Lunes 19 de julio


Comentando

¿Que veinte años no son nada…?

Por Juan José Dalton

Este 19 de julio se cumplen 20 años del triunfo de la Revolución Sandinista, que derrocó a la oprobiosa dictadura de los Somoza. Aquello entusiasmó a toda la izquierda; fue como una inyección de esperanza. Un grupo de jóvenes líderes, revolucionarios y liberales, había destruido los cimientos de un régimen corrupto y represivo. Somoza dejó de ser, incluso para los "imperialistas yanquis", aquel "hijo de perra, pero nuestro hijo de perra".

Nunca he leído acerca de la participación que tuvieron los salvadoreños en la gesta, pero recuerdo que las Fuerzas Populares de Liberación (FPL) envió un contingente que salió de Cuba al mando de José Roberto Sibrián, "Martín". En los montes nicaragüenses murieron dos guerrilleros del batallón "Farabundo Martí", cuyos nombres nunca supe. Recuerdo al Chino Girón, un estudiante de medicina e hijo de un ex militar, quien estuvo en aquel batallón; a su regreso al país murió en la zona de la Montañona, en Chalatenango, que guarda en el silencio injusto los restos de cientos de guerrilleros.

La Resistencia Nacional (RN), por otra parte, donó a los sandinistas un monto no determinado de dólares de los fondos que tenían de los "secuestros" que financiaron parte de la "guerra revolucionaria". El PRTC tuvo en Nicaragua varios combatientes de El Salvador, Honduras, Costa Rica y Guatemala. El mismo día del triunfo se nubló de tristeza con la muerte de Manuel Federico Castillo en un lamentable accidente en el trayecto de la triunfante caravana hacia Managua; era el hijo del ex rector de la UES, Fabio Castillo.

Veinte años de distancia que, como decía Gardel, "no son nada", pero las cosas han cambiado demasiado y los comandantes revolucionarios de Centroamérica, escuálidos ayer, parecen ahora -salvo honrosas excepciones- "semitas altas", para tratarlos con cariño.

Tal parece que la historia regional confirma su síndrome del carrusel y no de la dialéctica (que quiere decir desarrollo), cuando observamos que los "liberales" se convirtieron en "conservadores"; líderes populares se vuelven ridículas caricaturas de caudillos populistas.

Daniel Ortega, por ejemplo, se mantiene a toda costa en el liderazgo de su partido pese al rechazo de muchos sectores que lo acusan de no permitir el relevo. Su hermano, Humberto, quien lo asesora, es hoy el "hombre fuerte". El ejército que construyó tiene negocios internos y externos, y hasta un banco. Esto sin contar el cúmulo inmoral de la famosa "piñata".

Veamos la metamorfosis sandinista, según la periodista argentina Gabriel Selser (hija de Gregorio Selser, autor de la obra histórica "Sandino, el pequeño ejército loco": Tomás Borge y Bayardo Arce administran, cada uno, un hotel (Casa Verde y Las Mercedes, respectivamente); Víctor Tirado, Henry Ruiz y Luis Carrión, no aparecen mucho en público y Jaime Wheelock se fue becado a los Estados Unidos y recién escribió un exitoso libro de recetas de comidas nicaragüenses.

A su ex vicepresidente, Sergio Ramírez -líder de la renovación sandinista-, Daniel Ortega lo califica de "traidor". Ramírez no se quedó callado y dijo de su antiguo jefe: "El gran problema de Ortega, pese a su dedicación a la causa, es que él sigue pensando en términos primitivos, como cuando tenía 17 años, con ideas marxistas que no terminó de elaborar y respondiendo a fantasmas ideológicos que ya no existen".

Un poco más, pero quizás esperanzador en medio del nubarrón: "El sandinismo volverá al poder en Nicaragua, pero será un sandinismo nuevo, moderno, democrático y capaz de ofrecer una alternativa real, frente a la actual dirigencia a la que yo no le veo una segunda oportunidad sobre la tierra", sentenció Ramírez, autor de, entre otras obras, de la novela "Castigo Divino".


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