Miércoles 30 de junio


El valor de la humildad

Yo era de las que confundía humildad con pobreza, hasta que un día, el director de este diario me hizo ver la gran diferencia.

Por Janet Cienfuegos O.

"Ser pobre no es sinónimo de ser humilde" dijo. Acto seguido me explicó que una persona de mucho dinero podía ser humilde, al igual que una pobre no serlo.

Humildad es antónimo de soberbia.

A partir de ese día me gustó mucho más la definición y, es más, comencé a buscar humildad no solo en los demás sino en mí misma.

Y aunque debo confesarles que son muchas las ocasiones en que me he sorprendido en posición de absoluta soberbia, a la larga me he dado cuenta de que estar alerta sobre ello es una buena forma para combatirla.

A veces -la mayoría quizá- escudamos nuestra soberbia en nuestro dizque "carácter fuerte", dos palabrejas que pronunciamos con mucho orgullo que, a propósito, es familiar de la soberbia.

Pero, será que alguna vez nos ponemos a pensar en la forma de ser humildes?

Ser humilde es casi como despojarse de cosas que nos son tan íntimas y personales como la forma -en el fondo- de ver a los demás.

Para ser humilde se necesita ser menos pretenciosos, dejar de pensar que, "después de nosotros, la pared".

Ser humilde es reconocer que a pesar de que siempre he pensado "que por mi cara bonita" los demás cederán a mi voluntad, hay cosas más importantes que una cara bonita, quizás sea mejor tener un corazón bonito.

Cuántas veces les ha sucedido que ven a una pareja a la que consideran "dispareja", cuando lo único que han podido juzgar es el físico?

La humildad se siente y se mira.

No por ayudar más a los demás somos más humildes, tal vez, solo tal vez, abonemos a nuestra humildad cuando antepongamos otra persona que se lo merezca a mi tan consentido "yo".

Tal vez seamos un poco más humildes cuando entendamos que, a pesar de lo que nos hemos empeñado en creer, siempre habrá una persona más importante que nosotros.

Porque al fin y al cabo esa fue una de las más importantes enseñanzas que nos dejó aquel que, a pesar de tener méritos para ser un rey, entregó todo por sus semejantes, se despojó no solo de lo material sino además de su individualidad en beneficio de los demás.

Esa es la mejor lección de humildad, heredada a la humanidad...

Comentarios a janet@elsalvador.com


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