Lunes 14 de junio


El Salvador en perspectiva

Medidas contra el robo

Mario Rosenthal

E-mail mrelsalv@cyt.net

Las mal fundadas reformas que se han hecho al Código Penal en un intento de evitar las violaciones a los derechos de los imputados, han dejado grandes vacíos que impiden a las autoridades de seguridad cumplir a cabalidad su cometido. El crimen organizado trafica con impunidad con café, azúcar, granos, electrodomésticos y toda clase de mercadería robada en asaltos a fincas, furgones, negocios y casas particulares, por no constituir un delito la posesión, compra y venta de artículos robados.

Los rateros se pueden meter en las casas ajenas porque ya no constituye un delito la violación de morada. Las confesiones de culpabilidad no se pueden usar en contra de un acusado, esto para evitar la tortura y hacerlo confesar. Los menores reciben un trato especial para que no se corrompan rozándose con criminales consuetudinarios, aunque ya estén corrompidos hasta más allá de la salvación. La estafa se sobresee si el culpable repone lo robado, sea a particular o al gobierno.

Las leyes penales se han pasado de bondadosas y protegen más a los criminales que a las víctimas, al basarse en la teoría de que al criminal no se le debe castigar, sino reformar para que se reincorpore en la sociedad. Este principio se ha llevado al extremo en reformas al Código Penal, lo que coincide con la formación de un nuevo cuerpo de agentes de seguridad que admitió en sus filas a algunos sujetos no aptos para el servicio, con el agravante de que el crecido desempleo y desastres naturales, han provocado la crisis de criminalidad que padece el país. Los agentes de la PNC resienten que muchos jueces, en su interpretación de la ley, anulan sus operaciones y liberan criminales por tecnicismos, cuando ellos han expuesto sus vidas para capturar a los malhechores.

Ejemplo de la viciada interpretación de la ley es el extraordinario caso en el cual el Juez 3o. de Paz de Santa Ana liberó, el 18 de febrero, a dieciocho sujetos acusados de recoger café (pepenado) en una finca ajena y al motorista que lo transportaba, porque declararon que no sabían que era delito recoger café botado. Igual de preocupante es que la Asamblea Legislativa se muestre reacia a combatir el tráfico de mercadería, café e insumos robados que se venden en forma abierta en los alrededores del Mercado Central y en los mercados de "pulgas", al no aprobar una reforma propuesta al Código Penal, que especifica que es delito la posesión, compra y venta de objetos robados.

Es alentador que la PNC haya iniciado patrullajes en bicicleta las 24 horas en una zona de alto riesgo, pero es incorrecto discriminar contra los agentes, como se pretende, obligándoles a trabajar 12 horas diarias sin la debida compensación.

Para emprender una lucha efectiva contra la criminalidad, la Asamblea Legislativa debe, ante todo, corregir las fallas y llenar los vacíos del Código Penal que impiden a los agentes cumplir a cabalidad su cometido. También hay que inculcar a los agentes que su misión primordial es proteger y servir al público.

De alguna manera hay que lograr una comunicación entre el público y los agentes, porque la cooperación de las personas honradas contribuirá a que las autoridades tengan éxito en controlar la criminalidad. El público tiene que ser enseñado a denunciar todas las faltas y a declarar contra los delincuentes. Sobre todo, hay que dictar leyes severas contra la criminalidad; El Salvador todavía no está listo para basar su Código Penal en el Sermón en la Montaña.


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