Lunes 14 de junio
Inauguran dos casinos en Santa Ana y San Miguel

El casino "San Remo" es la novedad en Santa Ana. Funciona en un edificio que tiene varias historias. Hasta hace poco, la pupusería "Memita" operaba en el local, ubicado en el centro de Santa Ana, en las cercanías de zonas residenciales

El Diario de Hoy

Esa construcción esquinera ha tenido toda clase de suerte. Está ubicada entre la 25a. Calle Poniente y la 10a. Avenida Sur de Santa Ana, y durante las últimas décadas ha albergado a varios negocios con nombres y servicios para todos los gustos. El último inquilino es un casino que se llama "San Remo".

Primero, operó allí una pista de patinaje, cuando los patines de cuatro ruedas estaban de moda y los jóvenes bailaban "Xanadú" y "Fiebre de sábado por la noche". Después, el recinto fue despejado para instalar una sala de recepciones, en donde se celebraba cualquier regocijo: cumpleaños, fiestas rosas, bautizos, "baby showers", bodas... Después de muchos júbilos, el lugar feneció.

Al tiempo, inauguraron un nuevo negocio en ese lugar. Esa vez, pupusería "Memita" se ponía a disposición de los santanecos. La especialidad de la casa: pupusas de maíz, revueltas, de chicharrón, queso... El comedor tuvo el mismo final que los anteriores negocios y lo cerraron. Todos quebraron.

En las últimas semanas, el local fue remodelado y en la parte posterior del edificio se colocó un nuevo rótulo: casino "San Remo" -acompañado por unas cartas de naipe-. Ahora, la suerte de ese edificio de esquina -en la parte alta funciona un hotel- depende de los dados, las cartas y las jugadas de las máquinas tragaperras.

La nueva decoración

El casino fue inaugurado el 5 de junio anterior, sin cohetes ni mariachis, ni promociones del "dos por uno". El lugar es diferente a los demás que operan en San Salvador. Ubicada en las cercanías de zonas residenciales de Santa Ana, esa es una casa de juegos de puertas abiertas, sin muchos escrúpulos, que no tiene las entradas en recodos ni vigilantes en las penumbras.

Cualquiera que pase por esas calles puede observar de lejos el interior del casino: sus blancas paredes iluminadas, las máquinas tragaperras que convulsionan una y otras vez, y los meseros moviéndose de un lado para otro, atendiendo a los nuevos clientes, muchos de ellos, futuros parroquianos.

El lugar es pequeño si se compara con los otros que funcionan, y está divido en dos. A un costado están instaladas las máquinas traganíqueles -unas 43 con diferentes juegos-, que prometen ganancias sin mucho esfuerzo. Al otro lado del salón están instaladas seis mesas de juegos de cartas, que son atendidas por varias señoritas -algunas extranjeras-. En este lado no se prueba suerte con unas cuantas monedas, sino "con unos cuantos billetes".


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