Lunes 5 de julio


Panorama de la economía estadounidense post-Rubin es alentador para el mundo

Como Secretario del Tesoro durante la mayor parte del período del presidente Clinton, Robert Rubin ha sido un gran éxito. Bajo él, Estados Unidos ha prosperado como nunca antes, con un fuerte crecimiento y una inflación bonitamente controlada. Los votantes saludan a Rubin por un trabajo bien hecho.

Paul A. Samuelson*

La gente en el extranjero tiene también buenas razones para felicitar a Robert Rubin. Bajo su mandato, México fue rescatado de su crisis financiera. Bajo él, se ha permitido a Japón tener un yen en depreciación y un fuerte superávit de exportaciones (Casi todo lo demás ha ido mal para Japón en los 90.)

La crisis de Corea posterior a 1997 parece ahora estarse corrigiendo. Si así fuera, sería una recuperación sorprendentemente rápida de un serio peligro. Principalmente, las gracias por ello deben ser para el pueblo de Corea y para su nuevo Presidente, Kim Dae Jung. Pero esto no podría haber ocurrido sin los esfuerzos de rescate del Fondo Monetario Internacional y de los ministros de finanzas del G-7, encabezados por Rubin. Fueron ellos quienes persuadieron y coordinaron el refinanciamiento de los bancos del extranjero y quienes prometieron los flujos para el rescate.

Por el resto de este siglo, Rubin se habrá ido. Sujeto a la confirmación del Senado, Lawrence Summers será el nuevo Secretario del Tesoro hasta terminar el período de Clinton en enero del 2001.

Summers llega a su puesto con estelares credenciales académicas. Tiene tanto una educación en el MIT como en Harvard, en ciencia económica avanzada. No se puede lograr mucho más que eso. No desde que el joven John Maynard Keynes fue la mente maestra del Tesoro Británico. Durante la Primera Guerra Mundial éste había sido designado un macroeconomista tan capaz a un puesto formal tan alto.

Pero, ¿puede un gran profesor ser un gran político y estadista? La honesta respuesta es ésta: algunos académicos han sido muy buenos en los puestos más altos; otros han sido fracasos. Joseph Schumpeter, de Viena y Harvard, fue un académico brillante y original. (Fue profesor y amigo en Harvard.) Pero Schumpeter no tuvo éxito como Ministro de Finanzas de Austria durante la hiperinflación posterior a la Primera Guerra Mundial. Aceptó la designación al puesto antes de tener experiencia alguna en la política.

El segundo al frente

Summers ha sido el segundo al mando para Robert Rubin por media docena de años. Todavía antes, pudo probar el poder en la administración conservadora de Ronald Reagan. El presidente Clinton ha aprendido a respetar y a escuchar su cauto comando de lo imponderable, sobre el cual deben basarse las difíciles decisiones de la política. El presidente del consejo de la Reserva Federal, Alan Greenspan, también un querido protegido del desaparecido Arthur F. Burns, ha trabajado suavemente con el equipo del Tesoro Rubin-Summers. Greenspan no es

un idealista de mirada perdida abundante en buenas intenciones, pero débil en sentido común. Por algo fue que la revista Time presentó en su portada a la tríada de Greenspan, Rubin y Summers como arquitectos de esta luna de miel en la economía estadounidense.

Como miembro de la familia, he observado a Larry Summers desarrollarse desde la infancia. Pero siempre ha remado su propia canoa: En el MIT, nunca tomó uno de mis seminarios; y nunca se me han pedido, ni he escrito, cartas de recomendación a su nombre.

Naturalmente, Wall Street y los mercados de valores del exterior lamentan ver la partida de Robert Rubin. El dirigió a Goldman Sachs, el banco de inversiones más grande del mundo; y renunció a decenas de millones de dólares para servir a su país. Si Joseph Schumpeter hubiera tenido a Robert Rubin como mentor, la Europa posterior a 1918 podría haber tenido una historia diferente.

La renuncia

Durante medio día, los precios de las acciones cayeron agudamente cuando se supo la noticia de que Rubin pretendía renunciar. Pero para el cierre del día, los precios se recuperaron. Desde entonces, los corredores y especuladores se han concentrado principalmente en lo que temen y esperan que pudiera hacer la Reserva Federal de Greenspan en el futuro con las tasas de intereses y otros controles para la inflación.

Todos los mercados en el exterior comparten la preocupación de que el ebulliciente mercado de acciones en Estados Unidos pudiera sufrir una desordenada corrección en los últimos meses del siglo. Una crisis financiera en América sin duda desataría una crisis global.

Por fortuna, dentro de Estados Unidos parece haber un extraordinario equilibrio del poder entre los dos grandes partidos políticos. Estas épocas tienden a dar seguridad para lo que es más importante la economía de la calle comercial, de producción, empleo y bienes raíces. Robert Rubin nos deja, aquí y en el extranjero, en gran deuda por lo que fue y por un buen trabajo.

América es importante para la economía global. Pero su producción total sigue siendo menos de la cuarta parte de la producción mundial. Por ello, es perturbante para mi leer en los periódicos del extranjero este tipo de opiniones: lo que funciona para América, vaya, no va a funcionar para nosotros en Europa o en Japón. El nuevo Banco Central Europeo en Frankfurt no puede hacer nada por hacer bajar las tasas de desempleo casi de dígitos dobles. Junto con el ahora independiente Banco de Japón, el ECB deberá contentarse con un programa macroeconómico permanentemente austero dirigido únicamente a prevenir la inflación.

Estados Unidos no tiene poderes especialmente milagrosos que no tengan otros. Alan Greenspan lo comprende así y esta consciente de que ninguna nación es demasiado grande para caer. Los fondos que con tanta abundancia buscan refugio en Nueva York actualmente pueden salir mañana. Esta ha sido la lección universal que podemos aprender de Tailandia, Corea del sur, Brasil y otros mercados.

No todos los países de la Unión Europea se han desempeñado tan mal como Francia, Alemania e Italia. El récord de crecimiento en Irlanda se compara favorablemente con el de América; Dinamarca, Holanda y Finlandia han estado logrando respetable progreso.

Los economistas informados y experimentados nunca van a quedarse sin retos. Los legisladores inteligentes juzgaran con cautela las diferencias entre la economía política y los postulados comprobados de la historia económica.


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