Martes 20 de julio


Aclarando conceptos

¿Qué diferencia al abogado del notario?

Francisco Rafael Guerrero

A los profesionales del Derecho pudiera parecernos baladí el título del presente artículo, pero aún a nosotros creo que nos viene a bien, al igual que las parejas de casados cuando asisten a una boda y escuchan las exhortaciones del ministro oficiante y dicen para sus adentros: ¡lo había olvidado! Por sencillo que parezca, considero necesario ilustrar a los lectores sobre estos aspectos, en vista de que últimamente he leído artículos de columnistas y colaboradores de periódicos que no tienen ideas claras al respecto y me producen asombro al leer frases como: "los casó el abogado", "las leyes que hace la Corte", "los abogados dictan las leyes", etc.

La Abogacía es una profesión y para ejercerla se requiere estar autorizado por la Corte Suprema de Justicia, luego de un proceso de investigación de la conducta del aspirante. El título de Licenciado en Ciencias Jurídicas que otorgan las universidades, no habilita a nadie, de manera automática, para ejercerla. Esto puede hacerse a través de variadas facetas: representando a los clientes en los tribunales y otras dependencias gubernamentales (procuración); asesorando permanentemente a empresas o cuando el caso lo amerite con otros clientes; dando sus opiniones a proyectos de leyes, etc. Desde luego que para ser magistrado o juez en cualquiera de sus niveles, es preciso ser abogado, pero sin poder ejercer la profesión. En los últimos años, la figura del abogado defensor o acusador en el área penal ha alcanzado una caracterización muy especial, casi una subcultura, ante el inusitado incremento de la delincuencia y cierto morbo que produce la expectación por tales hechos.

Los defensores atienden casos de personas que llegan arrastrando grandes problemas, la mayoría de los cuales son resultado del patrón de vida que impone una sociedad en completa descomposición, en donde tales profesionales, no obstante, tienen que diseñar y ejecutar una estrategia de defensa que incluye valentía, astucia, audacia y, por supuesto, conocimientos de esa especialidad. En esta labor se aprovecha hasta el más pequeño defecto del contrario o de los organismos investigadores, con el fin de sembrar la duda.

Aquí, el fin justifica los medios. Pero por negro que sea el delito, de lo cual ahora nadie se extraña, el único que puede atender al "presunto" hechor es un abogado, ya que tal tarea no puede desempeñarla un médico, un sastre o un peluquero. El abogado debe guardar secreto y fidelidad a su cliente. Las grandes batallas se libran en los tribunales y es en donde, al final, necesariamente habrá un ganador y un perdedor; es antiético exponer en campos pagados, de manera unilateral, aquellos casos que están en trámite o pendientes de resolución. Es comprensible que lo hagan los propios interesados, pero no los abogados que participan en el juicio. La abogacía es una lucha de pasiones, decía el gran procesalista Eduardo Couture.

El notariado, en cambio, está concebido en nuestra ley como una función pública, que también requiere de autorización por la Corte Suprema de Justicia y sólo después de estar investido como abogado, ya que es necesario aprobar un examen de suficiencia. No todo abogado es notario. De los casi seis mil profesionales del Derecho autorizados en la actualidad, tres mil seiscientos son abogados y notarios; el resto, sólo abogados. En consecuencia, estos últimos no pueden celebrar matrimonios ni autorizar ningún tipo de escrituras. En El Salvador, el sello de abogado es diferente al de notario.

En los países latinos, el notario es un experto que debe conocer las distintas ramas del Derecho y, además, escribir bien; en algunos de ellos se les llama Escribano o Cartulario e incluso, está inhibido de ejercer la abogacía, pues su labor se equipara casi a la de un juez. En consecuencia, no puede mentir al redactar sus instrumentos ni agregarles frases que los comparecientes no le han dicho u omitir otras, pues tal conducta lo podría hacer incurrir en el delito de falsedad ideológica, que ahora es una figura agravada en el nuevo Código Penal, aparte de que podría ser inhabilitado por la Corte Suprema de Justicia. En cambio, en los países de cultura anglosajona, como los Estados Unidos, el notario es una persona con licencia del respectivo Estado, que por lo general no es profesional de las leyes y únicamente da fe de que la firma fue puesta a su presencia por el suscriptor del documento.

Con estas sencillas aclaraciones creo haber contribuido a despejar dudas entre el público, así como haber ayudado a aquellos abogados que preparan su examen de notariado y a los estudiantes de Derecho.

* Doctor en Derecho.


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