Lunes 5 de julio


Criticando una posición

¡CENSURA! La libertad cuestionada

Por Hermann W. Bruch

e-mail: hwbruch@sv.cciglobal.net

Por disposición de la Oficina de Espectáculos Públicos del Ministerio del Interior se ha decidido censurar a dos conjuntos de "rap" -uno nacional y el otro mejicano- que, a criterio de algunas personas mayores, atentan contra la decencia, la moral y las buenas costumbres, y de paso, incitan a la violencia juvenil. Bueno, ¿y qué otra gran noticia nos traen, tanto las personas denunciantes como los funcionarios (as) del Ministerio? ¿Es que no se han dado cuenta de cómo anda el mundo en la actualidad? Pareciera que de repente se han despertado de un largo sueño, sintonizan una radioemisora y se escandalizan por lo que allí escuchan.

A lo mejor no han sintonizado los canales de televisión ni han ido a los expendios de videocasetes o a las tiendas de juguetes infanto-juveniles, para ver la clase de cosas que se les ofrece a nuestro niños y jóvenes. Si lo hacen, seguramente les dará un infarto a estas "buenas" personas que ahora tratan de convertirse en guardianes de la decencia, de la virtud, de la moral y de la integridad de la sociedad. ¡Habráse visto semejante atrocidad!

Estamos en las postrimerías del siglo 20 y podemos decir que en muchas cosas estamos ya en el siglo 21, y aún persisten estas tendencias a controlar a las personas, a dictarnos lo que es bueno y lo que es malo para nosotros, a crear instancias imperiales de la decencia y la corrección. Y, por supuesto, como somos un país insólito, todo esto lo queremos enmarcar dentro de un sistema que hemos dado en llamar democrático, y más aún, dentro de un modelo de libertades, que al final de cuentas no son más que conceptos huecos y faltos de sustento, pues en el fondo no creemos en ellos.

Analicemos un poco lo que sucede a nuestro derredor: Un "reyezuelo", de esos que abundan en nuestro tribunales de "justicia", se despertó un día de estos y decidió que los hombres no tienen libertad para vestirse como les dé la gana, en este caso como mujeres; pero a ese mismo reyezuelo le parece la cosa más normal del mundo que las mujeres (muchas de ellas abogados y jueces) se vistan como hombres, con pantalones y chaquetas al mejor estilo sastre. Un organismo de censura de la Iglesia Católica decide que hay que retirar ciertos libros de las librerías, porque a criterio de él contravienen la moral y las creencias cristianas (?).

En realidad, de lo que se trata es que estos libros se convierten en desafíos directos contra la Iglesia Católica y que alguien tiene o cree tener la suficiente influencia para ejercer esta censura que, para todos efectos prácticos, dejó de funcionar hace mucho tiempo. El famoso "nihil obstat" que otrora constituyó el mecanismo de censura más perverso que se haya conocido en la historia, dejó de operar hace muchos años, para bien de la humanidad. Ahora, estas gentes bien intencionadas quieren hacer surgir un instrumento de censura para detener esta avalancha de obscenidades, pero no se dan cuenta de las implicaciones que todo esto tiene.

Es la tendencia a irse por el camino más fácil, cuando en el fondo, el problema es otro y posiblemente lo tenemos dentro de nosotros mismos. Los padres de familia que se quejan de la música que escuchan sus hijos, de los juegos electrónicos (Nintendo y otros), de los programas de televisión y de los video cassettes, tal vez no se han dado cuenta de que con este tipo de represión a la libertad no están resolviendo el problema. Sería mucho más efectivo ejercer algún tipo de supervisión de lo que hacen sus hijos y tomarse el tiempo para hablar con ellos y orientarlos en cuanto a estas materias. Deben estos padres y madres recordar que dentro del hogar ellos son la autoridad y ellos sí pueden ejercer cualquier tipo de control y de prohibiciones. Pueden guardar bajo llave el televisor. Pueden cancelar la suscripción del cable, especialmente de los canales tipo "Playboy". Pueden decomisar los cassettes de música tipo "Metallica" y los videos porno.

En fin, la censura dentro del hogar solamente tendrá repercusiones dentro de la familia y si los jefes del hogar creen que pueden mantener las cosas bajo control, enhorabuena. Pero intentar coartar la libertad de otros sólo porque no quieren responsabilizarse de sus propias obligaciones ni molestarse en ejercer la autoridad dentro de sus casas, es algo que la sociedad no debe permitir por ningún motivo. Ni mucho menos debemos permitir resucitar esas oficinas odiosas de censura que, hoy se justifican para mantener el decoro público y mañana se utilizarán para acallar la crítica y el libre ejercicio de la opinión, que todos sabemos que a veces puede ser molesta y que hay funcionarios a quienes se les haría más fácil la vida si no existiese.

Es, por lo tanto, imperioso que cuidemos de no permitir que este tipo de iniciativas prospere, pues los daños que pueden causar son mucho mayores que el mal que quieren curar. Recordemos siempre que la alternativa a la libertad es la esclavitud.


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