La Ley del Menor
Infractor, lo que falla y lo que se puede
hacer
El espíritu de la
Ley del Menor Infractor es reformar
delincuentes, no reprimir el crimen. Ese es el
gran vacío
Francisco
Ayala Silva
El Diario de
Hoy
La
Ley del Menor Infractor nació con un
espíritu: "que tuviera impacto en el
tratamiento del joven que cometa delitos",
asegura Karla de Varela, funcionaria del
programa de Derechos de la Niñez del
Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia
(UNICEF). Ese impacto sería su
introducción en la sociedad.
En ese sentido, "la ley es
necesaria, porque su espíritu es que el
delito tiene una raíz social y
económica real", asegura ella. Para
atacar esa raíz, la ley involucra a la
familia. Antes, los adolescentes detenidos iban
a la cárcel con adultos curtidos. En
forma inversa, eso se repite por culpa de las
fallas de la misma ley.
Aquí falla hasta el
nombre
La Ley del Menor Infractor
hace a los jueces responsables de la
corrección de muchachos y muchachas,
algunos asesinos a los 14 años. Para
reformar a los detenidos, los jueces pueden
ignorar las sugerencias de maestros y
sicólogos. Esa es la queja de los
directores de centros de
reeducación.
Asimismo, los jueces
también pueden detener a los periodistas
que publiquen fotos de menores delincuentes, que
son tratados como simples infractores. Esta es
la principal falla de la ley. La ley no
diferencia a un infractor de un delincuente:
menores que han cometido delitos leves o simples
faltas están encerrados con asesinos y
violadores adolescentes.
Asimismo, es retroactiva:
adultos curtidos pueden ser juzgados como
menores por los crímenes que cometieron
antes de cumplir 18 años
Encima, la ley tiene un
nombre errado
Para Karla de Varela,
"'menor' es un término despectivo. La ley
debería llamarse 'Ley Penal Juvenil' y,
más que reformarla, hay que
reforzarla".
Para ella, "menor" significa
"menos". "Menores de edad eran los que iban al
internado u orfanatorio, los demás eran
adolescentes y niños", asegura Varela.
Todo eso opaca los muchos logros de la
ley.
Aquí
triunfa
El nombre es errado, pero la
ley tiene auténticos casos de
rehabilitación. "Un programa como el
Polígono Don Bosco es solo posible
gracias a la Ley del Menor Infractor", asegura
Karla de Varela.
El Polígono Don Bosco
es un centro de educación técnico
con equipo avanzado, orientado a jóvenes
que han cometido delitos. Es administrado por
religiosos de la orden salesiana, fundada por
San Juan Bosco, un sacerdote y rehabilitador
juvenil italiano.
Un sacerdote católico
salvadoreño, Abel Fernández,
director del centro de rehabilitación
juvenil de Ilobasco, también habla de
éxitos: "tenemos ex internos trabajando
en la Fiscalía y hasta en la
Policía".
Los críticos hablan de
que la reincidencia de los menores detenidos
bajo la ley es del 40 por ciento, pero esas
cifras comprueban que no hay reincidencia en el
60 por ciento de los internos.
Asimismo, para Karla de
Varela, el índice de reincidencia se debe
a que "no existen programas estatales o privados
de reinserción, esto es, conseguir
trabajo... los jóvenes con tatuaje no
encuentran trabajo", asegura.
Para ella, la violencia de
pandillas "no es un problema policial, es un
problema social".
Esto lleva a "El
Directo"
Cuando llegó al centro
de detención de Gotera, "El Directo"
encontró a cinco muchachos que
habían matado más gente que
él. Cuando escapó, puso patas
arriba a todo el sistema legal y
policial.
Sin embargo, para la
funcionaria de UNICEF, "no es correcto juzgar la
ley a la luz de "El Directo". Con ella coinciden
abogados que insisten que "El Directo"
debió ser juzgado con un código
especial para menores delincuentes, no menores
infractores.
"'El Directo' es un caso
patológico, y no es el único
caso", asegura Varela, quien acepta que "un
tratamiento para alguien como él es caro,
y los centros de internamiento no tienen
capacidad de ofrecerlo; asimismo, él
está junto con jóvenes en
mejoría".
Por los jóvenes en
mejoría (y por los que temen a los
jóvenes delincuentes), hay que reforzar
esta ley.