Sábado 26 de junio


Lo que suena

MI VIDA SIN TU AMOR/ Christian Castro/ BMG

Cuando quiere puede. Y en manos del productor adecuado, el mexicano Christian Castro no sólo es capaz de salir de la sombra de Luis Miguel, sino de articular buenas propuestas discográficas. No precisamente obras maestras (ya nadie tiene visión a largo plazo), pero sí del tipo Lo mejor de mí, álbum que se aleja de lo peorcito que circula en el "mercado". O sea, que cuando el cuate quiere, el cuate puede, y se despoja de esa insorportable levedad de lo mediocre.

Eliseo Cardona

Especial para El Diario de Hoy

Pero si Rudy Pérez, el productor de aquél, lo llevó con mano recia, Kike Santander, el productor de éste, lo condujo con mano de organillero.

Vamos, Mi vida sin tu amor peca por partida doble: es aburrido con bostezo en AAAAH sostenido y soporífero con ZZZZZ mayúscula. (Ronquidos incluidos).

Momento: lo salvan Volver a amar y Alguna vez (Kike Santander), temas excepcionales si se oyen sacados de un repertorio que ha sido organizado, arreglado y conceptualizado como para ofender la sensibilidad de los miembros de una reunión de Dormilones Anónimos.

Más y más (Santander), orquestado con tono de electrónica pulsación, es mera bofetada en este viaje hacia el descanso plácido de los mortales. Que finaliza con Verónica, tema escrito por Castro para homenajear a su mami, y de paso llamar la atención de los que contratan escribidores para las tarjetas Hallmark.

Sin pensarlo demasiado, le darán un puestecito.

DILE AL SOL/ La oreja de Van Gogh/ Sony Music

En España al parecer las comparaciones vuelan como palomas de plaza pública (en las privadas se mueren de hambre), y ha sido cosa natural medir al grupo La Oreja de Van Gogh con Mecano, el trío que desgajó el pop español en un antes y después de su música.

Pero el ejercicio de tú y aquél sale sobrando, porque si Mecano se miraba al ombligo para decir cosas tremendas sobre el español que todos llevamos dentro (y el que no llevamos también, vaya), La Oreja dice las suyas, pero de manera bobaliconamente aceptable.

La carencia de letras contundentes, sin embargo, es compensada con menú de ritmos más variado que el de los hermanos Cano: reggae pauterizado, soft rock del tipo Jefferson Airplane y baladas sacras, entre otros, armados todos con arreglos excepcionales. Amaia Montero, la vocalista del grupo, sólo le debe a su colega Ana Torroja algunas inflexiones, pero no el erotismo ni la suntuosa seducción de que es capaz en dos o tres versos.

Los muchachos, que venían tocando juntos desde hace varios años, al parecer perdieron en la frialdad del estudio de grabaciones la actitud demente con que el pintor holandés se cercenó la ternilla. Cosa de lamentar: el tono de la placa es de una olvidable cordura.


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