Miércoles 1 de marzo


'El libro del destino'

El "Kam Wuj" no es más que un libro basado en la astrología maya que ayuda al hombre a encontrar su destino. Los conocimientos fueron extraídos por Ludovica Squirru y Carlos Barrios, de la civilización maya

Alejandra Salcedo
El Diario de Hoy

Ludovica Squirru, de nacionalidad argentina, es una escritora que ha lanzado cerca de veinte libros de astrología china, sin embargo, el interés por el mundo maya lo lleva en la sangre. Mientras que Carlos Barrios es astrólogo maya, de origen guatemalteco, y posee los conocimientos sobre esa civilización. Ambos se encontraron en un equinoccio de primavera en Tikal, la energía fue tal que no pudieron negarse a extraer de la experiencia "El libro del destino", basado en la astrología maya.

El texto no es más que la recopilación de entrevistas con ancianos y las experiencias de ceremoniales con las comunidades ancestrales.

En tiempos pasados existieron los "Kam Wuj" (libro del destino), pero de ellos no se sabe nada, por eso este ejemplar escrito por los autores pretende ser una llave para entrar al mundo maya, olvidado tras la conquista de los españoles.

El libro es para los lectores una guía que ayuda a encontrar el signo maya con el cual nacieron, descubrirán sus debilidades y hacia dónde tienen que orientar su vida. El texto es introductorio, los interesados deberán profundizar más en el conocimiento maya. "Este es un bebito recién nacido y si bien el mundo maya es muy antiguo, para el continente occidental es desconocido, por eso hay que ayudar a la gente a encontrar su misión. Creo que debe ser un trabajo de solidaridad, en una época de convergencia espiritual y debemos ponernos al servicio de lo maya y no usar lo maya para hacer algo", manifiesta Squirru.

Ceremonias a la naturaleza

Los hombres modernos nos hemos olvidado que debemos tributo a la madre naturaleza, tanto que la destruimos y ni siquiera rendimos homenaje a sus bienes. Los autores en el texto hacen un llamado para tener un respeto a la tierra. "Estamos en un caos y cerramos los ojos, pero no nos damos cuenta de la enajenación en que estamos viviendo, en medio de plagas, del sobre calentamiento, plagas y de mil cosas más que nos están acosando. Sólo buscamos factores externos, pero nunca en el interior y la respuesta está en los pueblos nativos. La gente está volviendo a las tradiciones de esas comunidades", señala Carlos Barrios.

Las comunidades mayas con las cuales compartieron los escritores, están ubicadas en el sur de Yucatán, sur de Chiapas, en toda Guatemala, norte de Honduras y algunas personas en El Salvador.

En el país, hay algunos sacerdotes y calendaristas mayas cerca de Santa Ana, Morazán y algunas partes de Sonsonate. Los escritores han tenido encuentros regionales con estos ancianos y han corroborado y corregido los aspectos del libro.

Los descendientes del mundo maya preservan la tradición espiritual pura. "En Guatemala hay por lo menos dos mil centros ceremoniales activos y muchos sacerdotes que trabajan por ser guías espirituales", asegura Barrios.

Una experiencia espiritual

El "Kam Wuj" ha dado muchos satisfacciones a sus autores. Sus escritos son vivenciales, Ludovica y Carlos han tenido la oportunidad de compartir con las comunidades mayas. "Cuando he sido invitada, me he sentido como una privilegiada de observar y participar en las ceremonias, hechas especialmente para pedir específicas. Por algo siento afinidad con el mundo maya, no tiene nada que ver que sea argentina. Son vibraciones con las cuales uno puede sintonizar, pero hay que entrar con mucho respeto, es una experiencia casi intransferible... a mí me han transformado la vida", manifiesta Ludovica.

Para Carlos Barrios es como entrar a casa, pues el acercamiento y privilegio de haber convivido con la tradición más pura, cerca de treinta años, le dio la oportunidad de conocer a los dos hombres más sabios, que dejaron una huella en su vida. Uno era un sacerdote maya, quien transmitía sus conocimientos intelectuales y espirituales; el otro era un hombre iletrado con una sabiduría que da la experiencia, la paz y la armonía.

Trabajar el libro desde tres países diferentes fue difícil porque Ludovica estaba en Argentina, Carlos en Guatemala y Andy, la dibujante que ilustró las páginas, estaba en Bolivia. La comunicación se tornó difícil pero el resultado fue bueno.

Parte de los derechos de autor servirán para contribuir a la investigación maya, para ayudar a los ancianos.


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