Un
estribillo irresponsable
¡Es que
fíjese...!
Pedro
Roque*
Es espeluznante la facilidad
con que seis de cada diez personas, cuando se
cumple el tiempo de entrega de un trabajo o de
un encargo del cual se han responsabilizado, en
lugar del trabajo o el encargo terminado, tienen
una explicación convincente, para ellos,
de por qué no lo han hecho. Aquí
uno se da cuenta de que la imaginación no
tiene límites, pues las historias parecen
tan naturales que ellos mismos se las
creen.
Siempre que alguien, a mi
pregunta sobre el trabajo encomendado o sobre
algo a lo que él se ha comprometido
voluntariamente, responde empezando con el
estribillo: "Es que fíjese...", ya
sé que encontró alguna dificultad,
un pretexto personal o de otras personas, se le
olvidó o, incluso, no le dio la gana
hacerlo.
Lo peor es que tuvieron la
posibilidad de advertir las dificultades y no lo
hicieron. ¿Cuál es la razón
para esta conducta? ¿Cómo es que
esta gente no respeta los acuerdos?
¿Cómo es que muchas personas frente
a cosas sencillas, con las condiciones a su
favor y que sencillamente sólo
había que hacerlas, no las
hacen?
Por ejemplo, un gerente o un
supervisor que disponiendo de los recursos
necesarios para hacer él o hacer que se
hagan las cosas, que tiene un jefe a quien puede
preguntar y además cobra religiosamente
un sueldo mensual, cuando vence el tiempo
comprometido para un trabajo, sale con
argumentaciones como: Es que fíjese que
no he tenido tiempo, o es que fíjese que
la gente que tengo no es buena, o es que
fíjese que las condiciones no son las
óptimas, o es que fíjese que ya lo
he dicho tres veces pero no me hacen caso, o es
que fíjese que no tengo apoyo, o es que
fíjese que ha llovido mucho. O la promesa
vacía: es que fíjese que
aún no lo he podido hacer, pero le
prometo que es una de las cosas que tengo como
prioridad en mi agenda y en cuanto pueda, lo
haré. Todas, respuestas irresponsables y
faltas de compromiso real.
¿Qué hay
detrás de estas conductas? En primer
lugar creo que se debe a que como es un
comportamiento generalizado y adoptado por la
mayoría de las personas, éstas
aceptan que también lo hagan con ellas. Y
como esto sucede en la casa, la vecindad y las
empresas, para mucha gente resulta normal, y
aquí, la verdad, es que no hay mucha
diferencia entre la empresa privada y la
administración pública. La
situación que se da en algunas oficinas
del Estado de "vuelva mañana", es la
misma del vendedor de la empresa privada
explicando a los clientes las razones por las
cuales no le van a entregar el pedido a tiempo.
Y lo cierto es que tanto el ciudadano como el
cliente, cuando llega este momento, van
preparados para recibir esa respuesta y,
frecuentemente, suponiéndola, hasta ya
tienen una alternativa y aceptan pacientemente
las explicaciones y la ineptitud.
Otra razón es que las
personas que funcionan y sobreviven de esta
forma, se acostumbraron a hacerse cargo de las
cosas sin pensar ni medir aquello de lo que se
hacen cargo y sucede que, o bien infravaloran el
esfuerzo necesario para hacerlo o suponen que
ellos serán capaces de hacerlo en el
tiempo que se comprometen, pero a la hora de la
verdad se dan cuenta de que las cosas son de
otra forma y en vez de buscar la alternativa
para cumplir con el plazo, empiezan a perder el
tiempo fraguando la historia que van a contar y
a listar las dificultades que dirán haber
encontrado y caen en un estado de
autocomplacencia de "se quiso, pero no
pudo".
Otras veces los retrasos se
dan porque se deja el trabajo para más
adelante, iniciándolo demasiado tarde
cuando físicamente ya no hay tiempo para
hacerlo.
