Maltratados en
belice
Belice se ha convertido en
el nuevo "sueño dorado" de desarrollo
para miles de salvadoreños ansiosos de
progreso y riqueza. En Belice abunda la tierra y
las oportunidades de progreso son reales; sin
embargo, no todo es color de rosa. Existen casos
donde las autoridades policiales y
penitenciarias irrespetan los derechos de los
extranjeros. A estos problemas se suma las
diferencias raciales entre los beliceños
y el resto de latinoamericanos.
El Diario de
Hoy
De
forma despectiva, los beliceños llaman
"aliens" (extraño) a los extranjeros que
hablan español
En 1990, José Omar
decidió abandonar el municipio de
Aguilares, al norte de San Salvador, para buscar
un mejor nivel de vida en Belice, lugar donde a
los salvadoreños "les va muy bien",
según le habían comentado.
Durante nueve años de
estancia en esta nación tuvo diferentes
trabajos, el último como chofer.
Las tareas de este hombre de
29 años de edad se vio interrumpida hace
dos meses cuando fue detenido por la
Policía beliceña.
Por su condición de
ilegal fue condenado a pagar mil dólares
beliceños (unos 4 mil 350 colones) so
pena de sufrir dos meses de prisión en un
centro penitenciario en la ciudad de Belice.
La incapacidad por cancelar
la módica suma monetaria lo llevó
a Hateville, un reclusorio donde, según
dijo, fue mezclado con delincuentes.
Algunos de sus
compañeros de celda, en ocasiones, lo
discriminaban porque el color claro de su piel
contrastaba con la tez oscura típica de
los oriundos de este país ubicado al
oriente de Guatemala, en la zona del
atlántico caribeño.
Ya
cumplió su pena, y ahora se encuentra
tramitando la documentación necesaria
para acogerse al programa de amnistía y
optar a la residencia permanente.
José Omar se puede
considerar, hasta cierto punto, afortunado, pues
otros de sus compatriotas se quejan de haber
sido maltratados física y moralmente por
las autoridades policiales
beliceñas.
Más
denuncias
César Canizález
es otro salvadoreño quien llegó a
Belice en 1994. Junto a su mujer vende tacos y
"hot dogs" y recuerda la ocasión en que
fue a parar a la cárcel por problemas
familiares.
"Desde que uno entra a la
Policía nos pegan y en Hateville los
vigilantes también nos pegan", afirma,
mientras su mujer se dispone a preparar los
deliciosos tacos que hemos de
degustar.
Existen
otros centroamericanos consultados que confirman
las violaciones que la Policía comete
contra los llamados "aliens", pero por temor a
represalias de las autoridades gubernamentales
prefieren que otros con más valor narren
la situación que se vive en este
país.
Hay oportunidades,
pero...
Es dueño de un
restaurante de mariscos en ciudad de Belice y
posee un auto deportivo que es la envidia de
cualquier persona.
El salvadoreño Santos
Hernández dice que no puede quejarse de
la vida.
Esta casado con una
beliceña y tiene un par de hijos a los
que adora.
Llegó a Belice en 1985
huyendo del conflicto armado en El
Salvador.
Inició como
albañil y ahora se desempeña como
contratista en el área de la
construcción.
Pese a las cosas buenas que
la vida le ha dado en este país, asegura
que hay cosas con las que debe enfrentarse
día con día.
Asegura
que hay beliceños que no quieren a "los
españoles", como también les
llaman a los latinos, por su idioma.
Tanto es así que, en
una ocasión, tuvo un pleito con unos
"negritos".
La Policía le
arrestó. Por su condición
económica salió oportunamente de
prisión.
"Aquí, si le pegas a
un negro, los otros negros se meten y te pegan".
"Si llega la Policía, es a ti al que
arrestan", interrumpe otro salvadoreño
que ha llegado al restaurante.
Experiencia
propia
A nuestro arribo a Belice
visitamos un restaurante para conocer de su
afamada cocina de mariscos.
Mi compañero
fotoperiodista, un "chele" igual que yo, se
levantó al baño. Cuando
regresó, un gigante beliceño de
tez oscura había tomado su lugar. "I
don't care", dijo levantándose en forma
amenazante. Advertimos, entonces, que
debíamos partir.