Panorama de la
economía
estadounidense
post-Rubin es alentador para el mundo
Como Secretario del Tesoro
durante la mayor parte del período del
presidente Clinton, Robert Rubin ha sido un gran
éxito. Bajo él, Estados Unidos ha
prosperado como nunca antes, con un fuerte
crecimiento y una inflación bonitamente
controlada. Los votantes saludan a Rubin por un
trabajo bien hecho.
Paul A.
Samuelson*
La
gente en el extranjero tiene también
buenas razones para felicitar a Robert Rubin.
Bajo su mandato, México fue rescatado de
su crisis financiera. Bajo él, se ha
permitido a Japón tener un yen en
depreciación y un fuerte superávit
de exportaciones (Casi todo lo demás ha
ido mal para Japón en los 90.)
La crisis de Corea posterior
a 1997 parece ahora estarse corrigiendo. Si
así fuera, sería una
recuperación sorprendentemente
rápida de un serio peligro.
Principalmente, las gracias por ello deben ser
para el pueblo de Corea y para su nuevo
Presidente, Kim Dae Jung. Pero esto no
podría haber ocurrido sin los esfuerzos
de rescate del Fondo Monetario Internacional y
de los ministros de finanzas del G-7,
encabezados por Rubin. Fueron ellos quienes
persuadieron y coordinaron el refinanciamiento
de los bancos del extranjero y quienes
prometieron los flujos para el rescate.
Por el resto de este siglo,
Rubin se habrá ido. Sujeto a la
confirmación del Senado, Lawrence Summers
será el nuevo Secretario del Tesoro hasta
terminar el período de Clinton en enero
del 2001.
Summers llega a su puesto con
estelares credenciales académicas. Tiene
tanto una educación en el MIT como en
Harvard, en ciencia económica avanzada.
No se puede lograr mucho más que eso. No
desde que el joven John Maynard Keynes fue la
mente maestra del Tesoro Británico.
Durante la Primera Guerra Mundial éste
había sido designado un macroeconomista
tan capaz a un puesto formal tan alto.
Pero, ¿puede un gran
profesor ser un gran político y
estadista? La honesta respuesta es ésta:
algunos académicos han sido muy buenos en
los puestos más altos; otros han sido
fracasos. Joseph Schumpeter, de Viena y Harvard,
fue un académico brillante y original.
(Fue profesor y amigo en Harvard.) Pero
Schumpeter no tuvo éxito como Ministro de
Finanzas de Austria durante la
hiperinflación posterior a la Primera
Guerra Mundial. Aceptó la
designación al puesto antes de tener
experiencia alguna en la política.
El segundo al
frente
Summers ha sido el segundo al
mando para Robert Rubin por media docena de
años. Todavía antes, pudo probar
el poder en la administración
conservadora de Ronald Reagan. El presidente
Clinton ha aprendido a respetar y a escuchar su
cauto comando de lo imponderable, sobre el cual
deben basarse las difíciles decisiones de
la política. El presidente del consejo de
la Reserva Federal, Alan Greenspan,
también un querido protegido del
desaparecido Arthur F. Burns, ha trabajado
suavemente con el equipo del Tesoro
Rubin-Summers. Greenspan no es
un idealista de mirada
perdida abundante en buenas intenciones, pero
débil en sentido común. Por algo
fue que la revista Time presentó en su
portada a la tríada de Greenspan, Rubin y
Summers como arquitectos de esta luna de miel en
la economía estadounidense.
Como miembro de la familia,
he observado a Larry Summers desarrollarse desde
la infancia. Pero siempre ha remado su propia
canoa: En el MIT, nunca tomó uno de mis
seminarios; y nunca se me han pedido, ni he
escrito, cartas de recomendación a su
nombre.
Naturalmente, Wall Street y
los mercados de valores del exterior lamentan
ver la partida de Robert Rubin. El
dirigió a Goldman Sachs, el banco de
inversiones más grande del mundo; y
renunció a decenas de millones de
dólares para servir a su país. Si
Joseph Schumpeter hubiera tenido a Robert Rubin
como mentor, la Europa posterior a 1918
podría haber tenido una historia
diferente.
La renuncia
Durante medio día, los
precios de las acciones cayeron agudamente
cuando se supo la noticia de que Rubin
pretendía renunciar. Pero para el cierre
del día, los precios se recuperaron.
Desde entonces, los corredores y especuladores
se han concentrado principalmente en lo que
temen y esperan que pudiera hacer la Reserva
Federal de Greenspan en el futuro con las tasas
de intereses y otros controles para la
inflación.
Todos los mercados en el
exterior comparten la preocupación de que
el ebulliciente mercado de acciones en Estados
Unidos pudiera sufrir una desordenada
corrección en los últimos meses
del siglo. Una crisis financiera en
América sin duda desataría una
crisis global.
Por fortuna, dentro de
Estados Unidos parece haber un extraordinario
equilibrio del poder entre los dos grandes
partidos políticos. Estas épocas
tienden a dar seguridad para lo que es
más importante la economía de la
calle comercial, de producción, empleo y
bienes raíces. Robert Rubin nos deja,
aquí y en el extranjero, en gran deuda
por lo que fue y por un buen trabajo.
América es importante
para la economía global. Pero su
producción total sigue siendo menos de la
cuarta parte de la producción mundial.
Por ello, es perturbante para mi leer en los
periódicos del extranjero este tipo de
opiniones: lo que funciona para América,
vaya, no va a funcionar para nosotros en Europa
o en Japón. El nuevo Banco Central
Europeo en Frankfurt no puede hacer nada por
hacer bajar las tasas de desempleo casi de
dígitos dobles. Junto con el ahora
independiente Banco de Japón, el ECB
deberá contentarse con un programa
macroeconómico permanentemente austero
dirigido únicamente a prevenir la
inflación.
Estados Unidos no tiene
poderes especialmente milagrosos que no tengan
otros. Alan Greenspan lo comprende así y
esta consciente de que ninguna nación es
demasiado grande para caer. Los fondos que con
tanta abundancia buscan refugio en Nueva York
actualmente pueden salir mañana. Esta ha
sido la lección universal que podemos
aprender de Tailandia, Corea del sur, Brasil y
otros mercados.
No todos los países de
la Unión Europea se han
desempeñado tan mal como Francia,
Alemania e Italia. El récord de
crecimiento en Irlanda se compara favorablemente
con el de América; Dinamarca, Holanda y
Finlandia han estado logrando respetable
progreso.
Los economistas informados y
experimentados nunca van a quedarse sin retos.
Los legisladores inteligentes juzgaran con
cautela las diferencias entre la economía
política y los postulados comprobados de
la historia económica.