La Nota del
Día
18 de julio de
1999
No olvidemos la
Historia
El Canal 2 transmitió
el sábado un programa sobre los sucesos
que llevaron al colapso del Muro de
Berlín en 1989 -hace diez años-,
una fecha estelar en la historia de la libertad.
El muro, o "Telón de Acero",
dividía las dos Alemanias y dos mundos:
el capitalista, lleno de esplendor; y el
socialista, caracterizado por la
represión policial, las penurias
materiales y la desesperanza.
Desde el levantamiento obrero
en los astilleros polacos de Dantzig a inicios
de la década de los ochenta, se gestaba
un estallido popular en todo el bloque
soviético, repetición de las
previas revueltas en Hungría y
Checoslovaquia. La falta de libertades, la
presencia permanente de la policía en la
vida de la gente, la prohibición de
viajar, el creciente deterioro de las ciudades,
la escasez y los racionamientos, pesaban en el
ánimo y los cuerpos. A lo anterior se
sumaban los apabullantes contrastes entre la
vida occidental y la oriental; pese al alto
nivel de censura, la verdad se abría
paso.
El Muro era mucho más
que una pared. A lo largo de miles de
kilómetros, prácticamente desde el
Artico hasta el desierto cercano al Mar Caspio,
una inexpugnable barrera de alambradas, torres
de vigilancia, guardas armados, feroces perros,
sensores electrónicos y campos minados,
separaba los dos mundos. Muy pocos lograban
cruzarla, pues la mayoría de quienes lo
intentaban, murió ametrallada o
despedazada por explosivos. En los pocos pasos
habilitados, como en la carretera que va de
Berlín a Potsdam, que personalmente
recorrimos en una ocasión, a los viajeros
se les obligaba a pasar sus vehículos
sobre espejos para ver si nada se llevaba
debajo; a someterse a registros exhaustivos, a
presentar una plena documentación, a
esperar mientras se buscaba su nombre en largos
listados. Esto a la ida y al regreso de un paseo
de diez horas, como el que hicimos para visitar
el palacio de Federico II el Grande.
El ansia de libertad
derribó el Muro
La chispa del levantamiento
fue la posibilidad de viajar de la Alemania
socialista a Checoslovaquia y Hungría,
donde el consulado alemán concedía
a los alemanes que lo pidieran, una visa para
entrar a Alemania Occidental. En cuestión
de días, varios miles de alemanes
habían escapado gracias a un relajamiento
en las restricciones dispuesto por los gobiernos
también socialistas de Checoslovaquia y
Hungría; además, una masa enorme
de pobladores del bloque soviético se
refugió en las embajadas occidentales de
Praga y Budapest.
Estos hechos impactaron
enormemente a los alemanes "orientales": en cosa
de horas, se escenificaron marchas y
mítines, que de inmediato forzaron al
régimen comunista a reprimirlos. Las
marchas chocaban contra vallas de
policías; las reuniones en plazas eran
disueltas a garrotazo limpio. En coincidencia,
el premier soviético Mikhail Gorbachev
llega de visita a Berlín, donde es
recibido por su homólogo Honecker. Al
final de la reunión, se sabe que
Gorbachev advirtió a Erich Honecker que
el Ejército Rojo no intervendría
en la Alemania socialista para defender al
régimen; Honecker, por su parte, promete
"reforzar la ideología marxista" para
enfrentar el vendaval. Pero en cosa de
días es purgado del puesto, para terminar
pidiendo y obteniendo asilo al gobierno chileno,
bajo Pinochet.
Las manifestaciones iban en
aumento, hasta que un millón de alemanes
se reunieron en las plazas de Berlín
socialista para reclamar el derecho a la
libertad de expresión y a salir del
territorio. El régimen levanta las
restricciones para visitar Alemania Occidental
en viajes menores de un mes. En forma
simultánea, grandes manifestaciones en
apoyo de sus hermanos del Este se montan al otro
lado del Muro. Perdido el temor a los
francotiradores del régimen comunista,
los alemanes occidentales suben al Muro y los
insultan. Las barreras comienzan a caer y los
alemanes "orientales" pasan por encima de las
alambradas y llegan hasta el mismo muro, hasta
que una noche, el 9 de noviembre de 1989,
colapsa.