Obispos piden
desechar los temores milenaristas
Las profecías, los
anuncios sobre cometas que afectarán a la
Tierra, son ahora pláticas de moda. La
Iglesia llama a desechar los temores, llevar una
vida cristiana y a celebrar con fe y
alegría el 2000 cumpleaños de
Jesucristo
El Diario de
Hoy
El
año de 1999 ha traído consigo una
nueva enfermedad: el milenarismo.
Por causa de este mal de
moda, las iglesias se encuentran atestadas de
feligreses que buscan alivio a sus temores o
ponerse "a cuentas" antes del año
2000.
Las librerías,
asimismo, cada vez más reciben a
compradores interesados en libros que les ayuden
a interpretar "con mayor precisión" las
antiguas profecías sobre el fin del
mundo.
Asimismo, los sitios con las
más recientes noticias de
astronomía son consultados en la amplia
red de Internet para saber si la trayectoria de
tal o cual cometa se meterá a la
órbita de la Tierra o simplemente
provocará cataclismos que acabarán
con la vida humana.
Ante tanta incertidumbre, los
hombre de fe sólo recomiendan una cosa:
confianza, serenidad y cordura.
Después de todo, el
mundo continúa igual después del
pasado 9 de julio, fecha en que según el
célebre astrólogo francés
Nostrada-mus, tendría lugar el fin del
mundo.
Pero la ansiedad se hace
difícil de administrar. Los dirigentes de
las iglesias lo saben. El mismo Papa Juan Pablo
II, máximo jerarca de la Iglesia
Católica, buscó el momento
&endash;a inicios de este mes&endash; para
escribir el posible texto de una
encíclica papal sobre el inicio del
tercer milenio de la era cristiana, en la cual
haría serias advertencias a los fieles
para que no se dejen atrapar por la ansiedad del
milenarismo.
En la península de
Yucatán, México, el arzobispo
Monseñor Emilio Berlie reprendió a
la feligresía que hacía eco de
"católicos desorientados que distribuyen
en puertas de iglesias y sitios públicos
supuestos mensajes apocalípticos y
catastróficos" que atribuían a la
Virgen de Fátima.
"Son falsas las
profecías que difunden esas personas. Son
contrarias a la Biblia las afirmaciones de que
fenómenos naturales como humo, granizo,
frío y terremotos acabarán con la
Tierra y sus habitantes", dijo.
Asimismo advirtió que
"los católicos auténticos deben
hacer caso omiso de esos falsos escritos que,
con intenciones oscuras y desconocidas,
están causando intranquilidad entre la
población".
La misma advertencia hace el
arzobispo de San Salvador, Fernando Sáenz
Lacalle, quien opina que el fin del milenio no
debe ser tomado con ansiedad por parte de los
fieles, sino con gozo y
alegría.
Al ser consultado sobre el
desbordamiento de emociones que se experimenta
en el medio religioso: surgimiento de videntes,
espera de señales y mensajes celestiales,
Sáenz sólo acierta a recomendar
una auténtica entrega
espiritual.
"Me parece que las personas
que se acercan a la iglesia, que tienen
verdadera vida espiritual, no tiene esa clase de
exacerbación de ánimos y
ningún temor", puntualizó tras su
homilía dominical, que giró
precisamente en torno del pasaje del Evangelio
que habla sobre el Juicio Final.
Desplazar el temor por
alegría
Según Sáenz,el
Papa Juan Pablo II está preparando desde
en 1994, el Gran Jubileo del año 2000
"como un acontecimiento verdaderamente
gozoso".
"Estaremos celebrando
cumpleaños número 2000 de
Jesucristo nuestro Señor y por lo tanto
le daremos gracias a Dios por el gran don que ha
supuesto que haya mandado a su hijo, que se haya
hecho hombre y que esté con nosotros",
dijo el arzobispo.
Las actividades eclesiales
abarcarán a niños, jóvenes,
familias, artesanos y medios informativos. "Ese
debe ser ánimo con el que tenemos que
vivir el año 2000, con gozo y
agradecimiento al Señor", agregó
Sáenz.