Nostalgia
escurridiza
La nostalgia se me escapa
y cabalga por los angostos, tupidos y salvajes
senderos verdes donde anidas. Senderos que me
deslizan en el tobogán de sus bajadas
lisas, interminables y esponjosas. No le impido
que se vaya, ni que regrese. Es una ola
invisible que te mece en mi pesebre.
Por Enriques
Contreras
Cuando
vuelve, finjo que duermo en alguno de los
muebles de la sala, de los cuartos o en el
mueble frío y plano de los pisos. Donde
sea que me encuentre parafraseando a tus
primaveras que me niegan la mirada. Donde sea
que me encuentre, me suspende entre su aire
endulzado, el aire exquisito de tu cuerpo
transpirando.
Por eso la espero acostado en
las orillas de arenas blancas y grises, como
quien desea que el oleaje le atibie la piel
helada.
Cree que, cuando llega, no
siento sus pasos de agua goteando; cree que
estoy adormecido cuando posa tus pajarillos
sobre mi espalda, robados de las cuevas donde
creces y envejeces. Ellos, aunque parecen a
gusto conmigo, regresan por la mañana con
su dueña, como mi nostalgia se va de ti y
me regresa por la noche, dejándote
exhausta en tus cuevas, arropada entre las
fauces de sus dientes insatisfechos.
Por ello, vete, vete
nostalgia, vete. Tu lugar no es conmigo. Vete no
hay peligro. Deslízate como yo, con mi
cuerpo jamás he podido. Huye de
mí, llévale mi frío y
frótalo en las madejas de su cabello
espeso.
Róbale los suspiros,
tráelos contigo y lánzalos al
vacío, para que mi ansia los captue entre
su nudo serpentino, para que mis abrazos los
tejan y les roben el oxígeno blanco de
sus almas.
Nostalgia. No vuelvas con las
manos vacías. No querré, entonces,
levantarme, y haré como que no te he
oído entrar, no escucharé tampoco
pajarillos y dormiré como lo hacen todos.
Entonces cerraré la
puerta y morirás frente a su cerrojo,
frente a su madera carcomida por el
salitre.
Nostalgia. Has vuelto. Traes
contigo un saquito inquieto que salta mientras
lo cargas en tu nebulosa envoltura voladora. Tus
pasos no son los mismos pasos callados de cuando
lanzas avecillas sobre mi silueta volteada.
Pero no dejaré de
fingir que no te siento, te haré pensar
que no te veo, que no escucho el aterrizaje de
tu vuelo. Como chispa fugaz, salta sobre
mí una fascinación de olores
tiernos.
Con los ojos entre abiertos,
alcanzo a ver que a mi lado, la nostalgia
mía deja caer el saquito vacío, ya
sin movimiento, liberado y sin el rehén
que traía en su interior.
Vete nostalgia. Encierra a tu
presa en la selva de mis deslices. Prefiero que
la traigas como lo haces. A sorbos. Su presencia
entera ante mí puede matarte. Puedo
quedar entrampado en los senderos delineados con
sus vellos. Vete, pero, antes de que partas,
déjame arrancarle a ella el follaje con
el que oculta su mirada.
Ahora vete, vete a
escudriñarla de nuevo y vuelve con otro
sorbo. Zoom Out.