Crónica de un
pasajero La esquela de todos los
días
El viaje empezó en
Santa Tecla. Muy rápido, apareció
el microbús -tipo Coaster- de la 101-B,
luego de "serpentear" entre otros
automóviles que recién
habían abandonado el congestionamiento.
La ruta fue la de siempre
El Diario de
Hoy
A
pocas cuadras, el motorista del microbús
detuvo en forma intempestiva la marcha frente al
Hospital San Rafael para subir pasajeros.
Así, el hombre había cometido la
primera infracción al parar en un lugar
no autorizado (la multa es de ¢300 por esa
violación al Reglamento).
Cuando el pasajero
recién había puesto el segundo pie
en las gradas del microbús, el motorista
aceleró y subió el volumen a la
radio... "/díganle que la quiero,
díganle que la adoro, que sin ella muero
en esta soledad... ¡ esooooooo!....".
(más ¢300 por la música
estridente). -"Sáquense las monedas, que
no llevo vuelto".
El viaje tuvo el mismo ritmo
hasta la Basílica de la Virgen de
Guadalupe, en donde las aguas se alborotaron,
pues, allí bajan de otros buses muchas
personas que vienen del occidente del
país hacia la capital.
El cobrador saltó del
microbús y comenzó a gritar
desesperado: "¡Al centro, al centro, a
peso...!". (más ¢100 por llamar a
gritos a los pasajeros).
Y justo en el momento en que
varias personas caminaban en dirección
del microbús, un policía le
ordenó al motorista que siguiera la ruta.
-"Si no nos hubiera sacado ese jura, la
hubiéramos hecho compadre",
replicó después el
cobrador.
Otras
gracias
Ya sobre la Alameda "Manuel
Enrique Araujo", justo frente al Canal 4, el
microbusero se detuvo por unos segundos, debido
al cambio de luces del semáforo.
Un policía que estaba
vigilando el tráfico examinó el
microbús de arriba hacia abajo y de un
lado a otro. Como expiando alguna culpa, el
motorista lo saludó amablemente: -"Buenos
días señor agente.
Adiós...". A los pocos metros, el
microbusero suelta la burla y el pecado: -"Viste
cómo se clavó porque andamos con
placas particulares. Pobrecito, tiene cara de
angustia, ja, ja, ja...". (otros ¢500 por
no tener la autorización).
Inmediatamente,
interrumpió el chiste y volvió a
la seriedad del trabajo: "Ponete abusado mono,
que allí están los zopes (se
refería a decenas de estudiantes de un
colegio, que visten uniformes color azul
oscuro)".
Como no había
policías, se "echó" (estacionarse)
por más de cinco minutos, mientras las
clientes subían al microbús.
(¢100 colones por detenerse más del
tiempo necesario).
"Tengo que llegar temprano a
la casa", le gritó entre bromas un joven
pasajero. El conductor hizo un ademán de
desprecio y reanudó la marcha lentamente,
como quien hacia lo que quería. A menos
de una cuadra, en frente de hotel Alameda, se
detuvo de nuevo para subir a otra pasajera
(más ¢ 300 por parar en lugares no
autorizados).
El final
La angustia apareció
cuando la luz del semáforo cambió
a verde. El hombre aceleró e hizo un
rápido cambio de velocidades, mientras
otro microbús le intentaba sobrepasar.
-"Con todo compadre, con todo....". (¢500
por disputarse la vía).
Apresurado, el viaje
terminó en la Calle Rubén
Darío. A esa hora, el motorista
había cometido tantas infracciones (ya le
debía ¢ 2,100 al Estado), como
vendedores se habían subido a la unidad.
"Siente que le tiemblan las piernas cuando sube
gradas, está pálido, no le dan
ganas de hacer nada, entonces usted
necesita...".