Lo
que suena
MI VIDA SIN TU AMOR/
Christian Castro/ BMG
Cuando quiere puede. Y en
manos del productor adecuado, el mexicano
Christian Castro no sólo es capaz de
salir de la sombra de Luis Miguel, sino de
articular buenas propuestas
discográficas. No precisamente obras
maestras (ya nadie tiene visión a largo
plazo), pero sí del tipo Lo mejor de
mí, álbum que se aleja de lo
peorcito que circula en el "mercado". O sea, que
cuando el cuate quiere, el cuate puede, y se
despoja de esa insorportable levedad de lo
mediocre.
Eliseo
Cardona
Especial para
El Diario de Hoy
Pero si Rudy Pérez, el
productor de aquél, lo llevó con
mano recia, Kike Santander, el productor de
éste, lo condujo con mano de
organillero.
Vamos, Mi vida sin tu amor
peca por partida doble: es aburrido con bostezo
en AAAAH sostenido y soporífero con ZZZZZ
mayúscula. (Ronquidos
incluidos).
Momento: lo salvan Volver a
amar y Alguna vez (Kike Santander), temas
excepcionales si se oyen sacados de un
repertorio que ha sido organizado, arreglado y
conceptualizado como para ofender la
sensibilidad de los miembros de una
reunión de Dormilones
Anónimos.
Más y más
(Santander), orquestado con tono de
electrónica pulsación, es mera
bofetada en este viaje hacia el descanso
plácido de los mortales. Que finaliza con
Verónica, tema escrito por Castro para
homenajear a su mami, y de paso llamar la
atención de los que contratan
escribidores para las tarjetas
Hallmark.
Sin pensarlo demasiado, le
darán un puestecito.
DILE AL SOL/ La oreja de
Van Gogh/ Sony Music
En España al parecer
las comparaciones vuelan como palomas de plaza
pública (en las privadas se mueren de
hambre), y ha sido cosa natural medir al grupo
La Oreja de Van Gogh con Mecano, el trío
que desgajó el pop español en un
antes y después de su
música.
Pero el ejercicio de
tú y aquél sale sobrando, porque
si Mecano se miraba al ombligo para decir cosas
tremendas sobre el español que todos
llevamos dentro (y el que no llevamos
también, vaya), La Oreja dice las suyas,
pero de manera bobaliconamente
aceptable.
La carencia de letras
contundentes, sin embargo, es compensada con
menú de ritmos más variado que el
de los hermanos Cano: reggae pauterizado, soft
rock del tipo Jefferson Airplane y baladas
sacras, entre otros, armados todos con arreglos
excepcionales. Amaia Montero, la vocalista del
grupo, sólo le debe a su colega Ana
Torroja algunas inflexiones, pero no el erotismo
ni la suntuosa seducción de que es capaz
en dos o tres versos.
Los muchachos, que
venían tocando juntos desde hace varios
años, al parecer perdieron en la frialdad
del estudio de grabaciones la actitud demente
con que el pintor holandés se
cercenó la ternilla. Cosa de lamentar: el
tono de la placa es de una olvidable
cordura.