'El libro del
destino'
El "Kam Wuj" no es más que un libro
basado en la astrología maya que ayuda al
hombre a encontrar su destino. Los conocimientos
fueron extraídos por Ludovica Squirru y
Carlos Barrios, de la civilización maya
- Alejandra
Salcedo
- El Diario
de Hoy
Ludovica
Squirru, de nacionalidad argentina, es una
escritora que ha lanzado cerca de veinte libros
de astrología china, sin embargo, el
interés por el mundo maya lo lleva en la
sangre. Mientras que Carlos Barrios es
astrólogo maya, de origen guatemalteco, y
posee los conocimientos sobre esa
civilización. Ambos se encontraron en un
equinoccio de primavera en Tikal, la
energía fue tal que no pudieron negarse a
extraer de la experiencia "El libro del
destino", basado en la astrología
maya.
El texto no es más que la
recopilación de entrevistas con ancianos
y las experiencias de ceremoniales con las
comunidades ancestrales.
En tiempos pasados existieron los "Kam Wuj"
(libro del destino), pero de ellos no se sabe
nada, por eso este ejemplar escrito por los
autores pretende ser una llave para entrar al
mundo maya, olvidado tras la conquista de los
españoles.
El libro es para los lectores una guía
que ayuda a encontrar el signo maya con el cual
nacieron, descubrirán sus debilidades y
hacia dónde tienen que orientar su vida.
El texto es introductorio, los interesados
deberán profundizar más en el
conocimiento maya. "Este es un bebito
recién nacido y si bien el mundo maya es
muy antiguo, para el continente occidental es
desconocido, por eso hay que ayudar a la gente a
encontrar su misión. Creo que debe ser un
trabajo de solidaridad, en una época de
convergencia espiritual y debemos ponernos al
servicio de lo maya y no usar lo maya para hacer
algo", manifiesta Squirru.
Ceremonias a la naturaleza
Los hombres modernos nos hemos olvidado que
debemos tributo a la madre naturaleza, tanto que
la destruimos y ni siquiera rendimos homenaje a
sus bienes. Los autores en el texto hacen un
llamado para tener un respeto a la tierra.
"Estamos en un caos y cerramos los ojos, pero no
nos damos cuenta de la enajenación en que
estamos viviendo, en medio de plagas, del sobre
calentamiento, plagas y de mil cosas más
que nos están acosando. Sólo
buscamos factores externos, pero nunca en el
interior y la respuesta está en los
pueblos nativos. La gente está volviendo
a las tradiciones de esas comunidades",
señala Carlos Barrios.
Las comunidades mayas con las cuales
compartieron los escritores, están
ubicadas en el sur de Yucatán, sur de
Chiapas, en toda Guatemala, norte de Honduras y
algunas personas en El Salvador.
En el país, hay algunos sacerdotes y
calendaristas mayas cerca de Santa Ana,
Morazán y algunas partes de Sonsonate.
Los escritores han tenido encuentros regionales
con estos ancianos y han corroborado y corregido
los aspectos del libro.
Los descendientes del mundo maya preservan la
tradición espiritual pura. "En Guatemala
hay por lo menos dos mil centros ceremoniales
activos y muchos sacerdotes que trabajan por ser
guías espirituales", asegura Barrios.
Una experiencia espiritual
El "Kam Wuj" ha dado muchos satisfacciones a
sus autores. Sus escritos son vivenciales,
Ludovica y Carlos han tenido la oportunidad de
compartir con las comunidades mayas. "Cuando he
sido invitada, me he sentido como una
privilegiada de observar y participar en las
ceremonias, hechas especialmente para pedir
específicas. Por algo siento afinidad con
el mundo maya, no tiene nada que ver que sea
argentina. Son vibraciones con las cuales uno
puede sintonizar, pero hay que entrar con mucho
respeto, es una experiencia casi
intransferible... a mí me han
transformado la vida", manifiesta Ludovica.
Para Carlos Barrios es como entrar a casa,
pues el acercamiento y privilegio de haber
convivido con la tradición más
pura, cerca de treinta años, le dio la
oportunidad de conocer a los dos hombres
más sabios, que dejaron una huella en su
vida. Uno era un sacerdote maya, quien
transmitía sus conocimientos
intelectuales y espirituales; el otro era un
hombre iletrado con una sabiduría que da
la experiencia, la paz y la armonía.
Trabajar el libro desde tres países
diferentes fue difícil porque Ludovica
estaba en Argentina, Carlos en Guatemala y Andy,
la dibujante que ilustró las
páginas, estaba en Bolivia. La
comunicación se tornó
difícil pero el resultado fue bueno.
Parte de los derechos de autor
servirán para contribuir a la
investigación maya, para ayudar a los
ancianos.