Lunes 12 de julio


La Nota del Día
 

No tienen fábricas pero sí "marcas"

Nuestras leyes no deben amparar una mafia hondureña que se dedica a registrar como propias, marcas ajenas

l régimen de la "propiedad intelectual" se ha convertido en un esquema para perpetrar chantajes, desvalijando empresas que inocentemente usan nombres comunes, o que no tienen registrados aquí, en El Salvador, marcas de fábrica o productos. La ley que ampara la "propiedad intelectual" sufre de vacíos e imprecisiones que facilitan al deshonesto sacar dinero, sin mediar ningún esfuerzo o creatividad de su parte.

El concepto "propiedad intelectual" evoca imágenes de inventos y tecnologías elaboradas a través de gran esfuerzo personal o empresarial, de sofisticados programas de computación, de importantes creaciones artísticas y literarias. Pero muy poco de eso ocurre, fuera del derecho que ampara a grabaciones musicales; la mayoría de demandas deriva del uso de expresiones genéricas (para el caso la de "guía médica", que fue el punto de partida en un intento de atropello a este periódico), y de marcas conocidas y registradas en otros países que, sin embargo, no lo estaban en el nuestro y que fueron usurpadas.

Adelantándose a la apertura de fronteras comerciales, grupos de sujetos -en particular una mafia hondureña- se adelantaron a registrar marcas de productos estadounidenses, japoneses, brasileños, argentinos, franceses, alemanes, españoles, etc. Tomaremos el caso hipotético de la marca de automóviles Rolls Royce: alguien acude al Registro y asienta el nombre como suyo, ya que hasta hace muy poco, era difícil establecer si se trataba de nombres famosos.

Cuando más tarde la Rolls Royce quiere establecer su sede, descubre que la marca no es suya, sino de un sujeto o firma que la cede a cambio de cuantiosas sumas de dinero. Estos dueños de "propiedad intelectual" no tienen fábricas, talleres, establecimientos, imprentas, edificios, comercios ni estructura u organización que haga nada de nada. Lo que ampara su derecho es un papel emitido por una oficina burocrática. En ocasiones, agentes o importadores de productos, e inclusive concesionarios, registran como suya la marca de sus representados, con lo que quedan en la posibilidad de perpetuar un arreglo, o extorsionar cuando la relación se corta.

Primero atropellan y luego preguntan

Un caso ilustrativo fue el de los programas computacionales. Las licencias para su uso son extendidas por el autor de estos, pero acá se quiso reconocer sólo a las licencias vendidas por el representante local de empresas de "software", por lo que usuarios en posesión de licencias obtenidas en otros países, habrían sido forzados a comprarlas de nuevo. La Fiscalía anunció que procedería a auditar a empresas salvadoreñas para establecer si tenían derecho al uso de los programas en su poder, pero el asunto se detuvo al descubrirse la maquinación.

El tema y las leyes de "propiedad intelectual" estaban en proceso de revisión, sobre todo para ir limpiando el Registro de nombres y marcas que son genéricos (como puede ser "agua pura" o "dulce de leche"), o que son marcas famosas y antiguas en países socios económicos de El Salvador, como cuando alguien registra el nombre de la cadena de tiendas "Takashimaya". Nuestras leyes no deben amparar una mafia hondureña que se dedica a registrar como propias, marcas ajenas.

Asimismo, hay que sacar la ley del ámbito penal, pues a partir del momento en que fue promulgada, hubo varios procesos cuando estafadores y en connivencia con fiscales y jueces, montaron persecuciones legales contra personas honestas. En días pasados informamos sobre el caso de la imprenta Wilbott, a la que se intentó presionar con el cuento de que una de sus publicaciones violaba el derecho de propiedad de mejicanos. A la imprenta se apersonó una fiscal con la Policía, donde rompieron puertas y armarios, para decomisar unas pocas decenas de libros impresos. La idea era obligar a los directivos de la imprenta a "conciliar" con los mejicanos, que quedaban en posición de exigir lo que les venía en gana. Si la Fiscalía hubiera actuado de manera correcta, desde un inicio habría establecido que no existió nunca esa "propiedad intelectual".


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