Lunes 5 de julio


Opinando

¿Qué nuevo nombre nos corresponde ahora?

Por Juan José Dalton

Nuestro país está loco y a los locos, como decía mi progenitor, no le quedan bien los nombres. Para estar a tono con la actualidad, nuestro nuevo nombre debería ser otro, menos El Salvador. Podríamos escoger la nominación que más se adapte a lo que actualmente somos, por ejemplo: El Desalmado o El Destripador.

¿Cómo es posible ser tan incoherente? El nombre de El Salvador es un homenaje a Dios, pero aquí le rendimos históricamente culto a la violencia. En el 32 fueron 30.000 muertos; en la década pasada, 75.000... Las 8.000 muertes violentas anuales que se dan en la presente década, lo dicen todo. Antes no eran pocos los torturables, secuestrables, asesinables y desaparecibles, pero en la actualidad somos todos, sin excepción, los candidatos.

La lógica decidida oficialmente parece ir en contra de una actualizada pacificación. Los delincuentes andan armados y el Estado no garantiza la seguridad, entonces: ¡Sálvese quién pueda! Compre una pistolita en la armería más cercana a su casa y espere que el contrabandista le lleve a escoger entre un sam 7, un low o un mortero 60. Al paso que vamos se tendrán que aprobar leyes que permitan al ciudadano colocar campos minados en las entradas a su residencia.

Siempre vemos las cifras en frío, pero de ellas debemos hacer deducciones. Por ejemplo: se dice que legal e ilegalmente circulan unas 300.000 armas de guerra y que hay un arma de guerra por cada 20 habitantes. Ese arsenal serviría para armar a 15 ejércitos de 60.000 hombres y a 42 guerrillas de 7.000 efectivos, tal como terminaron el conflicto en 1992 la Fuerza Armada y el FMLN, respectivamente.

El contrabando de armas es potente. La guerrilla burló en el pasado los radares gringos que detectan el trasiego de armas porque sobornaba a los aduaneros. En la actualidad, la Policía no tiene datos, pero antes los insurgentes, con menos dinero para las "mordidas" que los traficantes, introdujeron furgones repletos.

Por otra parte, se calcula conservadoramente que las "maras" tienen 50.000 "efectivos", es decir, casi dos veces la cantidad del actual Ejército y más del doble de los efectivos de la Policía.

Mi pregunta sencilla: ¿Por qué no comenzamos a hacer caso a aquello de que la mejor política criminal es una efectiva política social? No podemos continuar con barnices ni curitas ridículas. Sólo hay que imaginar que para que estemos al nivel de la Venezuela actual, necesitaremos tener un crecimiento económico sostenido de 7.5 por ciento durante 20 años. La desigualdad tendría que disminuir e incrementar sustancialmente los presupuestos de Salud y Educación. Estas no son ideas comunistas; el propio modelo capitalista actual indica que la pobreza y la incultura ya no son rentables como antes lo eran para los sistemas agroexportadores; ni en la actualidad la especulación financiera es un acto moderno, mucho menos moral.

Para no ir más lejos, Costa Rica, al lado de las naciones centroamericanas, está en todo muy por encima de la media regional. Sus índices sociales están bien y estarán mejor; por ejemplo, el 60 por ciento de sus escuelas públicas ya cuentan con computadoras (en el 2005 toda la enseñanza estará computarizada); sus niveles institucionales y de justicia son sólidos. Tal parece que esta nación es coherente hasta con su nombre.


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