Los calurosos
proyectos de Flores
Algunos ya estaban
desesperados por el calor, cuando el presidente
de la República hizo las revelaciones a
la intemperie.
Oscar
Tenorio
El Diario de
Hoy
El
presidente de la República tardó
más en llegar que en anunciar sus
propuestas. Por suerte, habló poco, ya
que la ardiente jornada comenzaba a evaporar la
tranquilidad y la paciencia.
El lugar del encuentro fue
una pista de aterrizaje ubicada en el
cantón Las Isletas, de San Pedro
Masahuat, La Paz, que había sido
acondicionada para la ocasión. El zacate
estaba recién cortado y las avionetas,
que en sus mejores días fumigaban
algodonales, estaban guardadas en un
pequeño hangar. Varios tractores
habían sido estacionados al fondo del
caluroso escenario.
El día había
amanecido soleado, como en el esplendor del
verano. Apenas eran las ocho de la mañana
y el sol ya aturdía a cualquiera. Menos
mal que varios empleados del gobierno
habían colocado tres grandes toldos a la
orilla de la pista. Todos los que llegaban,
buscaban rápidamente refugio en los
"oasis". Nadie se atrevía a sentarse en
las sillas, colocadas a la
intemperie.
Sin embargo, cuando se
acercaba el inicio del evento, el maestro de
ceremonias sugirió a los invitados -la
mayoría "distinguidos"-: "Por favor, les
pedimos llenar las sillas vacías".
-"¡No hombre!, si esas sillas están
hirviendo"-, dijo un señor que
prefirió quedarse acurrucado debajo de
uno de los toldos.
Los demás, obligados
por el decoro, caminaron hacia el descampado.
Unos se sentaron en las orillas de las calientes
sillas de metal; otros, prefirieron seguir de
pie, dándole la espalda al sol. Todos,
"distinguidos" y campesinos, estaban en el
crisol de las revelaciones.
¡Ufffff!
Cuando la ceremonia
inició y el presidente Francisco Flores
comenzó a hablar, la desesperación
comenzaba a hervir. Sudor por todos lados y
pañuelos mojados. Perfumes evaporados y
pieles pegajosas. Sed y botellitas sin agua.
Nadie podía tapar el sol con un
dedo.
Como previendo cualquier
queja posterior, Flores se adelantó y
soltó su proverbio: "Paso encerrado en
medio de gruesas cortinas y blancas paredes de
Casa Presidencial. Rara vez tengo la oportunidad
de ver esta realidad, por eso he venido
aquí". Algunos, temerosos por una
insolación, preferían ver hacia el
suelo.
Para alivio de muchos, el
discurso de Flores duró poco, apenas diez
minutos.
Luego de los aplausos de
despedida &emdash;y de alegría por
regresar a la sombra&emdash;, el presidente
caminó presuroso y subió a una de
las viejas camionetas. De seguro, el aire
acondicionado del automóvil
calmaría cualquier conato de
exasperación matinal.