Donde
no se llega por tierra
La cancha de
fútbol del cuartel El Zapote fue el lugar
indicado para el despegue. Un helicóptero
de la Fuerza Aérea nos llevó, a un
grupo de cinco periodistas, hacia varias
ciudades de oriente para ver, desde los cielos,
cómo se desarrollaron los
comicios.
- Oscar
Guerra
- El
Diario de Hoy
A
las 8:15 de la mañana empezó el
viaje. El primer destino fue Perquín, en
Morazán.
Después de escuchar
las indicaciones de los pilotos, la nave
tomó vuelo. A los pocos minutos, se
divisó el lago de Ilopango y la parte
oriente de San Salvador. Después, todo
fue cerros y parcelas de tierra de variados
cultivos.
Cincuenta minutos
habían pasado del despegue cuando
aterrizamos en Perquín, en un descampado
rodeado de pinos y con un agradable
clima.
Una pequeña
caminata fue el preámbulo para llegar a
la escuela "Unión Panamericana",
único centro de votación del
poblado. Se había habilitado seis urnas
para que los habitantes del lugar emitieran el
sufragio. En pequeñas filas, los
perquineses acudieron a las urnas. Eran las 9:30
de la mañana.
Recargo
Mientras nos
retirábamos del lugar, nos informaron que
haríamos una parada en San Miguel para
abastecer de combustible la nave que nos
transportaba.
El próximo destino
fue Berlín, en el departamento de
Usulután.
Una polvosa cancha de
fútbol fue el lugar idóneo para el
aterrizaje.
Otra vez hubo que caminar
para llegar hasta el centro de la ciudad, a la
Segunda Calle Oriente, donde estaban ubicadas
las 30 urnas habilitadas para que votaran las
casi 12 mil personas allí
empadronadas.
La afluencia era mayor que
en la ciudad anterior. De acuerdo con Julio
Padilla, fiscal electoral del lugar, hasta el
mediodía todo había transcurrido
con normalidad y no tenía reporte de nada
irregular.
Poco antes de partir hacia
la isla de Meanguera, último lugar a
visitar, circuló la noticia de un
helicóptero accidentado en San
Agustín, también en
Usulután. Un vistazo por la zona
confirmó que se trataba de una falsa
alarma.
Brisa
marina
Faltaban 10 minutos para
la 1:00 de la tarde cuando aterrizamos en
Meanguera del Golfo, ya en el departamento de La
Unión.
Tocamos tierra en la playa
del lugar, justo al frente del Centro Escolar de
Meanguera, el centro de votación de la
isla.
Al igual que sus vecinos
de otros lugares de oriente, en el lugar no se
reportaron anomalías. Todo salió
de acuerdo con lo planeado.
Empero, la
población externó que esperaban
que el alcalde que resultara electo cumpliera de
una vez por todas con la introducción del
agua potable y la reparación de los
caminos, aún pendientes.
Un breve descanso a la
orilla del mar sirvió para retomar
fuerzas. Nos esperaba una hora de camino de
regreso hacia San Salvador.
Oriente, desde el aire,
lució normal, como si fuera cualquier
día.