¿Por
qué ganó Silva?
El
rostro de una nueva izquierda
El poderoso carisma del
Alcalde de San Salvador hizo valer tres
años de gestión con ciertos
cambios visibles, los convirtió en un
motivo para la reelección, y condujo
-como rostro de la moderación y el
cambio- al FMLN hasta la mayoría en la
Asamblea.
- José
Luis Sanz
- El
Diario de Hoy
No
le alcanzaron. Desde las primeras ternas de
posibles candidatos en ARENA, desde los primeros
atisbos de precampaña, hemos asistido a
una carrera de alcance en la que Héctor
Silva partía con una vuelta de ventaja
que ha sabido dosificar a la
perfección.
Detrás, siempre
detrás, Cardenal ha tratado de evitar que
los temores de ARENA se hicieran realidad: un
alcalde reelegido, un proyecto viable de
izquierda para las próximas elecciones, y
un jalón que ha catapultado al FMLN a la
mayoría en la Asamblea
Legislativa.
"Cardenal estaba en
desventaja, porque nunca ha sido alcalde
capitalino", dijo la candidata a la
alcaldía por el PCN, Marta Castro, acerca
del segundo debate televisado. Su
entrañable e inocente valoración
tiene una irónica validez: Silva
arrancaba con una batalla ganada, la de sus tres
años de gestión.
El hombre a
batir
Sea porque, como afirmaba
en septiembre Walter Araujo, diputado miembro
del COENA, el alcalde no había tenido
oposición política desde 1997; sea
por su bien publicitada audacia al desalojar
plazas públicas o poner en marcha de los
olvidados planes de participación
ciudadana, el hecho es que hace un año ya
se coreaba en las calles su
reelección.
Problemas los tuvo: formar
la coalición por la que se acabó
postulando le costó a Silva más de
lo previsto, e hizo aparecer rostros preocupados
en el FMLN justo en las semanas que siguieron al
lanzamiento de Luis Cardenal como el esperado
candidato de ARENA. Además, ya en
noviembre, los agresivos primeros pasos de
precampaña dieron una falsa apariencia de
equilibrio a la contienda. ARENA se apresuraba a
tratar de derribar el principal baluarte de la
campaña del FMLN, acuciada,
además, por la necesidad de frenar el
ascenso político de alguien a quien
muchos quieren ver como el candidato de la
izquierda a la Presidencia del 2004.
Sin embargo, la
campaña de Cardenal, punta de lanza del
intento de combatir a Silva con sus mismas armas
&endash;la moderación y la labor
propositiva&endash;, adoleció de falta de
definición. La oposición no fue
tan propositiva como se hacía necesario
para contrarrestar su empuje, ni tan firme como
para derribar su perfil de gestor
transparente.
Ni la polémica de
los casinos, ni los señalamientos sobre
presuntos cobros de impuestos ilegales, ni el
supuesto desvío de los fondos del seguro
del Mercado derivaron en una sentencia judicial
o una evidencia suficiente para empañar
la imagen de Silva, pese a la evidente falta de
rotundidad de sus argumentos de descarga.
Quizá la todavía imborrable
sospecha que pesa sobre la imparcialidad de
numerosos medios de comunicación de
nuestro país contribuyó a crear un
clima de escepticismo en el que se mitigaba la
fuerza de cualquier
señalamiento.
Además, elementos
como las campañas anónimas de
descrédito o el reciente allanamiento de
la Alcaldía municipal &endash;tres
días antes de la votación&endash;
provocaron un inesperado efecto de solidaridad
con el candidato a la reelección. No
involucrarse en el juego del intercambio de
acusaciones &endash;pese a que dió
muestras de inseguridad que pudieron haberle
costado caras&endash; se revela al final como un
acierto de Silva, al que los votantes parecen
haber perdonado, incluso, el evidente uso
proselitista de fondos públicos por medio
de la actual campaña institucional de la
Alcaldía.
Voto de
confianza
Ha triunfado la
inteligencia política. El alcalde
reelecto, pese a haber proclamado su orgullo por
ser del FMLN &endash;un audaz mensaje
político que dió alas al voto duro
del Frente&endash; se granjeó durante su
gestión el respeto de la derecha
salvadoreña, que en cierto porcentaje ha
diferenciado su voto en la alcaldía y en
la apuesta legislativa, como un paso adelante en
la superación de los miedos y los colores
de la década pasada.
La mayoría de los
capitalinos querían soñar con un
San Salvador diferente al que conocen y casi dan
por perdido, y Silva supo ilusionarles durante
tres años con acciones simbólicas;
quisieron a un candidato de coalición,
distante con la izquierda tradicional y lo
tuvieron; pidieron debate y los asesores de
Silva acertaron a no negárselo. El resto
era cuestión de esperar al día de
ayer.
Cardenal jugaba en cancha
rival, y no propuso lo suficiente o no lo hizo
con suficiente fuerza. Esperó un milagro
que no llegó y acabaron ganando
&endash;muchas o pocas&endash; las obras. Y el
carisma del político.
Y mientras tanto, la
centralización de la atención de
todo el país (merced a la estrategia de
los partidos y a la desaforada obsesión
de los medios de comunicación por poner
rostros al pulso partidario) arrastró al
voto para la Asamblea Legislativa. No
ganó el FMLN; ganó Silva, que ha
regalado su rostro a una nueva izquierda en El
Salvador, y que apunta maneras presidenciales...
aunque solo sea porque, como Francisco Flores,
habla ya de "la nueva forma de hacer
política".