El
Salvador en perspectiva
El precio de la
libertad
Mario
Rosenthal
E-mail mrelsalv@cyt.net
El hombre está sujeto
a las leyes materiales que son inmutables, como
la de la gravedad y otras de la Física,
pero también está condicionado en
grado mayor o menor, según su desarrollo
social, a obedecer las leyes escritas contenidas
en todos los códigos fabricados para
sostener la estructura social a través de
los milenios. Lejos de ser inmutables, estas
"leyes" son cambiables al antojo de los que las
dictan, generalmente a su favor, y se pueden
obedecer o desobedecer a opción del
individuo.
Una intersección donde
se prohíbe cruzar a la izquierda es el
ejemplo perfecto de la simultaneidad de las
leyes escritas y las leyes materiales. El
rótulo de no cruzar y la línea
pintada en el pavimento es la expresión
de la ley escrita, los supersapos que impiden
materialmente cruzar, representan la ley
física, inmutable. Las leyes de la
física se encargan de mantener en vigor
las leyes materiales, pero no hay fuerza alguna
conocida que pueda limitar la libertad del
hombre y obligarlo a obedecer las leyes
escritas, sin la intervención de
algún elemento material.
El problema es que las leyes
sobre las cuales nuestra sociedad está
fundada son como las líneas pintadas
sobre las calles, cuando lo que se necesita son
leyes fuertes, difíciles de irrespetar,
con sanciones severas si no se cumplen. Los
salvadoreños están pagando el
precio del abuso de la libertad, con la
complicidad de las autoridades. Por ejemplo: la
Superintendencia del Sistema Financiero basa su
evaluación de los bancos e instituciones
comerciales en los estados que le presentan,
estados que las mismas instituciones preparan y
que son garantizados por la firma de un auditor
público.
Pero esos balances, como se
ha visto en repetidas ocasiones, muchas veces no
reflejan la realidad, porque el auditor
público certificado no tiene ninguna
responsabilidad legal al convertir un papel en
monedita de oro. La Asamblea Legislativa
(suponemos, guardando sus espaldas) rehusa
aprobar un reglamento, que tiene varios
años de estar engavetado, el cual
establece la responsabilidad legal de los
auditores y convierte en delito falsificar un
balance. De haber existido este reglamento, se
podría haber evitado el último
escándalo de CREDICLUB, el engorroso
problema de CREDISA, que afecta a todo el
sistema bancario, y las cuantiosas estafas de
INSEPRO-FINSEPRO, FOMIEXPORT y otras. La
Superintendencia, llamada a proteger al
público, no actuó a tiempo por
basar sus evaluaciones en balances que no
reflejaban la realidad de esas instituciones.
En otras palabras, no se
echó llave a la caja fuerte hasta que
estaba vacía. Este es el precio de la
libertad que los atrevidos saben aprovechar en
el campo financiero. Aplicar la máxima
pena al mal uso de la poderosa firma y sello
mágico del auditor público
certificado, es el supersapo que se necesita
para coartar el abuso de la libertad de que
gozan financieros, banqueros e inversionistas en
perjuicio del público. Pero no
sólo en el campo de las financieras se
necesitan supersapos legales ,como el lector
bien sabe, sino en todos los ámbitos de
la vida nacional.
Así como la
educación aparta al individuo preparado
del ignorante y le abre el camino hacia el
éxito, el grado de educación
general que logra un país, lo aparta de
aquellos países que fracasarán y
lo coloca entre los que triunfarán en el
nuevo mundo globalizado dominado por la
tecnología. Los efectos de la carrera
vertiginosa hacia el mundo globalizado ya se
están sintiendo en el país con el
retiro de industrias y el cierre de
fábricas. El tiempo apremia, el abuso de
la libertad ya está cobrando su precio y
la situación clama por medidas
inmediatas.