Lunes 14 de junio
A encerrona para negociar futuro de licitaciones

A partir de hoy, y hasta el martes la Comisión de Hacienda se reunirán todo el día para estudiar la nueva ley de licitaciones. Después de analizado el borrador se hará una nueva consulta ciudadana

Ana Giralt

El Diario de Hoy

Las manecillas del reloj empezaron a caminar. A partir de las 9:00 a.m. -y si los diputados son puntuales- la Comisión de Hacienda, de la Asamblea Legislativa, reiniciará el estudio de la Ley de Adquisiciones y Contrataciones de la Administración Pública.

Por unanimidad, los diputados decidieron "encerrarse" este este lunes y martes para terminar de analizar la ley, pero todo indica que no será tan fácil pues mientras que ARENA

quiere flexibilizarla ,el FMLN pretende endurecerla al máximo.

Sumado a la insistencia de Convergencia Democrática (CD) en crear una ley que se refiera, únicamente al tema de las concesiones públicas y las insistente petición de

la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP), en exponer nuevas propuestas a los diputados. Sin embargo la agenda está lista.

En dos días, se pretende terminar con el análisis de los 172 artículos que regirán los procesos de licitación pública y privados que realicen las instituciones autónomas y estatales. Los diputados lograron avanzar en el estudio de 24 artículos, a pesar que la normativa llegó al Congreso hace seis meses (diciembre de 1998).

¿Protegiendo intereses?

El Artículo 26 establece limitaciones a las personas naturales que pueden participar como oferentes en una licitación. Por un lado, se niega ese derecho a los funcionarios dueños o socios de una empresa licitadora, con acciones que superen el 25 por ciento. Por el otro, se inhibe de hacerlo a los familiares de los titulares hasta en segundo grado de consanguinidad o afinidad.

Este segundo punto se ha convertido en la manzana de la discordia. El FMLN quiere que la ley se guíe por el Código de Familia y por eso propone restringir la participación hasta el cuarto grado de consanguinidad y el segundo de afinidad.

ARENA apuesta por la redacción actual. De lo contrario, dice el diputado Julio Gamero, la oportunidad de concursar quedaría en las manos de unas cuantas empresas salvadoreñas.

Al ser un país pequeño -dice- la mayoría de personas se conocen y de alguna forma tiene un grado de parentesco, al cerrar las opciones "lo que estamos diciendo es: extranjeros ustedes son los que tienen que venir a ofertar".

El partido del gobierno está a la caza de un objetivo: que cualquier funcionario participe de la licitación o concesión que realice otras carteras y la transparencia de su trabajo será controlada por la misma ley.

No más urgencia

La confrontación será el ingrediente principal a lo largo de la encerrona. El efemelenista Gerson Martínez afina su "arma" para impedir que siga existiendo el calificativo de urgente (Art 73) que permite a un funcionario hacer una contratación con base en las ofertas de tres personas.

Como muestra un botón. El ex ministro de obras públicas, Roberto Bará, realizó un proceso de licitación privada -el año pasado- para iluminar la carretera de Comalapa, el costo de la obra fue de ¢20.9 millones; luego, se comprobó que no existía las condiciones de urgencia que se aplican en procesos de verdadera necesidad nacional.

Aceptarlo -según Martínez- es permitir que siga abierta la "puerta de la perversión".

El FMLN pretende que todas las licitaciones sean públicas y que se rijan por los plazos que la misma ley establece. Para ello, el Consejo de Ministros debe cumplir a cabalidad lo que dicta la normativa y, realizar un plan general de licitaciones y concesiones públicas, que incluirá las obras que cada ministerio e institución edificará a lo largo de un año.

"No aceptaremos las negociaciones en la sombra o en la secretividad", sentenció Gerson Martínez.

El PLD comparte el criterio. Kirio Waldo Salgado dice que muchas de las obras declaradas urgentes, terminan "costando 4 veces más de la cifra inicial, pues las clausulas contractuales siempre varían".

Y es que las negociaciones hechas por el Estado para construir un puente, un paso a desnivel o una carretera se hace con dinero de los contribuyentes -es decir público-, por eso los procesos deben quedar abiertos a la fiscalización.


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