Lunes 14 de junio
Chilanguera la sombra del desastre

La huella de "Mitch" en el cantón Chilanguera procura borrarse con nuevas casas y el apoyo del sector privado

Eric Lombardo Lemus

El Diario de Hoy

El poblado que salió del olvido el año pasado, tras el paso de la tormenta tropical "Mitch", es una zona de contrastes. Un grupo de viviendas de fabricación mixta, concentrado al inicio del poblado, dista de los restos de las cobachas arrasadas por las aguas, más adelante.

Un autobús destartalado, que ingresa dos veces al día al pueblo, tiene mucho que envidiarle a los vehículos todo terreno del ejército de los Estados Unidos. Durante este invierno no ha caído una gota de agua; en noviembre pasado, hubo de sobra.

Los amplios "solares" derruidos contrastan con el área ofrecida a los damnificados por el sector privado. El sol, radiante, quema la piel de un niño desnudo y una anciana se queja por una cortina de viento que levanta polvo.

La vida sigue igual ocho meses después de la tragedia. La gente es tan pobre como siempre y los niños tan desnudos como cuando vinieron al mundo. Nada ha cambiado, ni la expectativa de otro huracán. "Dicen que vienen nueve", estima doña Alfonsina, como si se tratara de una reventa de tomates.

Un día en el cantón Chilanguera es insoportable para un capitalino. El calor y el aire sofocante dan poco respiro.

Un grupo de la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) lo vivió en carne. La delegación llegó, al calor de la mañana del viernes, a rifar las casas unifamiliares que la población construyó con la asistencia técnica de la Cámara Salvadoreña de la Construcción (CASALCO).

Al estilo urbano

Desde una cresta, las 180 casas tienen un aspecto semejante a los complejos urbanos de Soyapango. La única diferencia es que, acá, la gente tiene otro estilo de vida, que requiere tanto espacio como su deseo de procrear.

Los militares estadounidenses, mientras tanto, lucen ajenos al acto y prosiguen en la tarea de edificación de una casa comunal, una clínica y una guardería bajo el inclemente sol de la costa oriental de El Salvador. Mientras las ancianas hablan hasta por los codos, a casi cien metros de distancia, ellos guardan silencio. "Además, nadie les entiende; a saber qué dicen", confiesa una abuela que se pasa una toalla blanquísima por el rostro.

La población recibió materiales para la construcción de las viviendas y el pago diario de poco más de ¢20 para estimular la participación de los damnificados.

Pero no todos lucen satisfechos.

"Esto es como el comunismo", señala un hombre de manos toscas con ironía.

El problema surge debido a que algunas familias, antes del paso de "Mitch", tenían una propiedad cuyo tamaño era el doble de lo que es ahora. Otros, más afortunados, carecían de todo y hoy gozan de un techo de duralita.

"Viera cómo llora este niño cuando llueve. Ha quedado 'flatoso', quizá", dice la abuela del niño Franklin Tomás.

Minutos después, encontramos a don Jorge Pineda junto a su esposa Rosa. Ellos perdieron a Moisés Alexander la noche trágica cuando las aguas del río Chilanguera se desbordaron con violencia.

La fotografía del pequeño Moisés, en brazos de Jorge, recorrió el mundo y mereció el reconocimiento internacional. Sin embargo, tanto mérito periodístico poco le ha servido a esta familia salvadoreña.

"Lo fui a hallar a los dos días entre unos árboles quebrados", cuenta, mientras su esposa nos examina con recelo. Ahora le sobreviven cuatro hijos cuyas edades oscilan entre los 15 y tres años de edad.

Jorge guarda una fotografía de Moisés en la billetera. "Tenía casi seis años", pero "la llena de Mitch" lo arrastró hasta las afueras de la Hacienda Chilanguera.

Jorge también es uno de los beneficiados del sector privado y, junto a sus hijos, construyó la casa donde vivirán a partir de ahora en busca de un futuro más justo.


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