La Nota del
Día
No tienen fábricas
pero sí "marcas"
Nuestras leyes no deben
amparar una mafia hondureña que se dedica
a registrar como propias, marcas
ajenas
l régimen de la
"propiedad intelectual" se ha convertido en un
esquema para perpetrar chantajes, desvalijando
empresas que inocentemente usan nombres comunes,
o que no tienen registrados aquí, en El
Salvador, marcas de fábrica o productos.
La ley que ampara la "propiedad intelectual"
sufre de vacíos e imprecisiones que
facilitan al deshonesto sacar dinero, sin mediar
ningún esfuerzo o creatividad de su
parte.
El concepto "propiedad
intelectual" evoca imágenes de inventos y
tecnologías elaboradas a través de
gran esfuerzo personal o empresarial, de
sofisticados programas de computación, de
importantes creaciones artísticas y
literarias. Pero muy poco de eso ocurre, fuera
del derecho que ampara a grabaciones musicales;
la mayoría de demandas deriva del uso de
expresiones genéricas (para el caso la de
"guía médica", que fue el punto de
partida en un intento de atropello a este
periódico), y de marcas conocidas y
registradas en otros países que, sin
embargo, no lo estaban en el nuestro y que
fueron usurpadas.
Adelantándose a la
apertura de fronteras comerciales, grupos de
sujetos -en particular una mafia
hondureña- se adelantaron a registrar
marcas de productos estadounidenses, japoneses,
brasileños, argentinos, franceses,
alemanes, españoles, etc. Tomaremos el
caso hipotético de la marca de
automóviles Rolls Royce: alguien acude al
Registro y asienta el nombre como suyo, ya que
hasta hace muy poco, era difícil
establecer si se trataba de nombres
famosos.
Cuando más tarde la
Rolls Royce quiere establecer su sede, descubre
que la marca no es suya, sino de un sujeto o
firma que la cede a cambio de cuantiosas sumas
de dinero. Estos dueños de "propiedad
intelectual" no tienen fábricas,
talleres, establecimientos, imprentas,
edificios, comercios ni estructura u
organización que haga nada de nada. Lo
que ampara su derecho es un papel emitido por
una oficina burocrática. En ocasiones,
agentes o importadores de productos, e inclusive
concesionarios, registran como suya la marca de
sus representados, con lo que quedan en la
posibilidad de perpetuar un arreglo, o
extorsionar cuando la relación se
corta.
Primero atropellan y luego
preguntan
Un caso ilustrativo fue el de
los programas computacionales. Las licencias
para su uso son extendidas por el autor de
estos, pero acá se quiso reconocer
sólo a las licencias vendidas por el
representante local de empresas de "software",
por lo que usuarios en posesión de
licencias obtenidas en otros países,
habrían sido forzados a comprarlas de
nuevo. La Fiscalía anunció que
procedería a auditar a empresas
salvadoreñas para establecer si
tenían derecho al uso de los programas en
su poder, pero el asunto se detuvo al
descubrirse la maquinación.
El tema y las leyes de
"propiedad intelectual" estaban en proceso de
revisión, sobre todo para ir limpiando el
Registro de nombres y marcas que son
genéricos (como puede ser "agua pura" o
"dulce de leche"), o que son marcas famosas y
antiguas en países socios
económicos de El Salvador, como cuando
alguien registra el nombre de la cadena de
tiendas "Takashimaya". Nuestras leyes no deben
amparar una mafia hondureña que se dedica
a registrar como propias, marcas
ajenas.
Asimismo, hay que sacar la
ley del ámbito penal, pues a partir del
momento en que fue promulgada, hubo varios
procesos cuando estafadores y en connivencia con
fiscales y jueces, montaron persecuciones
legales contra personas honestas. En días
pasados informamos sobre el caso de la imprenta
Wilbott, a la que se intentó presionar
con el cuento de que una de sus publicaciones
violaba el derecho de propiedad de mejicanos. A
la imprenta se apersonó una fiscal con la
Policía, donde rompieron puertas y
armarios, para decomisar unas pocas decenas de
libros impresos. La idea era obligar a los
directivos de la imprenta a "conciliar" con los
mejicanos, que quedaban en posición de
exigir lo que les venía en gana. Si la
Fiscalía hubiera actuado de manera
correcta, desde un inicio habría
establecido que no existió nunca esa
"propiedad intelectual".