Opinando
¿Qué nuevo
nombre nos corresponde ahora?
Por Juan
José Dalton
Nuestro país
está loco y a los locos, como
decía mi progenitor, no le quedan bien
los nombres. Para estar a tono con la
actualidad, nuestro nuevo nombre debería
ser otro, menos El Salvador. Podríamos
escoger la nominación que más se
adapte a lo que actualmente somos, por ejemplo:
El Desalmado o El Destripador.
¿Cómo es posible
ser tan incoherente? El nombre de El Salvador es
un homenaje a Dios, pero aquí le rendimos
históricamente culto a la violencia. En
el 32 fueron 30.000 muertos; en la década
pasada, 75.000... Las 8.000 muertes violentas
anuales que se dan en la presente década,
lo dicen todo. Antes no eran pocos los
torturables, secuestrables, asesinables y
desaparecibles, pero en la actualidad somos
todos, sin excepción, los candidatos.
La lógica decidida
oficialmente parece ir en contra de una
actualizada pacificación. Los
delincuentes andan armados y el Estado no
garantiza la seguridad, entonces:
¡Sálvese quién pueda! Compre
una pistolita en la armería más
cercana a su casa y espere que el contrabandista
le lleve a escoger entre un sam 7, un low o un
mortero 60. Al paso que vamos se tendrán
que aprobar leyes que permitan al ciudadano
colocar campos minados en las entradas a su
residencia.
Siempre vemos las cifras en
frío, pero de ellas debemos hacer
deducciones. Por ejemplo: se dice que legal e
ilegalmente circulan unas 300.000 armas de
guerra y que hay un arma de guerra por cada 20
habitantes. Ese arsenal serviría para
armar a 15 ejércitos de 60.000 hombres y
a 42 guerrillas de 7.000 efectivos, tal como
terminaron el conflicto en 1992 la Fuerza Armada
y el FMLN, respectivamente.
El contrabando de armas es
potente. La guerrilla burló en el pasado
los radares gringos que detectan el trasiego de
armas porque sobornaba a los aduaneros. En la
actualidad, la Policía no tiene datos,
pero antes los insurgentes, con menos dinero
para las "mordidas" que los traficantes,
introdujeron furgones repletos.
Por otra parte, se calcula
conservadoramente que las "maras" tienen 50.000
"efectivos", es decir, casi dos veces la
cantidad del actual Ejército y más
del doble de los efectivos de la Policía.
Mi pregunta sencilla:
¿Por qué no comenzamos a hacer caso
a aquello de que la mejor política
criminal es una efectiva política social?
No podemos continuar con barnices ni curitas
ridículas. Sólo hay que imaginar
que para que estemos al nivel de la Venezuela
actual, necesitaremos tener un crecimiento
económico sostenido de 7.5 por ciento
durante 20 años. La desigualdad
tendría que disminuir e incrementar
sustancialmente los presupuestos de Salud y
Educación. Estas no son ideas comunistas;
el propio modelo capitalista actual indica que
la pobreza y la incultura ya no son rentables
como antes lo eran para los sistemas
agroexportadores; ni en la actualidad la
especulación financiera es un acto
moderno, mucho menos moral.
Para no ir más lejos,
Costa Rica, al lado de las naciones
centroamericanas, está en todo muy por
encima de la media regional. Sus índices
sociales están bien y estarán
mejor; por ejemplo, el 60 por ciento de sus
escuelas públicas ya cuentan con
computadoras (en el 2005 toda la
enseñanza estará computarizada);
sus niveles institucionales y de justicia son
sólidos. Tal parece que esta
nación es coherente hasta con su
nombre.