- En honor
de la verdad
- Modernicemos la
justicia
- Por
Mauricio Alfredo Clará
Sorprende el estancamiento del Órgano
Judicial en lo referente a su
modernización. La estructura
orgánica funcional administrativa, en su
esquema, prácticamente ha colapsado ante
la ciencia y paciencia de la magistratura. Esa
estructura en su fondo y forma es,
prácticamente, la misma que se
implantó desde nuestra independencia. La
cuestión no puede ser más
sorprendente. Entre tanto, las demandas por la
satisfacción de la justicia no
sólo se frustran -no obstante los mejores
deseos de los jueces, de los abogados y
demás colaboradores- sino también
se agravan ante el esquema rígido
establecido y la inundación
litigiosa.
"Creemos que la modernización del
Órgano Judicial reclama la
revisión de su estructura administrativa,
especialmente para que los jueces se dediquen a
tiempo completo a la función que la
Constitución les asigna, que no es otra
que juzgar y ejecutar lo juzgado". En nuestro
criterio, los jueces ya no deben usar su tiempo
para atender los asuntos administrativos del
personal de apoyo, del equipo operativo, de
papelería, de archivos, de decomisos, de
traslado de reos, etc. etc. etc. Tampoco estamos
de acuerdo con soluciones intermedias. Los
jueces son abogados, formados para la
inteligencia de las leyes. No concebimos en
nuestro medio la figura de jueces
administradores, a menos que distorsionemos el
concepto y desperdiciemos su potencialidad,
frustrando su trayectoria dentro de la carrera
judicial.
La retardación en la percepción
de los problemas que aquejan a nuestra sociedad
sedienta de justicia nos recuerda,
inevitablemente, que tal actitud no sólo
es de suyo negativa sino antipatriótica.
Llamamos a la conciencia de todos los que, de
alguna manera, pueden contribuir a la
solución de los problemas que agobian a
la administración de justicia para
rescatar inteligentemente su credibilidad,
eficiencia y eficacia. Debe recordarse que en
tal propósito no es suficiente la reforma
de la legislación sustantiva o procesal,
como ha quedado demostrado con los casi dos
años de vigencia de las nuevas leyes
penales, sino que la cuestión implica una
revisión integral a partir de la
organización de tribunales en la que
deben participar todos, sin
discriminación, con la idea firme de que
los únicos beneficiarios deben ser El
Salvador y la familia salvadoreña.
Al hablar de soluciones integrales,
también nos separamos de aquellas
meramente inmediatistas, como las que se limitan
a plantear la creación de nuevos
juzgados. Esto, lo único que ha logrado
es multiplicar la problemática por
quedarse en los límites de los esquemas
tradicionales. Si se quiere que los jueces se
dediquen sólo a juzgar, se debe crear las
condiciones administrativas apropiadas. El nuevo
siglo pronto llegará. Señal de que
el tiempo apremia. No es conveniente que la
justicia siga emplazada a reformarse
administrativamente cuando la evidencia de esta
necesidad ha quedado planteada las veinticuatro
horas del día hace largo rato.
Las condiciones para la
reestructuración están presentes.
No se debe cometer el error de actuar con
desgano o resistencias para reaccionar hasta que
sea demasiado tarde. Tampoco se debe desestimar
los aportes de todos y cada uno de los
interesados en el tema. La justicia es otro bien
público que legitima la
participación no sólo de los
agentes que contribuyen a su consecución
sino de la sociedad en general. La empresa es
complicada pero cada país ha debido
enfrentarla decididamente. Cuando Moisés
al frente de su pueblo, liberado de la
opresión egipcia, se sentaba a juzgar las
causas que le llevaban sus gentes desde el
amanecer al atardecer, recibió el consejo
de su suegro, Jetro, de cambiar aquella
práctica, no sólo por el
sacrificio personal que implicaba sino
también por el escaso producto que
así podía obtenerse.
Moisés, el ungido divino, "oyó la
voz de su suegro, e hizo todo que dijo"
Éxodo 18:24. En nuestro país hay
un verdadero clamor generalizado por la justicia
y el consejo es prestar la atención
debida, antes de que aquél se convierta
en ira.