El
Salvador en perspectiva
"La argolla" es la
heredera de "Los catorce"
Mario
Rosenthal
Email: mrelsalv@cyt.net
A fines de los años
50, cuando los militares todavía mandaban
en El Salvador, se le ocurrió al
corresponsal de la revista TIME dedicar al
país un artículo de los que
aparecían a grandes intervalos, nunca
más de una vez al año, esbozando
lo poco de interés continental que pasaba
en el país, y escribió que "El
Salvador era la propiedad de catorce familias
que gobernaban al país en sociedad con el
ejército". La cifra "catorce" era
metafórica por falta de un censo exacto y
se supone que el número se basaba en que
asignaba como feudo uno de los catorce
departamentos, a cada una de las catorce
familias imaginarias. En realidad no estaba tan
lejos de la verdad porque una o dos familias
dominaban la exportación de café,
las finanzas y el comercio de cada departamento.
Los pocos bancos del
país existían para financiar,
año tras año, las cosechas de
café y muy poco más, ya que no
había créditos para la industria
ni el comercio. Estas operaciones
consumían casi la totalidad de la
disponibilidad de los bancos, y los grandes
exportadores y cafetaleros, al liquidar sus
créditos de avío, acostumbraban
dejar los dólares restantes en los
Estados Unidos.
Así nació la
leyenda de "las catorce familias" que mandaban
en El Salvador, la cual se fue olvidando con el
paso de los años y los cambios
políticos y económicos que
transcurrieron. Pero la realidad que expresaba
"los catorce" no ha perdido vigencia, con la
diferencia que hoy se habla de "la argolla" en
vez de "los catorce", y que el Ejército
no juega ningún papel.
Claro que "la argolla" es una
metáfora también, y no podemos
ofrecer pruebas concretas de su existencia ni la
lista de los que la componen. Sin embargo, al
igual que los astrónomos saben de la
existencia de planetas que no se pueden ver, por
la influencia de su gravedad sobre otros cuerpos
celestiales, se puede deducir la existencia de
"la argolla" por eventos curiosos que suceden en
nuestro sistema económico. La prueba
más contundente de la existencia de una
fuerza económica invisible pero unida,
que influye enormemente en la vida nacional, es
el hecho que cinco bancos del sistema nacional
(Cuscatlán, BCR, Salvadoreño,
Desarrollo e Hipotecario), hicieron un negocio
ruinoso al prestar casi dos mil millones de
colones, ahora incobrables, a CREDISA, cediendo
a presiones del público ahorrante y
ahora, con sobrada razón, piden que el
Banco Central de Reserva, uno de los acreedores
inafortunados, haga un préstamo con
fondos del público a CREDISA, con la
garantía de los mismos créditos
incobrables, de alrededor de dos mil millones de
colones, para que los cinco bancos no sufran por
haber accedido a lo pedido por la
administración anterior. Según
declaraciones del presidente del BCR, el banco
del Estado está dispuesto a prestarle a
CREDISA únicamente ¢1,290 millones,
al 1% anual por dos años, que no cubre
los ¢1,949 millones prestados a instancias
del gobierno, esperando que bienes rescatados
del fracaso bancario cubran lo
descubierto.
Esto es un hecho tan
irregular que sólo puede ocurrir en El
Salvador u otro país con un sistema
financiero controlado por pocas manos. La
creencia de que el gobierno tiene
obligación de salvar a las instituciones
mal manejadas y a quienes invierten mal por
codicia, se ha limitado a problemas de bancos y
fue el remedio provisional en la
reprivatización del sistema bancario.
Posiblemente sea necesario, en el caso de
CREDISA, para evitar el colapso total del
sistema bancario, aceptar las condiciones, algo
precarias, que propone el BCR.
En ese caso habría que
aceptar la realidad, aunque a lo largo
pagaría el pueblo, para prevenir
consecuencias peores, pero en honor a la famosa
"transparencia" que por boca del presidente
Flores nos ha ofrecido ARENA y para evitar que
vuelva a ocurrir, se deben dar a conocer los
detalles escondidos de este singular
hecho.