Lunes 19 de julio


Nostalgia escurridiza

La nostalgia se me escapa y cabalga por los angostos, tupidos y salvajes senderos verdes donde anidas. Senderos que me deslizan en el tobogán de sus bajadas lisas, interminables y esponjosas. No le impido que se vaya, ni que regrese. Es una ola invisible que te mece en mi pesebre.

Por Enriques Contreras

Cuando vuelve, finjo que duermo en alguno de los muebles de la sala, de los cuartos o en el mueble frío y plano de los pisos. Donde sea que me encuentre parafraseando a tus primaveras que me niegan la mirada. Donde sea que me encuentre, me suspende entre su aire endulzado, el aire exquisito de tu cuerpo transpirando.

Por eso la espero acostado en las orillas de arenas blancas y grises, como quien desea que el oleaje le atibie la piel helada.

Cree que, cuando llega, no siento sus pasos de agua goteando; cree que estoy adormecido cuando posa tus pajarillos sobre mi espalda, robados de las cuevas donde creces y envejeces. Ellos, aunque parecen a gusto conmigo, regresan por la mañana con su dueña, como mi nostalgia se va de ti y me regresa por la noche, dejándote exhausta en tus cuevas, arropada entre las fauces de sus dientes insatisfechos.

Por ello, vete, vete nostalgia, vete. Tu lugar no es conmigo. Vete no hay peligro. Deslízate como yo, con mi cuerpo jamás he podido. Huye de mí, llévale mi frío y frótalo en las madejas de su cabello espeso.

Róbale los suspiros, tráelos contigo y lánzalos al vacío, para que mi ansia los captue entre su nudo serpentino, para que mis abrazos los tejan y les roben el oxígeno blanco de sus almas.

Nostalgia. No vuelvas con las manos vacías. No querré, entonces, levantarme, y haré como que no te he oído entrar, no escucharé tampoco pajarillos y dormiré como lo hacen todos.

Entonces cerraré la puerta y morirás frente a su cerrojo, frente a su madera carcomida por el salitre.

Nostalgia. Has vuelto. Traes contigo un saquito inquieto que salta mientras lo cargas en tu nebulosa envoltura voladora. Tus pasos no son los mismos pasos callados de cuando lanzas avecillas sobre mi silueta volteada.

Pero no dejaré de fingir que no te siento, te haré pensar que no te veo, que no escucho el aterrizaje de tu vuelo. Como chispa fugaz, salta sobre mí una fascinación de olores tiernos.

Con los ojos entre abiertos, alcanzo a ver que a mi lado, la nostalgia mía deja caer el saquito vacío, ya sin movimiento, liberado y sin el rehén que traía en su interior.

Vete nostalgia. Encierra a tu presa en la selva de mis deslices. Prefiero que la traigas como lo haces. A sorbos. Su presencia entera ante mí puede matarte. Puedo quedar entrampado en los senderos delineados con sus vellos. Vete, pero, antes de que partas, déjame arrancarle a ella el follaje con el que oculta su mirada.

Ahora vete, vete a escudriñarla de nuevo y vuelve con otro sorbo. Zoom Out.


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