Defendiendo
un gremio
El periodismo: ¿Un
oficio incomprensible?
Juan
José Dalton*
Los periodistas hemos ganado,
en la medida que pasa el tiempo, cada vez mayor
credibilidad y confianza de la sociedad. De
acuerdo con mi percepción, en primer
lugar, porque en la mayoría de los
trabajadores de la prensa existe honestidad,
audacia, amor a la profesión y
espíritu de superación.
Esto es importante para la
democracia, no para la politiquería. En
la actualidad no hay evento importante,
tendencia en marcha o fenómeno provocado
en el que esté ausente la prensa. Muchos
de los males del poder han sido puestos al sol,
gracias al periodismo, por ejemplo, el de las
cesáreas, los fraudes procesales y
bancarios, la corrupción y las
turbulencias políticas.
La prensa está en casi
todo. Pero, ¡ojo!, tenemos que ser
más inconformes; indica que debemos ser
más acuciosos, desconfiados y mejores
escrutadores para lograr prever los
fenómenos en sus dimensiones más
exactas. Además, tenemos que combatir el
amarillismo y la amenaza del utilitarismo de los
medios informativos por aquellos intereses que
no responden a los de la prensa.
El periodismo es, en alguna
medida, como dice Gabriel García
Márquez, un oficio incomprensible; le
agregaría que también amenazado.
Recién un "delincuente absuelto" quiso
sobornar a un fotorreportero y le ofreció
2.000 colones para que no publicara su foto, y
le dijo que "todos los periodistas son
corruptos". Al negarse, este amigo está
en peligro.
Hace algunos años un
ex presidente de la República le dijo a
los corresponsales de medios extranjeros,
durante un desayuno, que "sólo babosadas
escribían"; un jefe de fracción en
el Parlamento ha ejercido la violencia contra
los reporteros y las fotos publicadas hablan por
sí mismas. La Policía
también ha golpeado a los colegas.
No hace mucho leí en
La Prensa Gráfica las declaraciones de un
diputado de izquierda, que me parecieron
condenables. "El organismo (se refiere al
Organismo de Inteligencia del Estado) se puede
prestar para cosas sucias. En términos de
espionaje hay dos tipos de personas que son
idóneas: las mujeres y los periodistas",
dijo el legislador.
Ni las mujeres ni los
periodistas son idóneos para las "cosas
sucias". Los idóneos para las suciedades
son los corruptos, sean estos hombres, mujeres,
periodistas o diputados.
Si en el Organismo de
Inteligencia del Estado (OIE) ha habido, o
existen algunas personas que estuvieron ligadas
a procesos de comunicación social, el
paso que dieron para asumir dichas funciones son
de índole individual y en correspondencia
con los valores que sustentan.
Es antiético atacar
los males de una institución, denigrando
a las personas. La OIE es creación de los
Acuerdos de Paz, por lo tanto, si existe
desviación de ese organismo hacia "cosas
sucias", es responsabilidad también de la
ex guerrilla, que en lugar de preocuparse por
los intereses de la Nación, protagoniza
un pleito frustrante.
Es trascendental que los
periodistas profundicemos los debates acerca del
profesionalismo y la dignificación de
nuestro oficio, del cual aún nos falta
mucho que aprender y ofrecer. El sabio "Gabo"
dijo: "El periodismo es una pasión
insaciable que sólo puede digerirse y
humanizarse por su confrontación
descarnada con la realidad. Nadie que no haya
nacido para eso y esté dispuesto a vivir
por eso podría persistir en un oficio tan
incomprensible y voraz, cuya obra se acaba
después de cada noticia, como si fuera
para siempre, pero que no concede un instante de
paz mientras no vuelve a empezar con más
ardor que nunca en el minuto
siguiente".