La Nota del
Día
28 de junio de
1999
Con el turismo llega el
desarrollo
Una de las principales, y
predecibles, recomendaciones de la conferencia
del INCAE, en Costa Rica, a principios de mes,
fue desarrollar el turismo como un gran
potencial de ingreso para Centro-América.
Los profesores de Harvard Jeffrey Sachs y
Michael Porter, señalaron a los
presidentes que asistieron, funcionarios y gente
de empresa, las bondades de la propuesta, que ya
beneficia grandemente a Guatemala y Costa
Rica.
En la hermana nación,
decenas de miles de visitantes procedentes de
Europa y América del Norte, acuden a
disfrutar de las playas, a los ríos, los
bosques tropicales y los volcanes. Y
después de sus giras, la pasan muy bien
en los hoteles de San José y de la costa,
divirtiéndose en restaurantes, en
cafés, en discotecas y en las obligadas
compras.
El turismo se ha convertido
en la gran industria de esta segunda mitad del
siglo, aunque turistas los hubo desde tiempos
inmemoriales. Herodoto, padre de la Historia,
fue turista hace más de dos mil
cuatrocientos años, como también
Goethe en su recorrido por Italia, a finales del
Siglo XVIII, y Washington Irving, en
España a principios del XIX. Pero de ese
turismo, hecho a pie, a caballo, en precarias
embarcaciones, pasando mil peligros y
adentrándose en lo ignoto, sólo
quedan las memorias. Compárese con el
turismo de confort, amplias facilidades y poco
tiempo que está al alcance de cualquier
persona de clase media, aun de nuestros
países.
El turismo, como bien se
sabe, fue un elemento vital para iniciar el
desarrollo económico de varios
países de Europa después de la
Segunda Guerra Mundial. Italia, España,
Grecia, Portugal, y ahora las emancipadas
naciones del Este europeo, se engrandecieron,
recibiendo a centenares de miles de
estadounidenses, ingleses, alemanes y
escandinavos que iban y siguen yendo en busca
del sol. Del sol, de la alegría
mediterránea, de monumentos y museos, de
ricos restaurantes, de mucho baile y "mucha
movida". Eso es lo que debe orientarnos. Hay que
aprender de la experiencia ajena.
Playas inmundas no atraen a
nadie
Estamos, por desgracia, con
graves problemas para atraer turistas. El
más obvio es el de la inseguridad, que
amenaza a los nativos y que ha ya cobrado
víctimas entre los visitantes, como aquel
bus lleno de japoneses que fue asaltado en las
cercanías del Cerro Verde. Y los asaltos
continúan, pues la "muchachada", esos que
fueron entrenados a matar sin piedad, no atina,
e igual le cae encima a un grupo de noruegos,
que a familias de Jucuapa o Ciudad Barrios que
quieren visitar el sitio.
Lo segundo es la deplorable
situación en que se encuentran nuestras
playas, convertidas en porquerizas inmundas,
riesgosas y malolientes. Una serie de
alcaldías de la costa, como la de La
Herradura, con la mayor tranquilidad y, de
seguro, a cambio de regalitos, están
autorizando que en plena playa, que es terreno
nacional, se instalen prostíbulos,
bebederos, ranchos antihigiénicos y,
encima de ello, letrinas que no pasan de ser un
agujero en la arena.
En ese relajo que apesta las
playas de El Salvador, los riesgos son
múltiples: se puede contraer paludismo,
se pegan infecciones en los pies, hay chance de
contagiarse con enfermedades terribles (por las
hetairas) y mucha gente sólo llega a
embriagarse mientras se acompaña con la
música de radios. Lo que debería
ser una oportunidad para que las familias se
diviertan sanamente, se ha convertido en un
verdadero asco.
No sólo eso. Una
niñita de once años que fue con su
familia a esos lugares, fue violada y luego
estrangulada por sujetos que se confunden entre
el gentío desordenado. La
ciudadanía debe esperar lo peor mientras
se mantenga ese estado de cosas.
En los países que se
lucran del turismo, los municipios dan
concesión para establecer servicios a los
bañistas, pero con cabinas limpias y la
obligación de letrinizar. Y pasada la
temporada, la playa vuelve a su natural
condición.