Lunes 19 de julio
Testigos entre la espada y la pared

La declaración de un testigo es vital para asegurar la pronta justicia en un proceso penal, pero esto también lleva a que algunos de ellos sean víctimas de represalias

Alberto López

El Diario de Hoy

Testigos en peligro: es un tema que la industria fílmica de Hollywood ha tocado en repetidas ocasiones, pero no por la ciencia ficción que tiende a exagerar el tema es algo que deja ser una preocupación para la gran mayoría de legislaciones penales en el mundo entero.

Por ejemplo, ¿quién no vio los simpáticos líos de Whoopi Golberg en "Cambio de Hábito" (o su título en inglés "Sister Act") donde la actriz encarna a una cantante que después de ver la ejecución de un mafioso es protegida por las autoridades policiales, a cambio de que declare judicialmente en contra de los hechores del crimen?

La ficción "hollywoodense" convierte a la frívola cantante en una monja.

La Policía la oculta en un convento, pues, según ellos, será el lugar más seguro, donde no podrán encontrarla los mafiosos que desean callarla para siempre.

Como ya se dijo, el relato anterior es una exageración del cine estadounidense, pero no por ello invalida los efectivos programas de protección a testigos de varios países, donde no se llega a tanto como ocultar a alguien en un convento, pero sí se asegura, de forma absoluta, la integridad del protegido.

¿Qué pasa en el país?

El Salvador no cuenta con un programa -legalmente establecido- de protección a testigos. La División de Protección a Personalidades Importantes (PPI) de la Policía (ver siguiente página) hace lo posible en su protección a testigos, jueces, fiscales y víctimas, pero no cuenta con una ley aprobada que avale legalmente dicha labor.

El testimonio de una persona para el esclarecimiento de un crimen siempre ha sido de vital importancia para las autoridades judiciales y policiales de cualquier país.

La seguridad del testigo es también muy importante para muchas legislaciones penales del mundo, pero en el país, al parecer, se olvidó ese pequeño detalle al mostrar los testimonios de forma pública, pues no existe un programa de protección a testigos, el cual asegure la vida de éste y sus familiares.

Tres hechos recientes hacen pensar en la necesidad de un programa como el planteado, ya que que en el primero hubo un intento de homicidio; en el segundo, éste se concretizó. En el último, el testigo todavía no recibe seguridad policial, a pesar de ser el único testigo de una matanza.

Los casos

El primero de los casos citados es el intento de homicidio en perjuicio de la agente policial de indicativo "Eva", quien atestiguó en contra de los cinco policías encontrados culpables por el asesinato del estudiante de Medicina, Adriano Vilanova. El hecho ocurrió meses después del juicio Vilanova, realizado a finales de 1998.

Otro de los casos, es el reciente asesinato del sargento Jorge Alberto Palacios Carrillo, miembro de PPI.

Palacios habría sido un testigo importante también para esclarecer el caso de secuestros de varios prominentes empresarios e hijos de estos, entre los que se encuentra el plagio de Andrés Suster.

Por último se encuentra la matanza de tres jóvenes en Izalco, Sonsonate, la semana pasada, de la cual resultara una cuarta víctima lesionada y quien sería el único testigo del hecho.


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