Jueves 29 de julio


Breve análisis
El futuro del café

Alfredo Mena Lagos*

Hay ciertas realidades que muy mal haríamos los caficultores en ignorar, pues para resolver los problemas estructurales que nos agobian, es necesario que tengamos una visión clara de nuestra situación. La realidad más contundente es que en el mundo se produce más café del que se consume, resultado de las políticas de cuotas que generaron precios artificialmente altos, estimulando así una sobreproducción.

La industria del café en el mundo necesita adecuar la producción a la demanda, esto significa que se debe incrementar la demanda o reducir la producción. Probablemente será una mezcla de estos dos elementos la que logre resolver nuestros problemas de bajos precios. Es importante darse cuenta que incrementar la demanda es una tarea difícil y que es muy poco lo que como productores salvadoreños podemos hacer. Lo que sí está en nuestras manos es producir mejor, que no necesariamente quiere decir producir más como país.

Para producir mejor es necesario ser realistas y pensar en el mediano y largo lazo, evitando caer en la salidas cortoplacistas que terminan haciéndonos más daño que beneficio. La principal medida de corto plazo que tenemos que evitar es caer en esquemas de cuotas o retenciones que distorsionan la realidad, violan los principios de propiedad, incrementan los costos financieros y perjudican nuestra posición en los mercados. Prueba de ello es Guatemala, que al negarse a participar en estos esquemas, le ha permitido a sus caficultores vender bien sus cosechas y posicionarse mejor.

Producir mejor debe significar eficiencia y calidad, y la única manera de alcanzar esto es racionalizando nuestras decisiones. Una realidad que no podemos ignorar es que algunas zonas en que se cultiva café en la actualidad, no tienen las características necesarias para poder hacerlo competitivamente, pues para poder competir con las economías de escala y mecanización de Brasil, o los salarios bajos de algunos países de Africa y Asia, es necesario obtener altos niveles de producción y calidad. Cualquier programa de renovación del parque cafetero debe tener en cuenta las características del terreno, del caficultor y, sobre todo, no distorsionar las decisiones a través de costos irreales, pues a pesar de las externalidades ecológicas que produce el café, no se deben despilfarrar los fondos de los contribuyentes salvadoreños.

Otra realidad que es innegable en nuestro país, es el exceso de capacidad de beneficiado de café, manifestado en la precaria situación financiera de algunos de los beneficiadores y la competencia que estos tienen que enfrentar. El cierre de algunos beneficios de café es algo que no podemos ni debemos evitar, pues querer mantener niveles de producción nacional insostenibles es dañino para la misma industria. Es irracional, por no decir inmoral, seguir estimulando a personas a endeudarse aún más en un esfuerzo por producir a cualquier costo, ignorando la realidad local e internacional, con políticas muchas veces diseñadas para resolver los problemas financieros de sectores ajenos al meramente agrícola.

El esquema financiero de la caficultura salvadoreña adolece de un grave y peligroso problema, y es que permite y a veces hasta estimula la especulación. Son varios los casos de caficultores que retienen dos y hasta tres cosechas en un afán por "vender mejor" o por "cubrir los costos". Llega un momento en que la decisión no debe ser basada en cuánto ganar, sino en cuánto menos perder. Mucho bien se le podría hacer a la caficultura, y por qué no decirlo, a nuestra economía en general, bajando las tasas de interés a través de la reducción de encajes y la desregulación del sistema financiero para permitir la competencia de bancos extranjeros.

El Salvador tiene problemas estructurales que afectan muchísimo a nuestra agricultura, como son la falta de seguridad, la deficiente infraestructura de transporte, y la falta de mayor competencia en el comercio de insumos agrícolas. En lo que respecta al transporte, se deben implementar programas de recuperación y ampliación de la red vial, especialmente en las zonas rurales; concesionar los puertos y aeropuertos para incrementar nuestra competitividad, y desregular el sector para permitir mayor competencia. El comercio de insumos agrícolas debe ser desregulado, pues tenemos que estar conscientes que estos son más baratos en los países vecinos.

El café seguirá siendo, por muchísimos años, un pilar fundamental de nuestra economía, pero condenar a El Salvador a un futuro preponderantemente agrícola, es condenarlo a la miseria. Una de las mayores amenazas para nuestra caficultura en el futuro será la falta de mano de obra, pues conforme nos vayamos industrializando y evolucionando hacia los servicios, ésta se volverá cada día más escasa y cara. La única manera de preservar nuestra caficultura es siendo racionales en nuestras decisiones, evitando engañarnos a nosotros mismos queriendo tapar el sol con un dedo y, peor aún, retenerlo.

*Columnista de El Diario de Hoy.


[Nacional] [Negocios] [Deportes] [Editorial] [Espectáculos] [Departamentales] [Chat] [Foros]
[Obituario] [Escríbanos] [Ediciones anteriores] [Otros Sitios] [Hablemos] [VIDA] [Guanaquín] [Vértice]
[RUZ'99] [Portada]