Comentando
El arte de
soñar
Nadina
Rivas*
"Los padres, como primeros e
insustituibles educadores, deben inculcar a los
hijos que la vida es para aquellos que saben
ponerse metas altas, que van a lograr no importa
las dificultades que surjan en el
camino".
El párrafo anterior es
parte de un artículo de opinión
publicado recientemente por la Sra. Teresa de
López, columnista de este
periódico. En él expresa la
obligación que tiene todo padre de
familia de inculcar en sus hijos, desde temprana
edad, el arte de soñar en grande, de
fomentar grandes metas y luchar por
conseguirlas.
Lo anterior me impactó
mucho, ya que en este país aún hay
personas que están resignadas a que las
cosas sigan como están y a que los
gobiernos se encarguen de todo en las vidas de
los ciudadanos. Y nos dejan incapacitados para
realizar nuestras propias metas.
Aún hay personas que
culpan a los gobiernos, al que esté de
turno, de todas las desgracias por las que se
atraviesan.
Recuerdo perfectamente la
famosa frase de "papá gobierno", la cual
identifica la realidad de hace varias
décadas atrás, cuando se
consideraba al gobierno responsable de todas las
áreas de desarrollo en el
país.
Por supuesto, con el paso de
los años se ha demostrado que esa
creencia es obsoleta y, gracias a Dios, esto ha
cambiado. Y los gobiernos, por naturaleza malos
administradores, han tenido la visión de
entregar, a manos productivas, importantes
rubros que antes eran considerados
intocables.
Esto, en definitiva, no gusta
a todos, pues ha sido muy cómodo tener
siempre a quién señalar y
responsabilizar por todas las penurias por las
que hemos pasado.
El Salvador es una
nación joven y aún, creo,
tendremos que atravesar muchas etapas dolorosas
para ir perfeccionando nuestra sociedad. Ni mis
padres ni yo y, tal vez, ni mis hijos lo
podremos ver; sin embargo, considero poco
responsable -porque no seremos directamente los
beneficiarios-, nos conformemos con lo que
actualmente tenemos. Peor aún, el que
querramos volver a actividades del pasado, sin
considerar, siquiera, realizar cambios radicales
que nos permitan avanzar hasta encontrar
soluciones a nuestros problemas.
Es triste realmente ver a los
niños de la calle, los lanzallamas, las
drogas, la pobreza extrema, la
depredación de nuestro medio ambiente, la
falta de agua, entre otras calamidades
más que sufrimos. Pero es más
triste aún que existan personas que
pretendan mantener el status quo y que hayan
perdido ya las esperanzas de cambio.
Como lo escribe la Sra. de
López, debemos enseñar a nuestros
hijos y a nosotros mismos a imitar el majestuoso
vuelo del águila, y no conformarnos con
el vuelo limitado de la gallina.
Enseñarnos a soñar, soñar
con estudios, con lucha personal contra el
conformismo, contra la comodidad.
Los salvadoreños hemos
demostrado sobrada capacidad para realizar
grandes cosas por el bien de la nación
(que somos todos sin distinción). Que
alguien me diga: ¿En cuál
país del mundo se ha llevado a cabo un
proceso de paz con tan buenos resultados como en
el nuestro?
Y por esas capacidades de
cambio, aceptación y sacrificio, creo
imperativo que todos luchemos ahora. Es nuestra
responsabilidad, desde donde sea que nos
encontremos. Todos somos importantes: el alcalde
que nos ayuda a mantener limpias nuestras
ciudades, el barrendero que cumple una labor
digna, el policía que lucha contra las
adversidades, el profesor, el padre de
familia.
Es tiempo que los
salvadoreños aprendamos a volar,
aprendamos a soñar en grande; es nuestra
obligación, para que algún
día este país logre erradicar la
extrema pobreza, la falta de educación,
salud y oportunidad de crecer.
Porque somos un país
libre y esa es nuestra grandeza. Contamos con
grandes capacidades en todos nosotros, esto es
importante que lo reconozcamos. Hasta que no lo
hagamos, los salvadoreños estaremos
condenados a seguir en el mismo lugar con los
mismos problemas y sin un futuro que nos anime a
seguir caminando, que nos empuje a conseguir
todo lo que soñamos.
* Licenciada en
Comunicaciones.