Lunes 12 de julio


El Salvador en perspectiva

El precio de la libertad

Mario Rosenthal

E-mail mrelsalv@cyt.net

El hombre está sujeto a las leyes materiales que son inmutables, como la de la gravedad y otras de la Física, pero también está condicionado en grado mayor o menor, según su desarrollo social, a obedecer las leyes escritas contenidas en todos los códigos fabricados para sostener la estructura social a través de los milenios. Lejos de ser inmutables, estas "leyes" son cambiables al antojo de los que las dictan, generalmente a su favor, y se pueden obedecer o desobedecer a opción del individuo.

Una intersección donde se prohíbe cruzar a la izquierda es el ejemplo perfecto de la simultaneidad de las leyes escritas y las leyes materiales. El rótulo de no cruzar y la línea pintada en el pavimento es la expresión de la ley escrita, los supersapos que impiden materialmente cruzar, representan la ley física, inmutable. Las leyes de la física se encargan de mantener en vigor las leyes materiales, pero no hay fuerza alguna conocida que pueda limitar la libertad del hombre y obligarlo a obedecer las leyes escritas, sin la intervención de algún elemento material.

El problema es que las leyes sobre las cuales nuestra sociedad está fundada son como las líneas pintadas sobre las calles, cuando lo que se necesita son leyes fuertes, difíciles de irrespetar, con sanciones severas si no se cumplen. Los salvadoreños están pagando el precio del abuso de la libertad, con la complicidad de las autoridades. Por ejemplo: la Superintendencia del Sistema Financiero basa su evaluación de los bancos e instituciones comerciales en los estados que le presentan, estados que las mismas instituciones preparan y que son garantizados por la firma de un auditor público.

Pero esos balances, como se ha visto en repetidas ocasiones, muchas veces no reflejan la realidad, porque el auditor público certificado no tiene ninguna responsabilidad legal al convertir un papel en monedita de oro. La Asamblea Legislativa (suponemos, guardando sus espaldas) rehusa aprobar un reglamento, que tiene varios años de estar engavetado, el cual establece la responsabilidad legal de los auditores y convierte en delito falsificar un balance. De haber existido este reglamento, se podría haber evitado el último escándalo de CREDICLUB, el engorroso problema de CREDISA, que afecta a todo el sistema bancario, y las cuantiosas estafas de INSEPRO-FINSEPRO, FOMIEXPORT y otras. La Superintendencia, llamada a proteger al público, no actuó a tiempo por basar sus evaluaciones en balances que no reflejaban la realidad de esas instituciones.

En otras palabras, no se echó llave a la caja fuerte hasta que estaba vacía. Este es el precio de la libertad que los atrevidos saben aprovechar en el campo financiero. Aplicar la máxima pena al mal uso de la poderosa firma y sello mágico del auditor público certificado, es el supersapo que se necesita para coartar el abuso de la libertad de que gozan financieros, banqueros e inversionistas en perjuicio del público. Pero no sólo en el campo de las financieras se necesitan supersapos legales ,como el lector bien sabe, sino en todos los ámbitos de la vida nacional.

Así como la educación aparta al individuo preparado del ignorante y le abre el camino hacia el éxito, el grado de educación general que logra un país, lo aparta de aquellos países que fracasarán y lo coloca entre los que triunfarán en el nuevo mundo globalizado dominado por la tecnología. Los efectos de la carrera vertiginosa hacia el mundo globalizado ya se están sintiendo en el país con el retiro de industrias y el cierre de fábricas. El tiempo apremia, el abuso de la libertad ya está cobrando su precio y la situación clama por medidas inmediatas.


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