Lunes 13 de marzo


¿Por qué ganó Silva?
El rostro de una nueva izquierda

El poderoso carisma del Alcalde de San Salvador hizo valer tres años de gestión con ciertos cambios visibles, los convirtió en un motivo para la reelección, y condujo -como rostro de la moderación y el cambio- al FMLN hasta la mayoría en la Asamblea.

José Luis Sanz
El Diario de Hoy

No le alcanzaron. Desde las primeras ternas de posibles candidatos en ARENA, desde los primeros atisbos de precampaña, hemos asistido a una carrera de alcance en la que Héctor Silva partía con una vuelta de ventaja que ha sabido dosificar a la perfección.

Detrás, siempre detrás, Cardenal ha tratado de evitar que los temores de ARENA se hicieran realidad: un alcalde reelegido, un proyecto viable de izquierda para las próximas elecciones, y un jalón que ha catapultado al FMLN a la mayoría en la Asamblea Legislativa.

"Cardenal estaba en desventaja, porque nunca ha sido alcalde capitalino", dijo la candidata a la alcaldía por el PCN, Marta Castro, acerca del segundo debate televisado. Su entrañable e inocente valoración tiene una irónica validez: Silva arrancaba con una batalla ganada, la de sus tres años de gestión.

El hombre a batir

Sea porque, como afirmaba en septiembre Walter Araujo, diputado miembro del COENA, el alcalde no había tenido oposición política desde 1997; sea por su bien publicitada audacia al desalojar plazas públicas o poner en marcha de los olvidados planes de participación ciudadana, el hecho es que hace un año ya se coreaba en las calles su reelección.

Problemas los tuvo: formar la coalición por la que se acabó postulando le costó a Silva más de lo previsto, e hizo aparecer rostros preocupados en el FMLN justo en las semanas que siguieron al lanzamiento de Luis Cardenal como el esperado candidato de ARENA. Además, ya en noviembre, los agresivos primeros pasos de precampaña dieron una falsa apariencia de equilibrio a la contienda. ARENA se apresuraba a tratar de derribar el principal baluarte de la campaña del FMLN, acuciada, además, por la necesidad de frenar el ascenso político de alguien a quien muchos quieren ver como el candidato de la izquierda a la Presidencia del 2004.

Sin embargo, la campaña de Cardenal, punta de lanza del intento de combatir a Silva con sus mismas armas &endash;la moderación y la labor propositiva&endash;, adoleció de falta de definición. La oposición no fue tan propositiva como se hacía necesario para contrarrestar su empuje, ni tan firme como para derribar su perfil de gestor transparente.

Ni la polémica de los casinos, ni los señalamientos sobre presuntos cobros de impuestos ilegales, ni el supuesto desvío de los fondos del seguro del Mercado derivaron en una sentencia judicial o una evidencia suficiente para empañar la imagen de Silva, pese a la evidente falta de rotundidad de sus argumentos de descarga. Quizá la todavía imborrable sospecha que pesa sobre la imparcialidad de numerosos medios de comunicación de nuestro país contribuyó a crear un clima de escepticismo en el que se mitigaba la fuerza de cualquier señalamiento.

Además, elementos como las campañas anónimas de descrédito o el reciente allanamiento de la Alcaldía municipal &endash;tres días antes de la votación&endash; provocaron un inesperado efecto de solidaridad con el candidato a la reelección. No involucrarse en el juego del intercambio de acusaciones &endash;pese a que dió muestras de inseguridad que pudieron haberle costado caras&endash; se revela al final como un acierto de Silva, al que los votantes parecen haber perdonado, incluso, el evidente uso proselitista de fondos públicos por medio de la actual campaña institucional de la Alcaldía.

Voto de confianza

Ha triunfado la inteligencia política. El alcalde reelecto, pese a haber proclamado su orgullo por ser del FMLN &endash;un audaz mensaje político que dió alas al voto duro del Frente&endash; se granjeó durante su gestión el respeto de la derecha salvadoreña, que en cierto porcentaje ha diferenciado su voto en la alcaldía y en la apuesta legislativa, como un paso adelante en la superación de los miedos y los colores de la década pasada.

La mayoría de los capitalinos querían soñar con un San Salvador diferente al que conocen y casi dan por perdido, y Silva supo ilusionarles durante tres años con acciones simbólicas; quisieron a un candidato de coalición, distante con la izquierda tradicional y lo tuvieron; pidieron debate y los asesores de Silva acertaron a no negárselo. El resto era cuestión de esperar al día de ayer.

Cardenal jugaba en cancha rival, y no propuso lo suficiente o no lo hizo con suficiente fuerza. Esperó un milagro que no llegó y acabaron ganando &endash;muchas o pocas&endash; las obras. Y el carisma del político.

Y mientras tanto, la centralización de la atención de todo el país (merced a la estrategia de los partidos y a la desaforada obsesión de los medios de comunicación por poner rostros al pulso partidario) arrastró al voto para la Asamblea Legislativa. No ganó el FMLN; ganó Silva, que ha regalado su rostro a una nueva izquierda en El Salvador, y que apunta maneras presidenciales... aunque solo sea porque, como Francisco Flores, habla ya de "la nueva forma de hacer política".


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