El valor de la
humildad
Yo era de las que
confundía humildad con pobreza, hasta que
un día, el director de este diario me
hizo ver la gran diferencia.
Por Janet
Cienfuegos O.
"Ser
pobre no es sinónimo de ser humilde"
dijo. Acto seguido me explicó que una
persona de mucho dinero podía ser
humilde, al igual que una pobre no
serlo.
Humildad es antónimo
de soberbia.
A partir de ese día me
gustó mucho más la
definición y, es más,
comencé a buscar humildad no solo en los
demás sino en mí misma.
Y aunque debo confesarles que
son muchas las ocasiones en que me he
sorprendido en posición de absoluta
soberbia, a la larga me he dado cuenta de que
estar alerta sobre ello es una buena forma para
combatirla.
A veces -la mayoría
quizá- escudamos nuestra soberbia en
nuestro dizque "carácter fuerte", dos
palabrejas que pronunciamos con mucho orgullo
que, a propósito, es familiar de la
soberbia.
Pero, será que alguna
vez nos ponemos a pensar en la forma de ser
humildes?
Ser humilde es casi como
despojarse de cosas que nos son tan
íntimas y personales como la forma -en el
fondo- de ver a los demás.
Para ser humilde se necesita
ser menos pretenciosos, dejar de pensar que,
"después de nosotros, la
pared".
Ser humilde es reconocer que
a pesar de que siempre he pensado "que por mi
cara bonita" los demás cederán a
mi voluntad, hay cosas más importantes
que una cara bonita, quizás sea mejor
tener un corazón bonito.
Cuántas veces les ha
sucedido que ven a una pareja a la que
consideran "dispareja", cuando lo único
que han podido juzgar es el
físico?
La humildad se siente y se
mira.
No por ayudar más a
los demás somos más humildes, tal
vez, solo tal vez, abonemos a nuestra humildad
cuando antepongamos otra persona que se lo
merezca a mi tan consentido "yo".
Tal vez seamos un poco
más humildes cuando entendamos que, a
pesar de lo que nos hemos empeñado en
creer, siempre habrá una persona
más importante que nosotros.
Porque al fin y al cabo esa
fue una de las más importantes
enseñanzas que nos dejó aquel que,
a pesar de tener méritos para ser un rey,
entregó todo por sus semejantes, se
despojó no solo de lo material sino
además de su individualidad en beneficio
de los demás.
Esa es la mejor
lección de humildad, heredada a la
humanidad...
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janet@elsalvador.com