Leo que
leo
El Profeta
Hay veces que das y otras
que no das, días en que crees que has
dado algo pero no ha sido así. Dice el
profeta que al dar puedes vivir, porque retener
es perecer. ¿Cuánto de lo que has
retenido está muerto dentro de tí?
¿Todavía guardas el amor? ¿A
quién esperas? No lo retengas más.
Las mariposas aunque son hermosas se deshacen en
tus manos si no las dejas volar.
Por Telena
Ibarra
Es
una de las acciones más humanas y sin
embargo, se ve que casi no la practicamos: dar.
Nos piden dinero en la calle, nos piden en las
iglesias que oremos, nos piden en las
universidades que estudiemos, nos pide un abrazo
el novio, un beso la hija o nos piden
simplemente una sonrisa, un favor. ¿De todo
esto, qué es lo que damos?
Otra vez quiero hablar sobre
el libro "El profeta" de Kahlil Gibran, sobre lo
que él llama las dádivas. "Dad
ahora, que la estación de las
dádivas pueda ser vuestra y no de
vuestros herederos", dice el profeta
Almustafá.
Hay que dar pero no de lo que
es nuestro sino de nosotros mismos. Tal vez
crees que es una expresión trillada pero
mira en el fondo. ¿Qué posees?
¿Cosas? Te las pueden robar, las puedes
perder. ¿Y si desaparecen qué te
queda? Tienes aún una fortuna: tu
familia, tus amigos y a tí mismo. Facundo
Cabral dice en un relato que un hombre se
quejaba de su poca fortuna y entonces se le
ofrece un millón de dólares a
cambio de sus brazos (creo), el hombre se niega
porque sin brazos no podrá abrazar a sus
hijos. "Qué fortuna tienes y no te has
dado cuenta", le contesta Dios.
No tienes que esperar a
sacarte la lotería para empezar a dar. Si
crees que lo mejor que puedes dar es sólo
dinero estás equivocado.
"Todo lo que poseéis
será dado algún día", dice
el profeta. Cuando la muerte nos alcance todos
los objetos que tanto veneraste se
quedarán, sin tí.
Cuando quiero dar cosas
materiales y me cuesta (porque inexplicablemente
me he encariñado con el objeto en
cuestión) pienso cómo estaba antes
de que ese objeto llegara a mi vida y me
respondo: bien. Tú no cambias porque
tienes un televisor, eres el mismo. Y si pierdes
el televisor de seguro que eres la misma,
¿verdad? ¿Entonces por qué te
lamentas?
Dale vida a la vida sin
remordimientos ni arrepentimientos. Ya no mires
hacia atrás y comienza otra vez, pero hoy
empieza por dar.