Las
diez libras que Silva perdió
Una misa
transideológica, una vertiginosa carrera
para atender entrevistas y un tumulto a la hora
de votar, aderezaron la jornada electoral de
Héctor Silva
- Luis
Laínez
- El
Diario de Hoy
"¡Qué
la paz del Señor esté contigo!",
exclamó Héctor Silva, del FMLN, al
estrechar la mano de Norman Quijano, candidato a
diputado de ARENA.
El escenario fue la
iglesia Don Rúa en la misa de las seis de
la mañana. De los 50 templos
católicos que hay en el municipio de San
Salvador, Silva y un grupo de candidatos
areneros escogieron el mismo.
Walter Araujo y otros
areneros quedaron a la zaga. El efemelenista
acaparó la atención.
Otra
coincidencia
Silva abandonó la
iglesia, se tomó un café y
llegó temprano al Canal 4. Se
convirtió en un espectador de la
entrevista a Rodrigo Ávila, candidato a
diputado por ARENA. Al terminar, se
levantó y estrechó la mano del ex
director de la Policía.
Momentos después
llegó Luis Cardenal, el rival de Silva.
Se saludaron de lejos. No pudieron
hablar.
La caravana salió
disparada hacia Santa Elena, a los estudios de
TV 12. "¡Sólo un retoque!",
ordenó una voz al maquillista.
Cada vez que tiene
micrófonos o cámaras enfrente,
Silva relata su anécdota con los areneros
en Don Rúa y su deseo de paz.
Turba roja
El Instituto Albert Camus
está invadido por cientos de camisas
rojas. Al frente de la multitud está
Lorena Peña, una ortodoxa del
FMLN.
Los gritos son
ensordecedores. El nudo de gente avanza. Una
lluvia de confeti, blanco y rojo, cae sobre
Silva. Camarógrafos y fotógrafos
arman una trifulca para ganar la mejor
posición. Marta Eugenia Sánchez,
del equipo de prensa de Silva, escapa de ser
apachurrada.
A la salida, los carros de
la caravana no aparecieron. Un grupo de
guardaespaldas le protegen de la multitud que le
acompaña.
Silva no esperó su
camioneta. Se subió en el primer "pick
up" de la caravana y salió volando hacia
YSKL, "La Poderosa". También llegó
temprano.
Para pasar el tiempo,
comenzó por echar un vistazo. A pocos
metros de la puerta principal está una
báscula.
Silva se quita los zapatos
y se pesa, sin mayor trámite.
"¡Estoy bien! ¡He rebajado diez
libras!", exclama.
"¡Se me
hizo!"
Al filo del
mediodía, el hambre aprieta al hombre que
asegura estar adelgazando. Devora varios trozos
de frutas que le ofrecieron en el Canal
21.
Marta Eugenia,
todavía afectada por el tumulto, engulle
otras piezas. El placer dura poco. Debe
dirigirse al caluroso "set" de entrevistas. Al
terminar, encuentra a Martha Castro, la
candidata pecenista.
Castro le promete un
puesto cuando ella asuma la Alcaldía.
Silva ríe, y ofrece poner a su
disposición toda su
experiencia.
Más tarde susurra
que lo último que hace falta que le pase
es encontrarse a Rafael Montalvo, del
PAN.
Minutos después, en
la sede de las radios comunitarias, su deseo se
vuelve realidad. Ahí está
Lito.
Regañó a Don
Lito por pronosticar una victoria de Luis
Cardenal en EL DIARIO DE HOY.
- Ni Mario Acosta se
atrevió a decirlo.
- Alguien tenía que
hacerlo, respondió Don Lito.
En la Feria Internacional,
el grito de batalla era "¡Silva sí,
chocho no!".
En el tumulto, un joven
alza un par de cachorros para que todos los
vean. Sus patas tienen adornos rojos.
En el INFRAMEN se repite
la avalancha roja. La única diferencia es
la presencia de candidatos.
Uno de ellos se
quedó. Le acompañaba su esposa.
Levantó la mano y pidió un taxi.
Era el mismo arenero al que Silva
estrechó la mano en el estudio del Canal
4.