Lunes 5 de julio
Cuando la ley es chantaje

La amenaza de captura se ha vuelto el chantaje predilecto de algunos jueces y fiscales que pretenden obligar a una persona a conciliar económicamente con su acusador, so pena de encarcelarla

El Diario de Hoy

En El Salvador la aplicación de la justicia anda muy mal. Así lo demuestran las actitudes ligeras, arbitrarias e intimidatorias que algunos jueces y fiscales han puesto en práctica contra el pudor de personas honorables y honestas.

Y por eso no es de asombrarse que conocidos abogados coincidan en cuanto a las presiones coercitivas que ejercen los aplicadores de justicia, al obligar a una persona a arreglar económicamente su situación legal por temor a ir a la cárcel.

Para el caso, los directivos de una importante distribuidora de vehículos en el país fueron acosados y perseguidos -cual capos de la droga- por contingentes de policías, quienes por vía terrestre y hasta aérea pretendían hacer efectiva la orden de captura emanada por brillante resolución de la ex jueza 13a. de Paz de San Salvador, Marta López Martínez de Ascencio.

El poder entregado por la Corte Suprema de Justicia a esta jueza la llevó a abusar y excederse en sus funciones al ordenar la detención de los directivos, cuando el verdadero responsable de una estafa de más de 125 mil colones era el vendedor de la empresa, contra quien nunca se hizo un operativo y, por ende, anda prófugo de la justicia.Este individuo adeuda miles de colones a sus expatronos, quienes asumieron los costos de sus artimañas.

Ligereza fiscal

Pero no sólo los jueces se extralimitan en sus funciones. Aprovechando la autoridad que le confiere la ley, la Fiscalía actuó en innegable complicidad con un grupo de abogados para solicitar a un tribunal la orden de captura contra el director de este matutino por el sólo hecho de utilizar una frase que estaba registrada como producto, no así como servicio.

La Fiscalía estaba dispuesta a olvidar la latente amenaza de prisión si el ejecutivo del periódico entregaba la modesta suma de 12 millones de colones que exigía el demandante. Por fortuna, ningún juez se prestó al juego de reparto del pastel.

Los anteriores son sólo algunos de los ejemplos de la brillante actuación de nuestros jueces y fiscales, quienes en más de una ocasión fueron capacitados para manejar el poder de persecución del crimen que se les entregó en la aplicación de las nuevas leyes.


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