Criticando
una posición
¡CENSURA! La libertad
cuestionada
Por
Hermann W. Bruch
e-mail: hwbruch@sv.cciglobal.net
Por disposición de la
Oficina de Espectáculos Públicos
del Ministerio del Interior se ha decidido
censurar a dos conjuntos de "rap" -uno nacional
y el otro mejicano- que, a criterio de algunas
personas mayores, atentan contra la decencia, la
moral y las buenas costumbres, y de paso,
incitan a la violencia juvenil. Bueno, ¿y
qué otra gran noticia nos traen, tanto
las personas denunciantes como los funcionarios
(as) del Ministerio? ¿Es que no se han dado
cuenta de cómo anda el mundo en la
actualidad? Pareciera que de repente se han
despertado de un largo sueño, sintonizan
una radioemisora y se escandalizan por lo que
allí escuchan.
A lo mejor no han sintonizado
los canales de televisión ni han ido a
los expendios de videocasetes o a las tiendas de
juguetes infanto-juveniles, para ver la clase de
cosas que se les ofrece a nuestro niños y
jóvenes. Si lo hacen, seguramente les
dará un infarto a estas "buenas" personas
que ahora tratan de convertirse en guardianes de
la decencia, de la virtud, de la moral y de la
integridad de la sociedad. ¡Habráse
visto semejante atrocidad!
Estamos en las
postrimerías del siglo 20 y podemos decir
que en muchas cosas estamos ya en el siglo 21, y
aún persisten estas tendencias a
controlar a las personas, a dictarnos lo que es
bueno y lo que es malo para nosotros, a crear
instancias imperiales de la decencia y la
corrección. Y, por supuesto, como somos
un país insólito, todo esto lo
queremos enmarcar dentro de un sistema que hemos
dado en llamar democrático, y más
aún, dentro de un modelo de libertades,
que al final de cuentas no son más que
conceptos huecos y faltos de sustento, pues en
el fondo no creemos en ellos.
Analicemos un poco lo que
sucede a nuestro derredor: Un "reyezuelo", de
esos que abundan en nuestro tribunales de
"justicia", se despertó un día de
estos y decidió que los hombres no tienen
libertad para vestirse como les dé la
gana, en este caso como mujeres; pero a ese
mismo reyezuelo le parece la cosa más
normal del mundo que las mujeres (muchas de
ellas abogados y jueces) se vistan como hombres,
con pantalones y chaquetas al mejor estilo
sastre. Un organismo de censura de la Iglesia
Católica decide que hay que retirar
ciertos libros de las librerías, porque a
criterio de él contravienen la moral y
las creencias cristianas (?).
En realidad, de lo que se
trata es que estos libros se convierten en
desafíos directos contra la Iglesia
Católica y que alguien tiene o cree tener
la suficiente influencia para ejercer esta
censura que, para todos efectos
prácticos, dejó de funcionar hace
mucho tiempo. El famoso "nihil obstat" que
otrora constituyó el mecanismo de censura
más perverso que se haya conocido en la
historia, dejó de operar hace muchos
años, para bien de la humanidad. Ahora,
estas gentes bien intencionadas quieren hacer
surgir un instrumento de censura para detener
esta avalancha de obscenidades, pero no se dan
cuenta de las implicaciones que todo esto tiene.
Es la tendencia a irse por el
camino más fácil, cuando en el
fondo, el problema es otro y posiblemente lo
tenemos dentro de nosotros mismos. Los padres de
familia que se quejan de la música que
escuchan sus hijos, de los juegos
electrónicos (Nintendo y otros), de los
programas de televisión y de los video
cassettes, tal vez no se han dado cuenta de que
con este tipo de represión a la libertad
no están resolviendo el problema.
Sería mucho más efectivo ejercer
algún tipo de supervisión de lo
que hacen sus hijos y tomarse el tiempo para
hablar con ellos y orientarlos en cuanto a estas
materias. Deben estos padres y madres recordar
que dentro del hogar ellos son la autoridad y
ellos sí pueden ejercer cualquier tipo de
control y de prohibiciones. Pueden guardar bajo
llave el televisor. Pueden cancelar la
suscripción del cable, especialmente de
los canales tipo "Playboy". Pueden decomisar los
cassettes de música tipo "Metallica" y
los videos porno.
En fin, la censura dentro del
hogar solamente tendrá repercusiones
dentro de la familia y si los jefes del hogar
creen que pueden mantener las cosas bajo
control, enhorabuena. Pero intentar coartar la
libertad de otros sólo porque no quieren
responsabilizarse de sus propias obligaciones ni
molestarse en ejercer la autoridad dentro de sus
casas, es algo que la sociedad no debe permitir
por ningún motivo. Ni mucho menos debemos
permitir resucitar esas oficinas odiosas de
censura que, hoy se justifican para mantener el
decoro público y mañana se
utilizarán para acallar la crítica
y el libre ejercicio de la opinión, que
todos sabemos que a veces puede ser molesta y
que hay funcionarios a quienes se les
haría más fácil la vida si
no existiese.
Es, por lo tanto, imperioso
que cuidemos de no permitir que este tipo de
iniciativas prospere, pues los daños que
pueden causar son mucho mayores que el mal que
quieren curar. Recordemos siempre que la
alternativa a la libertad es la
esclavitud.