La Nota del
Día
23 de junio de
1999
¿Bordas contra la
desforestación?
"Para los ribereños
del río Paz, la solución a sus
desbordamientos es fácil, pero la ven muy
lejana. Ante un problema que se repite
año tras año, están
decepcionados y resignados a
esperar..."
EL DIARIO DE HOY, 23 de junio
de 1999
La solución a la que
se refieren los ribereños del río
Paz, son bordas que contengan las aguas, como
las que estaban en proceso de
construcción cuando fueron arrasadas.
Pero esto, por desgracia, no pasa de ser una
cura contra los síntomas, no la
eliminación de las causas. Al paso que
vamos, cada año serán necesarias
bordas más altas y más fuertes,
pues los sucesivos inviernos irán
incrementando la intensidad de los
caudales.
La principal causa de las
graves inundaciones que se han padecido en los
últimos años, como de una parte
sustancial de los perjuicios ocasionados por el
"Mitch", es la deforestación de las
cuencas fluviales, que deja la tierra sin
protección. El agua que cae no se
absorbe, sino que fluye sin control. En los
terrenos altos, las correntadas arrancan el
manto vegetal -lo que queda de él-,
mientras en las zonas bajas y los cauces, se
acumula en forma desproporcionada, lo que
constituye las inundaciones. Ese manto -formado
de humus, tierra, arenillas, piedra, etc.- se
transforma en azolve y es lo que está
inutilizando las presas hidroeléctricas,
o eventualmente llega al mar fertilizando sus
aguas.
El proceso se acelera con el
tiempo: cada vez hay menos vegetación,
las correntadas de agua son más fuertes,
y las inundaciones más mortíferas.
Si la civilización "comienza cuando se
corta el primer árbol y termina cuando se
corta el último", los salvadoreños
vamos directo al desastre.
Necesitamos una cura
permanente, no temporal
Lo que aflige en esto es que
la tala de árboles continúa
aquí sin misericordia, pues los
beneficiarios con los repartos de los duartistas
en 1980 (la "cooperativización"), los que
recibieron propiedades con los "acuerdos de
paz", los invasores de fincas y haciendas,
más bandas de depredadores, no descubren
otro beneficio en la tierra, que cortar lo que
esté a su alcance y largarse. Un amigo
nuestro acaba de comprar unas manzanas en las
vecindades de Suchitoto; el dueño
anterior, propietario "de a dedo",
diligentemente se dedicó a cortar los
árboles y arbustos del terreno hasta que
no quedó ninguno. Llegado a ese extremo
de sus esfuerzos, vende el desierto por
él creado. Toca ahora a nuestro amigo
iniciar la reforestación de la propiedad
devastada.
Adicionalmente, en la
práctica el esquema "cooperativista" es
adverso a la conservación de suelos y el
cuidado de las cuencas. Lo es por las razones
siguientes:
-si las "cooperativas" ni
siquiera pueden dar servicio a sus compromisos,
menos tendrán recursos para invertir en
algo cuyos beneficios son de largo plazo y que,
además, no alcanzan a
comprender;
-la mayoría de las
"cooperativas" han arrasado con los bosques
dentro de su propiedad, vendiendo como
leña la madera;
-al ir cayendo las
"cooperativas" en manos de grupos familiares,
mafias y círculos de interés,
quienes las controlan buscan el beneficio
inmediato, no el mediato. Lo que quieren casi
todos es vender y sacar su dinero lo antes
posible, no persistir con cultivos y obras que
son incapaces de manejar.
Para colmar la copa de
amarguras, la Ley del Medio Ambiente es
contraria a la reforestación, al cultivo
de bosques, a las inversiones a largo plazo. Una
ley punitiva y persecutoria se puede
neutralizar, pero nunca transformarla en un
vehículo de fomento a aquellos esquemas
capaces de revertir el acelerado deterioro en
que se encuentra el país. Una de las
maneras de hacerlo sería "comprar
oxígeno", como proceden corporaciones del
primer mundo: compensan la contaminación
que causan, adquiriendo bosques en el sentido de
financiarlos o desarrollarlos ellos
mismos.
La emergencia hace necesarias
las bordas, pero sólo como un remedio
temporal. La cura permanente es devolver la
tierra a una economía de
mercado.