A golpes y a
gritos
Zapatazos, empujones y
gritos fueron los recursos que los pedecistas
utilizaron para darle el adiós a Ronal
Umaña
Roxana
Huezo
El Diario de
Hoy
Al
son de la marcha del general Gerardo Barrios, el
secretario adjunto de los demócrata
cristianos, Aristides Alvarenga,
gritaba...¡qué viva José
Napoleón Duarte!. Esos eran momentos en
que se llamaba a los pedecistas para iniciar la
convención extraordinaria.
La marcha seguía
sonando y en la mesa de la Comisión
Política sólo hacía falta
Ronal Umaña. Para Alvarenga, que se
negaba a ceder el micrófono a alguien
más, no era necesaria la presencia de
Umaña. Estimó que era suficiente
con que él arrancara el establecimiento
del quórum.
El primer intento por nombrar
al presidente de la convención
ocurrió cuando Umaña y su
séquito todavía no se
habían incorporado al evento.
Los asambleístas
nombraron a Aristides Alvarenga tras una
rápida votación a mano alzada. En
el momento en que Ronal Umaña se
unió al grupo, empezaron los
problemas.
Empujones
A gritos, los simpatizantes
de René Aguiluz emprendieron una fuerte
contienda contra los que vitoreaban a
Umaña.
En medio de bombos, gritos y
pancartas, los convencionistas luchaban por
concluir su misión: derrotar a
Umaña.
Con 205 acreditados, se
estableció el quórum. A ese nivel
estaban cuando se dieron cuenta de que
tergiversaron el procedimiento. Nombraron
primero al presidente de la convención:
Aristides Alvarenga. Eso ocurrió, a pesar
de que debió ser el segundo punto de
agenda.
Rosalío Tóchez,
claro umañista, luchaba por tomar el
micrófono para hacer ver la
equivocación. Por las buenas, no se lo
dieron. Tuvo que arrebatárselo de las
manos al propio Alvarenga.
El
error les costó un poco más de dos
horas, porque tuvieron que realizar la
votación nominal y pública de los
asistentes de los 14 departamentos.
El desorden era tal que
llamaron a votar a Vicente Reyes, del
departamento de Usulután. ¡Ya se
murió!, gritó alguien de
atrás..."entonces voy a llamar a su
suplente", dijo el presidente del Consejo
Electoral Nacional, Gilberto
González.
Corrigieron los errores y se
estableció que René Aguiluz
fungiera como secretario y Alvarenga como
presidente de la convención.
¡Queremos cambio!, vociferaba Manuel Rosas.
El sólo hecho de mencionar a Ronal
Umaña era suficiente para que los
abucheos colmaran la cede de los
pedecistas.
Los silbidos ahogaban
cualquier intento de los umañistas para
tomar la palabra. Mélida Villatoro
logró que le concedieran el
micrófono, pero nadie la quiso
escuchar.
Manuel Rosas, que no es
convencionista del partido, seguía
gritando...¡fuera, fuera,
cállenla!.
Media hora después del
incidente, Villatoro se acercó a Rosas,
se quitó su zapato y le propinó un
serie de taconazos, al mismo tiempo que lo
sentenciaba a continuar si seguía con esa
actitud. La demora convirtió en hambre el
entusiasmo de los convencionistas. Al final,
triunfó Aguiluz.
Umañistas
erraron al abstenerse
Ronal Umaña y sus
simpatizantes creyeron que podían impedir
la elección de un nuevo secretario
general.
Umaña
cae y Aguiluz asume la secretaría general
del PDC
El Partido Demócrata
Cristiano (PDC) estrenó secretario
general. René Aguiluz obtuvo el 86.25 por
ciento de los votos válidos. La
Convención Nacional destituyó a
Ronal Umaña del cargo