Martes 29 de junio


Leo que leo

El Profeta

Hay veces que das y otras que no das, días en que crees que has dado algo pero no ha sido así. Dice el profeta que al dar puedes vivir, porque retener es perecer. ¿Cuánto de lo que has retenido está muerto dentro de tí? ¿Todavía guardas el amor? ¿A quién esperas? No lo retengas más. Las mariposas aunque son hermosas se deshacen en tus manos si no las dejas volar.

Por Telena Ibarra

Es una de las acciones más humanas y sin embargo, se ve que casi no la practicamos: dar. Nos piden dinero en la calle, nos piden en las iglesias que oremos, nos piden en las universidades que estudiemos, nos pide un abrazo el novio, un beso la hija o nos piden simplemente una sonrisa, un favor. ¿De todo esto, qué es lo que damos?

Otra vez quiero hablar sobre el libro "El profeta" de Kahlil Gibran, sobre lo que él llama las dádivas. "Dad ahora, que la estación de las dádivas pueda ser vuestra y no de vuestros herederos", dice el profeta Almustafá.

Hay que dar pero no de lo que es nuestro sino de nosotros mismos. Tal vez crees que es una expresión trillada pero mira en el fondo. ¿Qué posees? ¿Cosas? Te las pueden robar, las puedes perder. ¿Y si desaparecen qué te queda? Tienes aún una fortuna: tu familia, tus amigos y a tí mismo. Facundo Cabral dice en un relato que un hombre se quejaba de su poca fortuna y entonces se le ofrece un millón de dólares a cambio de sus brazos (creo), el hombre se niega porque sin brazos no podrá abrazar a sus hijos. "Qué fortuna tienes y no te has dado cuenta", le contesta Dios.

No tienes que esperar a sacarte la lotería para empezar a dar. Si crees que lo mejor que puedes dar es sólo dinero estás equivocado.

"Todo lo que poseéis será dado algún día", dice el profeta. Cuando la muerte nos alcance todos los objetos que tanto veneraste se quedarán, sin tí.

Cuando quiero dar cosas materiales y me cuesta (porque inexplicablemente me he encariñado con el objeto en cuestión) pienso cómo estaba antes de que ese objeto llegara a mi vida y me respondo: bien. Tú no cambias porque tienes un televisor, eres el mismo. Y si pierdes el televisor de seguro que eres la misma, ¿verdad? ¿Entonces por qué te lamentas?

Dale vida a la vida sin remordimientos ni arrepentimientos. Ya no mires hacia atrás y comienza otra vez, pero hoy empieza por dar.


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