Lunes 14 de junio


Yugoslavia y la recuperación mundial

La OTAN, junto con América como la primera entre iguales, conduce una guerra aérea en contra de Serbia. Su esperanza ha sido forzar el final de la purificación étnica que realizan los serbios en contra de la mayoría albana dentro de la región de Kosovo en Yugoslavia.

El Diario de Hoy

¿Cuáles son las consecuencias económicas de esto? ¿Cuál será la posible consecuencia económica para la economía global de finales del siglo?

¿Para los vecinos de Yugoslavia en la Unión Europea? ¿Para las naciones en emergencia que luchan desesperadamente por salir de sus crisis financieras posteriores a 1997?

Y finalmente, ¿cuáles son los posibles efectos sobre la prosperidad lunamielera de América y el desatado mercado al alza en Wall Street?

La historia económica nos da una rica variedad de experiencias para tiempos de guerra. La guerra napoleónica, entre Francia y los aliados de Bretaña, al principio del Siglo XIX, llevó predeciblemente a tiempos inflacionarios y una actividad empresarial sobrecaliente. Luego de la derrota de Napoleón en 1815, en Waterloo, siguió una deflación de posguerra no muy diferente a la que ocurrió luego de la guerra civil de América en 1861-65, y que se repitió con la aguda recesión de 1921 luego del final de la primera guerra mundial.

La economía no es una ciencia exacta. No hay un patrón repetitivo que pueda utilizarse para hacer predicciones precisas y confiables. Luego de la Segunda Guerra Mundial, tanto entre los países victoriosos como entre las naciones derrotadas, no hubo recesión como la que siguió a la Primera Guerra Mundial.

Quizá esto se debió a la llegada de la era posterior a Keynes, en que se habían aprendido las lecciones con las que pudieran amortiguarse mediante juiciosos programas macroeconómicos gubernamentales los naturales altibajos de cualquier macro anarquía en los mercados privados.

El altamente exitoso plan Marshall de América aceleró la recuperación de Europa en la posguerra, y aplanó el camino para la promoción del libre comercio continental, tanto en bienes como en servicios, mediante el Mercado Común. Europa aceleró para reducir su distancia tras de América. También, sorprendentemente efectivo fue el programa de ocupación del general MacArthur para la reforma y el desarrollo en Japón. Japón se sorprendió a sí mismo con su salto hacia la riqueza, propiciado por las exportaciones.

De forma inesperada, el bombardeo americano en contra del ejército invasor de Saddam Hussein en Kuwait involucró poco estímulo para la economía americana en 1990. Gran parte de nuestro uso del material militar salió del inventario. Y, además, nuestros aliados ayudaron a pagar el esfuerzo de bombardeo de precisión. Como resultado, la larga y cansada recuperación de Reagan en los 1980 fue convertida en una clara débil recesión por la Guerra del Golfo.

En Japón, miles de millas alejado del Medio Oriente, se produjeron profundos problemas en 1990 al romperse dos espectaculares burbujas &emdash;la burbuja especulativa de los bienes raíces y la simultánea sobrevaluación de las acciones comunes&emdash; dramáticamente al mismo tiempo. La consecuencia ha sido toda una década de hundimiento y parálisis en Japón, con el fin no todavía claramente a la vista.

Presagios

Si el bombardeo de precisión en contra de Serbia fuera a llevar rápidamente a un cambio en el liderazgo allá, el balance económico no registraría cambio importante alguno en una otra forma. Pero si la OTAN se enreda en una larga acción terrestre en contra de la guerrilla, los presagios para la economía mundial serían más ominosos.

Europa y Asia tienen un interés egoísta en que no termine la prosperidad en EUA. Unicamente entonces continuaremos siendo importadores de la producción que provee los necesarios empleos en Asia y en Europa. En particular, la reciente recuperación de Corea y el continuo crecimiento de China se verían amenazados por cualquier colapso en Wall Street que hiciera caer la economía lunamielera del presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan.

Cuando todo es perfecto, un cambio es todo lo que hay que temer. La larga expansión Kennedy-Johnson de la década de los 60 terminó con la última gota de la guerra de Vietnam, que produjo un sobrecalentamiento aquí y llevó a la Reserva Federal a apretar el crédito, causa de la década de estanflación -simultáneo estancamiento e inflación, una combinación letal- de los años 70.

La economía no puede dictar la política pública. Mis colegas economistas y yo somos peones de la voluntad social, no sus dictadores. Si la acción en contra de Serbia es producida por intereses humanos y la insistencia del público, entonces la Reserva Federal tendrá que apretar el crédito cuando la economía se sobrecaliente. Si ello desacelera el crecimiento, si causa que se dispare el desempleo, incluso si produce una recesión, éste será el precio necesario de la toma democrática de decisiones.

Debido a que todos vivimos en un mundo interdependiente, las naciones del extranjero que no tienen una decisión consciente sobre la agitación en los Balcanes van a compartir involuntariamente los costos que tenga pagar Europa y América del Norte.

Francia era más poderosa que su colonia en Indonesia. Sin embargo, tuvo que renunciar a ella a principios de los años 50, cuando el precio de preservar el status colonial se volvió demasiado alto. Lo mismo ocurrió en 1775-1783, cuando América libro una exitosa revolución en contra de sus más poderosos maestros británicos. América, la potencia militar No. 1 a finales de los años 50, se contentó al final con una Corea mitad comunista y mitad capitalista cuando se consideró demasiado alto el precio de continuar con la guerra.

El público americano aborrece las muertes entre sus soldados, marinos o pilotos. Milagrosamente, la Guerra del Golfo pudo librarse casi sin víctimas norteamericanas. Cuando y si la OTAN pasa al uso de tropas de tierra en Yugoslavia, con toda probabilidad serán inevitables las víctimas. Sin una disminución del odio hacia la purificación étnica y el genocidio al estilo de Hitler, los votantes de América pudieran entonces encontrarse teniendo que hacer una agonizante re-evaluación de su decisión por luchar en Yugoslavia.

Si, el retiro podría ser humillante. Pero la política del poder, atestigua la historia, puede ser un negocio doloroso incluso para las más poderosas de las naciones.


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