en la hermandad de las naciones socialistas, en los repartos de riqueza, en la colectivización de la tierra y en los paredones como un factor de "purificación social". La corriente estaliniana pesa grandemente en las decisiones, mientras la revisionista todavía no alcanza a entender la economía contemporánea. De lo que la izquierda extrema es capaz se vio en los años del desgobierno duartista, cuando a puro robo, estupidez y arbitrariedad estuvo el país a punto de volver a la edad de piedra.

Un paso en falso y viene el derrumbe

Cualquier paso en falso del FMLN, ya sea en su variante legislativa o municipal, puede causar casi irreparables daños a la economía salvadoreña y a las posibilidades de salir del subdesarrollo. De hecho, hay quienes sostienen que uno de los propósitos de la izquierda es profundizar el descontento y la pobreza de cara a las venideras elecciones presidenciales; no hay ningún régimen socialista al que le quite el sueño la miseria de la población, como se vio precisamente en la extinta Unión Soviética y ha sido el caso de Cuba, Nicaragua, Corea del Norte con sus temibles hambrunas, y otros incontables ejemplos. La pobreza profunda se toma como un mecanismo de "control social": el hambriento no se levanta en armas.

Como dijimos el viernes, el mayor patrimonio que puede tener un país pequeño y pobre es la confianza que despierte en inversionistas tanto foráneos como locales. A estas alturas del tiempo, nadie con dos dedos de frente deja de ver que la única posibilidad de desarrollo pasa por la inversión, la seguridad jurídica y la estabilidad política, precisamente lo que está siendo cuestionado ahora. No existen caminos alternos al progreso, ni hay fórmulas mágicas en posesión de grupos políticos.


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