Yugoslavia y la
recuperación mundial
La OTAN, junto con
América como la primera entre iguales,
conduce una guerra aérea en contra de
Serbia. Su esperanza ha sido forzar el final de
la purificación étnica que
realizan los serbios en contra de la
mayoría albana dentro de la región
de Kosovo en Yugoslavia.
El Diario de
Hoy
¿Cuáles
son las consecuencias económicas de esto?
¿Cuál será la posible
consecuencia económica para la
economía global de finales del
siglo?
¿Para los vecinos de
Yugoslavia en la Unión Europea?
¿Para las naciones en emergencia que luchan
desesperadamente por salir de sus crisis
financieras posteriores a 1997?
Y finalmente,
¿cuáles son los posibles efectos
sobre la prosperidad lunamielera de
América y el desatado mercado al alza en
Wall Street?
La historia económica
nos da una rica variedad de experiencias para
tiempos de guerra. La guerra napoleónica,
entre Francia y los aliados de Bretaña,
al principio del Siglo XIX, llevó
predeciblemente a tiempos inflacionarios y una
actividad empresarial sobrecaliente. Luego de la
derrota de Napoleón en 1815, en Waterloo,
siguió una deflación de posguerra
no muy diferente a la que ocurrió luego
de la guerra civil de América en 1861-65,
y que se repitió con la aguda
recesión de 1921 luego del final de la
primera guerra mundial.
La economía no es una
ciencia exacta. No hay un patrón
repetitivo que pueda utilizarse para hacer
predicciones precisas y confiables. Luego de la
Segunda Guerra Mundial, tanto entre los
países victoriosos como entre las
naciones derrotadas, no hubo recesión
como la que siguió a la Primera Guerra
Mundial.
Quizá esto se
debió a la llegada de la era posterior a
Keynes, en que se habían aprendido las
lecciones con las que pudieran amortiguarse
mediante juiciosos programas
macroeconómicos gubernamentales los
naturales altibajos de cualquier macro
anarquía en los mercados privados.
El altamente exitoso plan
Marshall de América aceleró la
recuperación de Europa en la posguerra, y
aplanó el camino para la promoción
del libre comercio continental, tanto en bienes
como en servicios, mediante el Mercado
Común. Europa aceleró para reducir
su distancia tras de América.
También, sorprendentemente efectivo fue
el programa de ocupación del general
MacArthur para la reforma y el desarrollo en
Japón. Japón se sorprendió
a sí mismo con su salto hacia la riqueza,
propiciado por las exportaciones.
De forma inesperada, el
bombardeo americano en contra del
ejército invasor de Saddam Hussein en
Kuwait involucró poco estímulo
para la economía americana en 1990. Gran
parte de nuestro uso del material militar
salió del inventario. Y, además,
nuestros aliados ayudaron a pagar el esfuerzo de
bombardeo de precisión. Como resultado,
la larga y cansada recuperación de Reagan
en los 1980 fue convertida en una clara
débil recesión por la Guerra del
Golfo.
En Japón, miles de
millas alejado del Medio Oriente, se produjeron
profundos problemas en 1990 al romperse dos
espectaculares burbujas &emdash;la burbuja
especulativa de los bienes raíces y la
simultánea sobrevaluación de las
acciones comunes&emdash; dramáticamente
al mismo tiempo. La consecuencia ha sido toda
una década de hundimiento y
parálisis en Japón, con el fin no
todavía claramente a la vista.
Presagios
Si el bombardeo de
precisión en contra de Serbia fuera a
llevar rápidamente a un cambio en el
liderazgo allá, el balance
económico no registraría cambio
importante alguno en una otra forma. Pero si la
OTAN se enreda en una larga acción
terrestre en contra de la guerrilla, los
presagios para la economía mundial
serían más ominosos.
Europa y Asia tienen un
interés egoísta en que no termine
la prosperidad en EUA. Unicamente entonces
continuaremos siendo importadores de la
producción que provee los necesarios
empleos en Asia y en Europa. En particular, la
reciente recuperación de Corea y el
continuo crecimiento de China se verían
amenazados por cualquier colapso en Wall Street
que hiciera caer la economía lunamielera
del presidente de la Reserva Federal, Alan
Greenspan.
Cuando todo es perfecto, un
cambio es todo lo que hay que temer. La larga
expansión Kennedy-Johnson de la
década de los 60 terminó con la
última gota de la guerra de Vietnam, que
produjo un sobrecalentamiento aquí y
llevó a la Reserva Federal a apretar el
crédito, causa de la década de
estanflación -simultáneo
estancamiento e inflación, una
combinación letal- de los años 70.
La economía no puede
dictar la política pública. Mis
colegas economistas y yo somos peones de la
voluntad social, no sus dictadores. Si la
acción en contra de Serbia es producida
por intereses humanos y la insistencia del
público, entonces la Reserva Federal
tendrá que apretar el crédito
cuando la economía se sobrecaliente. Si
ello desacelera el crecimiento, si causa que se
dispare el desempleo, incluso si produce una
recesión, éste será el
precio necesario de la toma democrática
de decisiones.
Debido a que todos vivimos en
un mundo interdependiente, las naciones del
extranjero que no tienen una decisión
consciente sobre la agitación en los
Balcanes van a compartir involuntariamente los
costos que tenga pagar Europa y América
del Norte.
Francia era más
poderosa que su colonia en Indonesia. Sin
embargo, tuvo que renunciar a ella a principios
de los años 50, cuando el precio de
preservar el status colonial se volvió
demasiado alto. Lo mismo ocurrió en
1775-1783, cuando América libro una
exitosa revolución en contra de sus
más poderosos maestros británicos.
América, la potencia militar No. 1 a
finales de los años 50, se
contentó al final con una Corea mitad
comunista y mitad capitalista cuando se
consideró demasiado alto el precio de
continuar con la guerra.
El público americano
aborrece las muertes entre sus soldados, marinos
o pilotos. Milagrosamente, la Guerra del Golfo
pudo librarse casi sin víctimas
norteamericanas. Cuando y si la OTAN pasa al uso
de tropas de tierra en Yugoslavia, con toda
probabilidad serán inevitables las
víctimas. Sin una disminución del
odio hacia la purificación étnica
y el genocidio al estilo de Hitler, los votantes
de América pudieran entonces encontrarse
teniendo que hacer una agonizante
re-evaluación de su decisión por
luchar en Yugoslavia.
Si, el retiro podría
ser humillante. Pero la política del
poder, atestigua la historia, puede ser un
negocio doloroso incluso para las más
poderosas de las naciones.