Cuando la ley es
chantaje
La amenaza de captura se
ha vuelto el chantaje predilecto de algunos
jueces y fiscales que pretenden obligar a una
persona a conciliar económicamente con su
acusador, so pena de encarcelarla
El Diario de
Hoy
En
El Salvador la aplicación de la justicia
anda muy mal. Así lo demuestran las
actitudes ligeras, arbitrarias e intimidatorias
que algunos jueces y fiscales han puesto en
práctica contra el pudor de personas
honorables y honestas.
Y por eso no es de asombrarse
que conocidos abogados coincidan en cuanto a las
presiones coercitivas que ejercen los
aplicadores de justicia, al obligar a una
persona a arreglar económicamente su
situación legal por temor a ir a la
cárcel.
Para el caso, los directivos
de una importante distribuidora de
vehículos en el país fueron
acosados y perseguidos -cual capos de la droga-
por contingentes de policías, quienes por
vía terrestre y hasta aérea
pretendían hacer efectiva la orden de
captura emanada por brillante resolución
de la ex jueza 13a. de Paz de San Salvador,
Marta López Martínez de
Ascencio.
El poder entregado por la
Corte Suprema de Justicia a esta jueza la
llevó a abusar y excederse en sus
funciones al ordenar la detención de los
directivos, cuando el verdadero responsable de
una estafa de más de 125 mil colones era
el vendedor de la empresa, contra quien nunca se
hizo un operativo y, por ende, anda
prófugo de la justicia.Este individuo
adeuda miles de colones a sus expatronos,
quienes asumieron los costos de sus
artimañas.
Ligereza
fiscal
Pero no sólo los
jueces se extralimitan en sus funciones.
Aprovechando la autoridad que le confiere la
ley, la Fiscalía actuó en
innegable complicidad con un grupo de abogados
para solicitar a un tribunal la orden de captura
contra el director de este matutino por el
sólo hecho de utilizar una frase que
estaba registrada como producto, no así
como servicio.
La Fiscalía estaba
dispuesta a olvidar la latente amenaza de
prisión si el ejecutivo del
periódico entregaba la modesta suma de 12
millones de colones que exigía el
demandante. Por fortuna, ningún juez se
prestó al juego de reparto del pastel.
Los anteriores son
sólo algunos de los ejemplos de la
brillante actuación de nuestros jueces y
fiscales, quienes en más de una
ocasión fueron capacitados para manejar
el poder de persecución del crimen que se
les entregó en la aplicación de
las nuevas leyes.