La cuarta razón, para
mí la más grave, es la de los
gerentes, supervisores o empleados que saben muy
bien de qué se trata el trabajo, lo saben
hacer, saben de los esfuerzos necesarios y
cuentan con los recursos para hacerlo, pero
cuando se les explica lo que uno quiere, dicen
verbalmente que sí, aunque en su interior
están diciéndose que no y
convenciéndose a sí mismos que no
lo harán, y al final, se las arreglan
para no hacerlo. Son los que no se atreven a
expresar con sinceridad y valentía su
desacuerdo. Son personas que se han perdido el
respeto a sí mismas, se lo han perdido a
las personas que trabajan con y para ellas, a
sus jefes y a su compromiso con la empresa, y
como contrapartida, también han perdido
el respeto de todas ellas.
Si además coincide con
que son autoritarios e indisciplinados, la gente
hace las cosas que mandan por evitar
confrontaciones, pero las hacen con dejadez, de
mala gana y, naturalmente, con una calidad muy
por debajo del estándar alcanzable. Yo
creo que esta es la peor condición en la
que puede caer un director, gerente, jefe,
supervisor o empleado en el desempeño de
su trabajo, y que a veces, desgraciadamente
también proyectan esta situación
en su propia casa y de ahí muchos
desórdenes familiares.
¿Cómo puede uno
comprobar cuál es su desempeño
profesional en este aspecto? Muy sencillo.
Pregúntese en el preciso momento de
recibir su salario: ¿Este dinero, me lo he
ganado? ¿Qué cosas significativas he
hecho este mes que me hagan merecedor de este
sueldo? ¿Tengo razones demostrables para
sentirme orgulloso por este dinero? Si su
conclusión es que "SI", sea valiente y
hable con su jefe para hacerle ver su
valía. Si su conclusión es que
"NO", hable también con su jefe y
dígale honradamente que a usted el puesto
no le gusta y que lo cambie.
Y si el caso es que no le
gusta ni su trabajo ni la empresa ni su jefe,
también vaya donde él y
póngale su renuncia y busque otro trabajo
o monte un negocio propio, donde usted sea el
que mande. Pero si cree que estas alternativas
no son buenas para usted y decide seguir en su
trabajo, mi recomendación urgente es que
haga lo siguiente: "Póngase las pilas,
enróllese las mangas, líese la
manta a la cabeza y empiece a recuperar el
mando, a poner en orden sus propias cosas y las
cosas con las personas que trabajan con y para
usted. Revise su agenda y empiece a hacer una
por una todas las cosas que tiene atrasadas,
olvídese de inventar y aceptar excusas y
ya verá cómo usted mismo, la gente
que trabaja para usted y sus jefes
percibirán el cambio; se sentirá
más satisfecho de lo que hace y merecedor
del sueldo que religiosamente cobra todos los
meses. Los miembros de su familia, que
serán los primeros en darse cuenta, lo
admirarán más y será un
mejor ejemplo para sus hijos.
En el desarrollo de mi
trabajo he sido testigo, y muchas veces
impulsor, de cambios como el que le recomiendo.
Sólo es cuestión de
decisión y empezar hoy mismo a
hacerlo.
De todos modos... si su jefe
ha leído este artículo,
posiblemente empiece a caer en la cuenta sobre
su conducta a partir de este momento. Si es por
lo positivo, ojalá que lo llame y le
reconozca su trabajo; si es por lo negativo,
seguramente empezará a observarlo, la
explicará pronto su situación y
esperará cambios en los próximos
días. Yo le recomiendo que mejor se
adelante.
Trabajar con seriedad y
responsabilidad es lo que distingue a unas
personas de otras, a unas empresas de otras, a
unas oficinas de la administración
pública de otras, a unos ministerios de
otros, e incluso, a unos países de
otros.
El Salvador necesita muchos
cambios en esta dirección.
Conviértase usted en protagonista y a
partir de este momento ni ponga ni acepte
excusas ni use ni permita el uso de este
estribillo irresponsable y tan malsonante de:
¡Es que fíjese...!
* Columnista de El Diario
de Hoy.